Archivo de Octubre de 2013

Perdonar

Lunes, 21 de Octubre de 2013

Leo en el kiosko:

Esto es lo que Estrasburgo quiere perdonar.

Encima, una foto de un atentado; supongo, que el de la Plaza de la República Dominicana.

No, el TDH de Estrasburgo se va a pronunciar sobre una interpretación del TS español acerca de la aplicación de la legislación española. Perdonar es algo emotivo y solo pueden hacerlo los directamente concernidos. Iba a decir que, si no sabemos diferenciar eso, apaga y vámonos, pero tengo claro que hace tiempo que no tenemos luz.

Reabrir heridas

Domingo, 20 de Octubre de 2013

La familia quiso saber por qué le asesinaron y se puso en contacto con unos tíos que entonces vivían en Bayona (Francia). “Mi hermano mayor —Angel Mari tenía 26 años y es el padre de Jesús, el nieto adorado— tuvo una entrevista con gente de la organización en Francia. ¿Sabes lo que dijeron? Que nos olvidáramos, que estaba hecho, y ya está”. (El País, 20/10/13)

Rajoy: “Abrir heridas del pasado no conduce a nada” (El País, 2/09/09)

Hey, señor Lara

Martes, 15 de Octubre de 2013

El señor Lara pide que los ciudadanos respeten la cultura. Si lo hicieran, no comprarían su periódico y, aún más, no votarían al partido que el señor Lara promociona en su periódico. Todo no se puede tener. Es imposible tener una ciudadanía que valore una obra bien escrita, bien traducida y bien editada y, al mismo tiempo, que se trague lo que se está tragando.

El señor Lara culpa a la piratería de la reconversión industrial que está sufriendo su sector a causa de múltiples factores; el menor de ellos, la piratería. En este blog, he insistido mucho en el factor de la renta disponible. Hace unos días leíamos que “el sector editorial factura en 2012 un 10,9% menos que el año anterior y que “acumula ya cinco años de caída de las ventas”. Bueno, decíamos, lo mismo que lleva la crisis, 2008-2013. En esos cinco años, la participación de los asalariados en la Renta Nacional Bruta ha caído un 10,2%, 55.000 millones de euros. en esos años, el paro ha pasado del 8,7% al 26,2%. La renta disponible también ha caído por la subida del gasto cautivo, sanidad, educación, agua, gas, luz e impuestos, y el descenso o desaparición de cualquier tipo de ayuda. Podríamos añadir que pagamos los recibos más altos de Europa. El problema del señor Lara no es la piratería, sino la luz, el billete de tren o el copago.

Quizá Lara tiene razón y lo importante es la educación de la ciudadanía. Joaquín Rodríguez publicó hace días un artículo en el que relacionaba la lectura con la educación. Por ejemplo, decía, “entre los 16 y los 65 años un 66,6% de la población adulta española presenta serios problemas de comprensión lectora”. Y se preguntaba: ¿A alguien le puede extrañar que al 70% de la población no le interese la poesía completa de Borges por 8,95 ¤, que ni siquiera forme parte de su imaginario, que no quepa plantear su adquisición, por muy económica que sea, como una práctica coherente con el resto de sus usos? ¿A alguien le puede chocar que el gasto medio en el año 2011 en la compra de libros no de texto, en justa correlación, fuera de 22,2 ¤? Y, por último, ¿alguien cree que todo esto tiene que ver con la piratería y no con una deficiencia estructural aparentemente insalvable que nadie -ni administraciones públicas, ni gremios profesionales de la edición- se decide a tratar de manera estratégica y sostenida? El problema del señor Lara no es la piratería, sino todas las leyes que dificultan la expansión de la cultura; por ejemplo, la reciente ley Wert.

Pero la principal cuestión no es la renta, ni la educación, sino que se está produciendo una revolución socio-cultural. No es solo que Lara, como el resto de editores, intenten (intentemos en la ínfima parte que me toca) un producto del siglo XVI para ser disfrutado en un dispositivo del siglo XXI. Internet no es una parte del ocio, sino un cambio en todo; de la sociedad industrial, a la pertenece el grupo Planeta, a la sociedad digital, que se configura en redes. Pero es más fácil pensar que todo es problema de un grupo oscuro de facinerosos y pedir a ayuda pública escudándose en los autores, que reciben una muy pequeña parte de cada libro. Es lo que hizo la industria musical hace quince años. Y no ha desaparecido, pero sí ha cambiado.

No se puede, ya se dijo hace años, vencer y convencer.

Viernes, 11 de Octubre de 2013

Un individuo es su memoria. Es lo que puede recordar y cómo lo ordena. Es su calendario, extensivo e intensivo, los días que merecen ser recordados y las fechas que merecen ser festejadas. Es su cementerio de yoes, su altar y su panteón, todos los héroes y mártires que fue. Un conjunto de individuos que use la primera persona, también.

Eso es una nación, una comunidad de individuos que usa la primera persona para referirse a sí misma, que se reconoce en una serie de características. Hasta el siglo XX, raza, lengua o religión; homogeneidad que se conseguía con grandes dosis de violencia. Tras el siglo XX, predomina la construcción social, un conjunto de valores y normas, significados y fines compartidos que usa, entre otros elementos, la memoria.

Sostiene Jesús Casquete que la nación es una comunidad de memoria. El grupo necesita la representación periódica y ritualizada de una serie de prácticas sociales, figuras de un pasado compartido, y preservar de este modo su narrativa común. Mediante la evocación del pasado, a través de un fondo común de recuerdos, y gracias también a las interacciones sociales necesarias para delimitarlo y rememorarlo, la memoria contribuye al sentido de pertenencia, a la cohesión y a la identidad social; sentirse proveniente de orígenes comunes refuerza el sentido de pertenencia y la identidad colectiva (Montesperelli, citado por Casquete, como el resto de autores).

Es algo emocional que debe concretarse en la codificación del tiempo. Por ejemplo, a través del calendario, las fiestas de la memoria; el recuerdo de sus héroes y mártires; y, también, la concreción del espacio en el tiempo, los monumentos. Una nación necesita memoriales (acontecimientos trágicos), obeliscos (hitos fundacionales) y arcos (de la victoria).

Esa memoria posee características del hecho religioso. La nación, como dice Kantorowicz, es la heredera del corpus mysticum medieval, lo que provoca una transferencia de esquemas religiosos al ámbito político secular. Pese a la modernidad, sustitución de la raza o religión por la ley compartida, algunos de ellos permanecen; sobre todo, en las evocaciones del pasado. La Patria, como Dios, recibe el atributo de la preexistencia y de la eternidad, o de la personificación, la madre, ya sea en posición de maternidad o de piedad, con el hijo, el mártir, en sus brazos.

Todo lo anterior hace presente el mito y esa evocación a lo sagrado logra que el grupo se transforme en comunidad. Un mito, dice Eliade, relata algo acontecido al inicio de los tiempos; expresado hoy es una hierofanía, una manifestación de lo sagrado y pasa a ser verdad apodíctica, es decir, que fundamenta las verdades posteriores. El mito político ordena la realidad y proporciona símbolos y verdades, necesarias para fundamentar la parte emocional construcción social y la fe, y suele tener tres elementos: enemigo exterior, personajes providenciales y edad de oro, pasada y futura.

Cada grupo elige su memoria y la construye; elige unos acontecimientos y rechaza otros. Los estados, como creadores y gestores del patrimonio emocional de esas comunidades imaginadas llamadas naciones, son los que deben ordenar la realidad para presentar los mitos globales y reforzar el sentido de pertenencia y la identidad colectiva. Por ejemplo, el estado francés construyó el mito de la resistencia al nazismo para reforzar la pertenencia colectiva y expiar la culpa de la mayoritaria colaboración. La Legión Extranjera o el Partido Comunista pueden participar de ese recuerdo oficial, pero cultivarán esa memoria de la resistencia de forma diferente.

España carece de la mayoría de las cuestiones formuladas anteriormente. Unificó pronto raza, religión y, casi, lengua, pero fue incapaz, sus élites lo fueron, de crear esa comunidad imaginada. Los inicios del XIX fueron la gran oportunidad, pero la élite eligió no ceder ningún privilegio. No hay memoriales, ni obeliscos, ni arcos; tampoco, héroes o mártires y el enemigo siempre ha sido interno. Apenas hay memoria común, aceptada por todos los grupos. Tampoco hay calendario. El doce de octubre no es el cuatro de julio, ni el 14 de julio, ni el tres de octubre. Ni siquiera el seis de diciembre; la repetición del mantra “no cabe en la Constitución” deja fuera de esa fecha cada vez a más gente.

La memoria, ya se ha dicho, contribuye al sentido de pertenencia, a la cohesión y a la identidad social. España eligió convertir en recuerdo común una memoria particular, religiosa e ideológica, algo que solo se puede mantener con un fuerte control de los medios de reproducción social, como sucedía hasta hace unos quince años. El problema fue internet.

El problema de la construcción nacional española está expresado este fin de semana. Es lógico que la Iglesia Católica beatifique a sus mártires y cultive su propia memoria; no lo es que el Estado, gestor del patrimonio emocional del colectivo, escoja esa construcción y la codifique como oficial, apartando a otros grupos, a los que se condena al ostracismo. Es lógico que esos grupos, a los que ni siquera se les permite desarrollar su propio memorialismo, no se sientan parte de la comunidad emocional.

No se puede tener todo. No se puede, ya se dijo hace años, vencer y convencer.

Feijóo, un brillante gestor con un extraordinario futuro

Jueves, 10 de Octubre de 2013

Leo en Expansión:

Galicia ha sido objeto de deseo de CaixaBank desde siempre. Antes de la fusión de las dos cajas gallegas, la entidad catalana trató de obtener el visto bueno para absorber la entonces Caixa Galicia. El Banco de España lo veía con buenos ojos porque suponía que una operación de ese tipo, en aquella época, no exigiría dinero público para llevarla a cabo. La negativa de las autoridades de la Xunta a que una de sus dos cajas fuera controlada por una entidad de otra zona impidió esa operación.

Feijó dijo que no, Feijóo promovió la fusión interna, impulsó la nueva ley de cajas para facilitarla, 10.000 millones de euros de agujero a pagar entre todos y, al final, subasta entre CaixaBank y un fondo buitre que, sea cual sea el resultado, encarecerá el coste. El primero pedirá más avales públicos y el segundo, el preferido por la Feijóo para no deslocalizar el centro de decisión, pedirá ayudas para no desguazar.
Un brillante gestor con un extraordinario futuro por delante. Aún tiene mucho que hacernos perder.

Viva la deuda

Miércoles, 9 de Octubre de 2013

Cinco Días presenta esto como una noticia estupenda:

Aluvión de emisiones de deuda tras la mejora de la percepción sobre España. 37.400 millones de euros es el importe total que han emitido las empresas españolas en lo que va de año.

Esto quiere decir que, cuando las cosas vayan mal, esa deuda se va a volver a mutualizar, como hemos hecho estos tres últimos años, o que esas empresas serán compradas y, posteriormente, desguazadas o deslocalizadas.

En seis años, una crisis financiera de bancos anglosajones se ha convertido en una crisis de deuda de países mediterráneos. Todo es política.

San Francisco Bueno, Mártir

Lunes, 7 de Octubre de 2013

La principal diferencia entre Benedicto y Francisco es que este último no cree en Dios. Al menos, no cree que la fe y la evangelización basten para garantizar la supervivencia de la Iglesia. Es necesario un movimiento de fondo, como el que llevó a la creación de la doctrina social, base del estado del bienestar (más que el keynesianismo) y de sus dos principales actores, la democracia-cristiana y la social-democracia. También, como el que llevó a la destrucción del estado del bienestar décadas más tarde cuando ya no era necesario para contener el peligro soviético y sí, un peligro porque diluía la uniformidad social.

No es un movimiento táctico, ni la respuesta a un problema concreto. Ya no compartimos pesos y medidas con la Iglesia, que no se mueve de semana en semana, ni de grito en grito. Es necesario un movimiento de fondo y la evangelización, la fe, no es suficiente. Hay que crear un nuevo marco mental. Por eso, el Vaticano votó la desglobalización.

El Vaticano se siente amenazado por la deriva de la globalización por varios aspectos. El primero, obvio, porque es la principal insitutición globalizadora. El resto de religiones monoteístas no ha logrado su expansión y unidad; el resto de iglesias cristianas, tampoco. La Iglesia Católica estaba en todo el mundo antes de que existiera ese concepto y el lógico que se sienta amenazada por las corporaciones transnacionales que, como las ordenes militares, ya no responden ante ningún gobierno. Estas se situaban extra limes; aquellas, off-shore.

También, a nivel simbólico. La gran expansión del cristianismo se logró con la disolución del Imperio Romano y el colapso de las comunicaciones, salvo las religiosas. Así, se hizo con el control del tiempo y el espacio; ordenó la semana y el año, al tiempo que dibujo la cartografía. La nueva globalización reordena los países, las ciudades y las rutinas. El centro comercial es la plaza del pueblo y todos los días ya están colonizados. También crea nuevas comunidades simbólicas que disponen de nuevos ritos de paso.

Y la demografía. Las religiones se crean con demografía y la preocupación tiene muchas aristas y todas complicadas; no se pueden plantear abiertamente. No es tanto el avance de nuevas creencias por los flujos migratorios, sino la disolución del hecho religioso por la evolución cultural, y étnica, europea. No hay muros, ni mares que detengan las riadas humanas; el cambio tiene que ser más profundo, eliminar la necesidad de emigrar. Y también existe preocupación por el posible decaimiento europeo. En un mundo globalizado, el polo puede trasladarse a Asia a través de su influencia en África y América. Hay que desglobalizar y no basta con tener fe; hay que trasladarlo en actos que puedan verse y tuitearse.
PD: Desglobalizar quiere decir cambiar lo grande por la red de cosas pequeñas; quiere decir horizontalidad, transparencia y austeridad, aunque esta palabra ha quedado maldita. Desglobalizar es 15M. Es probable que la plaza más importante ahora para el movimiento sea la de San Pedro.

Historia de España resumida

Domingo, 6 de Octubre de 2013

La serie Isabel resume de forma precisa la historia de España en una escena.

La reina nombra un nuevo alcaide de la ciudad. El nuevo hace llamar al dueño de la concesión del molino municipal, donde todos los vecinos tienen obligación de moler su cereal. Le indica que las cuentas no cuadran, que sabe que tenía un acuerdo con el anterior alcaide. El molinero le pide clemencia y recibe una propuesta: si quiere mantener la concesión, tendrá que pagarle el doble. El molinero accede. El precio del pan sube. La gente culpa a los judíos.

Cinco siglos después, del molinero a Luis Bárcenas, o a Fèlix Millet, que es una tradición compartida.

La industria editorial no ha aprendido nada

Martes, 1 de Octubre de 2013

Benjamín Prado compara su nuevo libro con una chuleta. No es el primero en usar un símil nutricional, tomates, patatas, panes o chorizos, para referirise a su obra artística. Yo, que apenas tengo obra publicada, no experimento lo mismo cuando agarro la motoazada para horadar el huerto que cuando me siento frente al ordenador para escribir un cuento, ni tengo las mismas intenciones. En el primer caso, busco que los surcos sean rectos y con la profundidad adecuada; en el relato busco emocionar y hacer pensar.

¿Por qué ese desprecio por su obra? Ah, es que hablaba de la piratería, palabra que nubla las mentes porque es un paraíso perdido y un gran arrepentimiento. Lo que nos quitaron, lo que no pudimos llegar a ser, lo que podríamos haber sido; eso que, según Richard Ford, corroe el alma.

Hoy leo que “el mercado del libro en España retrocede una década” y pienso, bueno, le saca cinco años a los presupuestos, que han retrocedido quince años. La noticia añade que “el sector editorial factura en 2012 un 10,9% menos que el año anterior y que “acumula ya cinco años de caída de las ventas”. Bueno, lo mismo que lleva la crisis, 2008-2013.

En esos cinco años, la participación de los asalariados en la Renta Nacional Bruta ha caído un 10,2%, 55.000 millones de euros. en esos años, el paro ha pasado del 8,7% al 26,2%. La renta disponible también ha caído por la subida del gasto cautivo, sanidad, educación, agua, gas, luz e impuestos, y el descenso o desaparición de cualquier tipo de ayuda. El dato de que “el libro de bolsillo es de los más afectados” es revelador.

Pero la información no da esos datos económicos. No sitúa el libro dentro del contexto económico y social del país.

En cambio, sí ofrece este otro: “El sector del libro dejó de ganar 350 millones por la piratería”. O 400, que la fuente no se pone de acuerdo. Es lo que tiene el paraíso perdido. Uno nunca sabe. 1.000 libros descargados no son 1.000 libros que se dejan de vender, ni 1.000 libros no vendidos son 1.000 libros descargados.

La industria editorial no ha aprendido nada de lo que le pasó a la música.

Francia y el Vaticano votaron la desglobalización

Martes, 1 de Octubre de 2013

Hace dos años, en 2011, Arnaud Montebourg publicó Votad la desglobalización. Era un pequeño libro, tipo opúsculo, en línea con el Indignaos de Hessel, de un año antes. Montebourg era más práctico. Con cifras y ejemplos, explicaba cómo la globalización económica había provocado lo que todos podemos ver que ha provocado: destrucción del estado del bienestar, desindustrialización, deslocalizaciones, desigualdades, precariedad, miseria, aumento de la deuda, privatización de los servicios públicos, etc. Una versión política del Historia de mi gente, de Edoardo Nesi.
Sostenía que había que las sociedades tenían que recuperar la soberanía, que la democracia tenía que fortalecerse, que había que frenar la destrucción de los recursos naturales y que, a la globalización económica, solo la podía detener la globalización social. Todos somos uno, decía. Montebourg pedía que se votara la desglobalización porque ese sistema, nacido a principios de los 80, no había quedado cuestionado tras la crisis de 2007; al contrario, había salido fortalecido. Un sistema que podría provocar otro desastre en cualquier momento. Un sistema que era el desastre en sí mismo.

Se olvidaba, eso sí, de que esa globalización había sido elegida democráticamente. Los ciudadanos habían votado a partidos a favor del programa anterior: destrucción del estado del bienestar, desindustrialización, deslocalizaciones, desigualdades, precariedad, miseria, aumento de la deuda, privatización de los servicios públicos, etc. Lo habían hecho antes de la crisis de 2007 y después, también. La única diferencia entre las dos principales opciones, restos de la democracia-cristiana y restos de la socialdemocracia, estaba en el ritmo y la estética.

Montebourg pedía que se votara la desglobalización y que su partido, el PS, restos de la socialdemocracia, podía hacerlo. Podía reforzar la democracia, detener las privatizaciones, enjugar las desigualdades y reindustrializar Europa para huir del modelo minijob. Como La historia de mi gente de Nesi, el programa de Montebourg parecía casi de extrema izquierda, pero muchas de las sus propuestas las habría asumido sin problemas la democracia-cristiana de los 60. Había mucha nostalgia. Montebourg y Nesi echaban de menos, sobre todo, la cohesión social del estado del bienestar, la estabilidad, lo previsible, la lentitud.
Se presentó a las primarias de su partido; las perdió, pero logró un notable 17%. Se unió a Holande, el candidato elegido. Después, hubo elecciones, su partido las ganó, él se convirtió en ministro para la Recuperación productiva y todo quedó en nada. Lanzó un plan de reindustrialización y protestó contra las deslocalizaciones y los paraísos fiscales. Sin mucho éxito, de momento. Se votó la desglobalización y volvió a salir la globalización. 

Pero hubo otro lugar en el que sí se votó esa desglobalización, el Vaticano.