Archivo de Julio de 2013

Mear en el mar (Leviatán en España)

Jueves, 25 de Julio de 2013

También Ajab, el revolucionario, está de caza en España. Su objetivo es la ballena blanca, el Leviatán, el Estado, la Estructura o el Sistema. Nunca antes se habían oído tanto las expresiones cambio de régimen y cortes constituyentes. Ni siquiera a finales de los 70, cuando sí tuvieron lugar ambos procesos. Ambas han pasado de las asambleas de barrio a las redes sociales y, ese verano, incluso a la prensa que pertenece al Leviatán. El País ha publicado algún artículo donde se establecía el agotamiento del actual sistema y la necesidad de un cambio profundo de la estructura.

Observando el ruido, de la corrupción a la tensión territorial, es probable que el análisis sea correcto, pero no lo es tanto fijándonos en el silencio. Para analizar las posibilidades del cambio profundo, tenemos que ver qué actores podrían provocarlo y qué intereses tienen en hacerlo. Voy a ahorrarme todas las matrices de la teoría de juegos; los dilemas del prisionero y las batallas de los sexos. No sale. Ni los partidos, ni los sindicatos, ni el Jefe del Estado, ni el Poder Judicial, ni los medios, ni el ejército, actores que podrían liderar el cambio, tienen ningún interés en mover nada.

El sistema político español, especialmente cerrado, no valora la novedad, la creación de consensos o el pluralismo, sino la concentración de poder, la imposición unilateral y las decisiones excluyentes (Colomer, 1998); una revisión de la vieja tradición del trágala. No es permeable. Además, fue un sistema creado a través de negociaciones y pactos entre élites, con escasa participación popular. La ciudadanía, acostumbrada a la pasividad política, dejó hacer y solo se decantó mayoritariamente por la democracia a través de actuaciones con escaso riesgo como los procesos electorales y las manifestaciones institucionales.

El recorte de derechos, la extensión de la precariedad o la impunidad de la corrupción presentan un fuerte rechazo, pero ese es un sentimiento pasivo que no conlleva implicarse en el cambio, ni siquiera participar. No es lo mismo. En los huevos con bacón, la gallina participa y el cerdo se compromete. La mayoría de la ciudadania solo ha pasado de la pasividad a la acción pasiva, la manifestación. Ni siquiera ha llegado a la pasividad activa, la militancia, por los riesgos que conlleva.

Hay cuestiones concretas, como la privatización sanitaria o los desahucios, que sí han provocado el paso a la implicación, pero solo de pequeños grupos de personas. En el primer caso, las directamente implicadas profesionalmente; en el segundo, militantes de movimientos sociales con un alto componente altruista. Pero, aunque sus actuaciones son importantes, no se han establecido conexiones entre los grupos por la ausencia de un marco ideológico. Es importante parar un desahucio, pero lo es más poder crear una ley que los detenga todos.

Algunos partidos, algunos sindicatos y algunos periodistas del algunos medios quieren deshacer algunos cambios recientes, pero es una voluntad pasiva, incluso más nostálgica que resistente. En el caso de posibilidad de cambio, se unirán a los inmovilistas porque, personalmente, tienen mucho que perder en una modificación profunda de la estructura. Solo algunos militantes de algunos partidos y algunos movimientos sociales apuestan por un cambio profundo político, social y económico. Sin embargo, su cohesión es escasa, y no han efectuado ningún tipo de proceso de convergencia ideológica o ni colaboración institucional, salvo para pequeños actos concretos. De hecho, su desconfianza mutua es grande.

Sin base ideológica y sin actores, no hay nada. Un cambio, ya sea por reforma o por ruptura, necesita liderazgos para provocar descreimiento en el presente, y, sobre todo, disminución del miedo al futuro. Los procesos nunca son explosivos, aunque lo parezcan porque nos fijamos en los hitos, y siempre funcionan por decantamiento: las ratas abandonan el barco y todo el mundo se va uniendo al carro ganador. Pero hay que provocar eso. El futuro es un lugar oscuro y frío, en el que puedo haber perdido lo que tengo hoy. La propiedad hace a la gente conservadora y la mayoría, pese a todo lo sucedido, aún posee muchas cosas.

Y, previamente, hay que disponer de un marco ideológico con el establecer la base del nuevo proyecto y, también, negociar con los continuistas, que siempre habrá. Pensar lo contrario es una de las ingenuidades que aborta cualquier posibilidad. Los movimientos idealistas suelen caer en el subjetivismo de hipervalorar su propia amplitud y fuerza, y creen que el decantamiento social se producirá por una cuestión de pureza moral. No suele ser así. En política, los huecos no los ocupa quien los merece, sino quien pelea por ellos. Las personas que desean el cambio aún no son un actor, con lo que no puede pelear nada. Mucho menos, provocar o decantar un proceso. En Grecia, por ejemplo, sí.

Tampoco cabe confiar mucho en la ciudadanía a corto plazo. La zona de turbulencias económicas, de momento, ha pasado y se recupera la velocidad de crucero tras soltar lastre. Un porcentaje no pequeño de españoles ya vive en la miseria, una cifra inmoral, pero sostenible. Además, esa cifra ayuda a cohesionar el miedo de la mayoría. Su capacidad de aceptación de la precariedad social y política crece y mengua su incentivo para el cambio. Otra cuestión es que el país que estamos creando no es el que había, pero eso es algo de lo que nos daremos cuenta en unos cuantos años.

Pocas cosas se pueden asegurar sobre el futuro a corto plazo, pero una de ellas es que no habrá cambio de régimen, ni cortes constituyentes. El óxido, provocado por la estupidez que proporciona la impunidad, corroe todas las instituciones, partidos, medios, Poder Judicial o Jefatura del Estado; ojo, salvo el Ejército, único actor que ha ganado prestigio en los últimos 30 años. Sin embargo, ante la inexistencia de una confrontación política, más allá del malestar social, el Leviatán volverá a escaparse de Ajab y se hundirá de nuevo en los mares, como hizo en Islandia.

Lo previsible es que no pase nada, salvo una pequeña regeneración, más estética que estructural. La política española vivirá un recambio generacional que disipará los rostros del malestar y quitará algo de caspa. Muy poco, porque los nuevos políticos están criados en ese sistema que no promociona el consenso, ni el pluralismo, sino la concentración de poder, la imposición unilateral y las decisiones excluyentes. Ese recambio se combinará con benevolencia judicial para no prolongar el relato y la ciudadanía, acostumbrada a la pasividad política, dejará hacer. Borrón y cuenta nueva.

Pero, de esa realidad, no debe deducirse la desesperanza. Si no hay actores que puedan liderar un proceso, habrá que trabajar para crearlos. Las personas favorables al cambio deberán hacer un esfuerzo y buscar esos procesos de convergencia con consensos y negociaciones, y establecer un marco ideológico común. Solo así se consiguen las cosas. Lo otro es mear en el mar.

Muchas uvas para un solo tipo

Jueves, 25 de Julio de 2013

Hace días escribí:

Álvaro Lapuerta y Luis Bárcenas, tesorero y gerente, reciben a los donantes y, posteriormente, el primero pide el favor al gobernante concreto y el segundo hace el reparto interno (y apunta). Ambos han leído el episodio de la uvas del Lazarillo y, de cada dos para la caja común, cogen otras tantas para ellos. En 2009, Lapuerta dijo que tenía más patrimonio que Bárcenas que, de momento, está por los 50 millones de euros.

Pero ayer, un amigo me ofreció otra versión, más razonable, incluso. Muchas uvas, dijo, para un solo tipo. Viendo el sueldo que cobraba, muchísimo más alto que el presidente del partido, y el patrimonio, tiene pinta de que tenía a su nombre las cuentas B de la organización. El altísimo sueldo era un paracaídas dorado; si caes, te tienes que comer el marrón tú solo y no poner en jaque, en ningún momento, al colectivo. De ahí, también, el “sé fuerte, Luis”. Es solo una versión, pero me parece mucho más razonable que la teoría del gerente solitario.

Leviatán en Islandia

Miércoles, 24 de Julio de 2013

“Ese gran Leviatán llamado Estado”, dice Hobbes. “Y Leviatán allí, el mayor animal, en lo profundo”, dice Milton. De todas las metáforas de Moby Dick, esta es la que el autor presenta desde el inicio. La ballena blanca, no como algo obsesivo o diabólico, ni en lo personal, ni en lo colectivo (el lado luciferino de la modernidad). Tampoco, como el motor del ensanchamiento de los mapas; los vascos fueron los mejores balleneros; pero, para que algo exista, hay que escribirlo y los ingleses lo hicieron.

El animal como el Estado, la Estructura o el Sistema, algo tan enorme y sólido como huidizo y deslizante. Vive en lo profundo, sale solo para respirar y su aprovechamiento es más comercial, aceite y esperma, que comestible. Para cazarlo, hay que recorrer el mar hostil en algo tan débil como un barco, un partido, o una chalupa, la dirección; ser certero en el ataque y, una vez arponeado, perseverar. Ajab, entonces, encarnaría al revolucionario, al hombre que dedica su vida a derribar el Estado, la Estructura o el Sistema para salvar a todo el mundo más allá de su obsesión personal. Ajab salió de caza en 2007.

Este verano se cumplen seis años del estallido de la crisis. Primero fue subprime; después, en 2008, pasó al sistema financiero anglosajón antes de trasladarse al centroeuropeo. En primavera de 2009 estuvo a punto de ser Austro-Húngara, pero la política la transformó ese otoño en periférica y, desde 2010, está instalada en el Mediterráneo.

Desde ese 2008, se han oído voces y teorías sobre el cambio. Primero, desde el mismo poder. Los gobiernos, atemorizados por la dimensión de la crisis financiera, dedicaron buena parte de ese año a reunirse y anunciar revoluciones. Nada volverá a ser como antes, dijeron. Se anunció la refundación del capitalismo. En Islandia, un movimiento ciudadano hizo caer al gobierno y se anunció un nuevo estado con una constitución de abajo a arriba. Ajab tenía al Leviatán a tiro.

Pero no sucedió nada. Una vez finalizada la zona de turbulencias, y tras lanzar algo de lastre, se recuperó la velocidad de crucero. El Leviatán volvió a escaparse. Incluso, en Islandia. La constitución de abajo a arriba no se llegó a hacer, el nuevo estado no se llegó a fundar y, finalmente, el partido que había hundido al país, recuperó el poder apoyado en los grupos de presión tradicionales; por ejemplo, los pescadores.

Cabe la sorpresa si lo miramos todo desde lejos. Los islandeses se movilizaron para impedir la mutualización de la deuda del sistema financiero, algo que podía provocar una profunda depresión económica, pero no tenían incentivos para ir a un cambio más profundo. Son una sociedad conservadora y no surgió ningún actor politico nuevo que cuestionara el orden existente. Un cambio generacional bastó.

El ejemplo es interesante para España, un lugar donde Ajab está de caza desde hace dos años, desde el 15 de marzo de 2011.

Recalentar el timo de las banderas

Miércoles, 24 de Julio de 2013

Joder con la blogoteca. Esto es del 31 de julio del año pasado.

PP y CiU llegan ahora con Pacto Fiscal, una nueva y divertida actuación de los títeres de cachiporra

Bienvenidos y acérquense a la nueva y divertida actuación de los títeres de cachiporra. Tras el éxito hace dos años de Estatuto de Autonomía, PP y CiU llegan ahora con Pacto Fiscal, una nueva y divertida comedia de declaraciones, enredos y peleas en broma. En los próximos meses, verán tensiones institucionales, entrevistas apocalípticas y aparatosas puestas en escena con mucho símbolo. Nada en serio; nada irreversible. Escojan uno de los lados y siéntense cerca del escenario para poder gritar muy fuerte y que no se oiga nada. Si se quedan afónicos, pueden usar los aplaudidores que regala la prensa de cachiporra. No se queden en medio, tratando de entender a ambas partes y buscar una solución, porque puede que reciban un garrotazo perdido. Tampoco se vayan muy lejos, buscando una visión de conjunto, porque se decepcionarán. En los bastidores, podrán ver a todos los actores intimando y pactando el desmantelamiento de los servicios públicos, el blindaje de su estatus de clase o la impunidad de sus respectivos casos de corrupción y, señores, el espectáculo debe continuar.

No se olviden de entregar su cartera a la salida. Si no lo hacen, el sistema será insostenible.

PD (actualización): si el conflicto es con Andalucía, la cosa va en serio. Al menos, es lo que dice la experiencia.

Después, llego la Diada, las elecciones e Ítaca, siempre en el horizonte. Un año después, estamos en una situación casi similar. A PP y CiU les interesaría recalentar el timo de las banderas, pero solo de puertas adentro. En ciertos lugares donde se deciden cosas no están acostumbrados a los títeres de cachiporra y piensan que todo va en serio.

El casi es La Vanguardia, que ha pasado de aglutinar a la Jove Catalunya a defender la II Restauración; de Garibaldi a Torelli.

Élites extractivas / Gasto cautivo

Martes, 23 de Julio de 2013

Hoy leo:

El único capítulo en el que las familias desembolsaron más el año pasado fue la enseñanza (7,4%) y la salud (0,3%). Influyen las pérdidas de ayudas en libros de texto, el incremento de la factura farmacéutica o el encarecimiento de las matrículas universitarias.

Se ha disparado el presupuesto para la electricidad (254 euros más, una subida del 51%), alquileres (109 euros, 16%) o el transporte (31 euros de aumento, un 47%). En educación, los gastos universitarios aumentan en un 23% y la Formación Profesional de grado superior en un 36%.

Llaman la atención incrementos de gasto como los de tasas por documentos oficiales (un 60%) o la ITV (38%).

El gasto en metro, por ejemplo, ha subido un 31% en cinco años.

Sufrieron las principales caídas el vestido y calzado (10,2%), ocio, espectáculos y cultura (9,8%) y el equipamiento de hogar (9,3%).

La compra de automóviles se ha hundido en 671 euros por hogar en dicho periodo, casi un 60%, en el que constituye el mayor ahorro en valores absolutos y unos de los principales en términos relativos, seguido de las consumiciones en bares (247 euros menos, una bajada del 17%) o la ropa de mujer (224 euros menos, una reducción del 32%).

El presupuesto familiar medio ha adelgazado en 3.800 euros desde 2008.

La sociedad de consumo se basa, sé que me repito, en que haya grandes grupos de población con excedentes de renta para gastar periódicamente. La productividad es un concepto obsoleto; debería hablarse de la consuminidad.

Los excedentes se han logrado tradicionalmente por tres vías. La primera es la actualización de los salarios (y la seguridad laboral, familiar y generacional); la segunda, los impuestos redistributivos (servicios sociales incluidos); la tercera, el crédito (barato, fácil o reversible). Ninguna de las tres funciona bien hoy.

A esto hay que añadir el factor de priorización del gasto: hipoteca, impuestos y servicios básicos (agua, luz, gas y gasolina). Las empresas de estos sectores, que no son tejido productivo, sino extractivo, saben que tienen más margen con los precios porque es gasto cautivo. Además, funcionan como cartel.

Los precios y la renta se tendrán que ajustar, pero es complicado porque nadie tiene visión a largo plazo. La derecha (PP/CEOE/parte del PSOE, etc…) ha luchado mucho por este marco laboral, muy ideológico, pero poco práctico, y profundizará en la precariedad.

La devaluación (palabra que se pondrá de moda) será (ya está siendo) inevitable y, por esa priorización del gasto (hipoteca, impuestos y servicios básicos) se centrará en el tejido productivo. No solo habrá cierres del tiendas o empresas, sino que se cortarán redes de distribución y se atraerá un tipo de inversión determinado, el de países emergentes.

Mejorarán las cifras de exportación y de inversión, pero eso no es una buena noticia. Buena parte de esa inversión será para comprar empresas españolas sin mercado ni financiación. El centro de decisión se trasladará y, en unos años, vendrá la deslocalización.

Más que solo bajar los impuestos, necesitaríamos que las élites extractivas de gasto cautivo, sistemas político, financiero o energético, bajaran sus márgenes y aceptaran perder dinero para evitar la devaluación colectiva. Es improbable. Vamos camino del resort y la maquila.

Una explicación razonable de casi todo (Ferrer-Salat, el Partido Alfa, el Lazarillo y los WikiLuis)

Martes, 16 de Julio de 2013

Confío más en Ockham que en Dios; por lo menos, el primero existió alguna vez. Ante cualquier historia, me decanto siempre por la explicación más simple, la que lleve menos pasos y la que necesite menos gente, aunque conlleve más estupidez. Las conspiraciones son infrecuentes y precisan una fe que ya no tengo. Como dice mi amigo Pedro, ¿dónde se reunieron los que tramaron el asesinato de JFK?, ¿quién llevaba el orden del día?, ¿como eran las votaciones?, ¿ponderadas o directas?, ¿se podía fumar? Siempre son más razonables los intereses concurrentes. Gente que tiene, o cree tener, objetivos comunes y que o actúa, ayuda o deja hacer, la mayoría de veces, modificando su proposito inicial y provocando situaciones inesperadas. Nadie tiene un plan cerrado y nadie sabe lo que va a pasar.

Por mi desconfianza en las conspiraciones, nunca me creí que Gürtel fuera una ejecutada por Baltasar Garzón y Mariano Fernández-Bermejo, diseñada por Rubalcaba y amparada por Zapatero. Hace cuatro años, en un día soledado como hoy, la secretaria general del PP, Dolores de Cospedal, lo dijo en una entrevista en Europa Press (agencia de la que hoy sabemos que recibió donaciones del PP, según la contabilidad de El Mundo, algo que sí parece razonable). La conspiración colocaba al malvado Rubalcaba, Fouché de la política española, detrás de todo y muchos medios, sobrecogedores como EP o no, la recogieron.

Hoy, tampoco soy capaz de creerme que todo-lo-que-está-pasando sea una conspiración de Pedro Jota Ramírez, Esperanza Aguirre y otros para desestabilizar al gobierno y derribar a Mariano Rajoy. Nadie le forzó a recibir trimestralmente un millón de pesetas en una caja de puros durante años y tampoco nadie le obligó a callar durante décadas, casi siempre en puestos relevantes, ante la existencia de una trama de donaciones a cambio de favores. Ni siquiera creo en el control del calendario. Si todo sale ahora, no es por deseo de nadie. El caso Gürtel comenzó hace casi cinco años tras la denuncia de un concejal que, previamente, se había dirigido a los órganos de control interno del PP. Si el partido hubiera colaborado con la justicia desde el inicio o, por lo menos, no la hubiera obstruido, hace años que el caso se habría cerrado. Eso sí, con resultado incierto.

Nadie sabe lo que va a pasar, Nadie sabe qué documentación hay circulando, ni qué va a hacer el personal. Todo el mundo tiene sus intereses, sus objetivos y, a la hora de intentar coordinarlos, actúa según su personalidad. Garzón era justiciero y radioactivo; Fernández-Bermejo, un niño de papá veleidoso e imprudente; Pedro Jota, casi perdido su reino terrenal, busca recuperarlo a la vez que ansía la inmortalidad. Esperanza Aguirre ha acudido pronta a la hora de los zascandiles.

Lo siento, me decanto por la explicación más razonable, aunque tenga grandes dosis de avaricia y estupidez. Comencemos por el principio; hace más de 30 años.

La época del miedo. He leído la escena en varios libros sobre la Transición. El presidente de la CEOE, Carlos Ferrer Salat, atemorizado ante la posibilidad de que socialistas y comunistas consigan el poder y expropien y nacionalicen, dos cosas que se hacían entonces, se pone al frente de la recaudación de dinero para UCD y AP, las dos apuestas de la derecha, además de promover su unión en la ‘mayoría natural’. Hay que arrimar el hombro, dice Ferrer Salat, a los empresarios para compensar los cheques que llegan de las capitales europeas hacia el PSOE y el, supuesto, dinero que viaja desde Moscú hacia el PCE. Hay que dejar de llevarse el dinero a Suiza y dejar algo aquí para los nuestros.

La apuesta acaba saliendo mal por dos factores que se meterán dentro del adn de la derecha española: la división interna y Andalucía. Desde entonces, será una obsesión bajar la ideología para ocupar todo el espectro, del Ateneo al Valle de los Caídos, y evitar cualquier disensión: toda crítica es una traición. Sobre Andalucía, la patronal apuesta fuerte en el referéndum preautonómico y repite en las primeras elecciones a la Junta, con carteles propios muy duros y amparando a un partido con apellido socialista, el de Pacheco. El fracaso andaluz se interpreta como origen del estatal y queda como una espina. Hoy, tras 30 años de desarrollo autonómico, hay dos naciones legales en España: España y Andalucía.

La travesía del desierto. La victoria socialista provoca un giro. La derecha ve cómo se le escapan las élites porque buena parte de ellas descubre que los nuevos gobernantes no son cocos, que se puede tratar con ellos y que se manejan en los mismos términos que los antiguos. Yo te ayudo y tú me ayudas; yo te hago una donación, tú me das esa obra y yo te coloco mañana en el consejo de administración. Pura historia de España. El referéndum de la OTAN sale caro. Por su parte, la derecha se centra en resistir. No hay que perder las donaciones. El tesorero Ángel Sanchis, alabado por su “capacidad empresarial”, es el hombre que tiene que trabajarlas y es quien introduce a Bárcenas en el partido en 1982. Es razonable pensar que, en esa época, nace el sistema de sobresueldos. Para captar a gente notable, hay que ofrecer algún incentivo.
El partido Alfa. Tras la victoria del PSOE en el referéndum de la OTAN y las elecciones posteriores, la derecha descarta ya el golpe de mano, las ocurrencias del huracán Fraga, y opta por la carrera de fondo: hay que crear un partido fuerte, vertical y disciplinado, lo que Enric Juliana llama el partido Alfa. El sistema de sobresueldos, además de para captar a notables, sirve para mantener la disciplina y avivar la entrega al partido. Nada de tránsfugas, filtraciones o deserciones como en la UCD. Es Aznar. Su primer problema, una semana después de ser presidente del PP, es el caso Naseiro. Por casualidad, en una investigación por narcotráfico, se descubre el sistema donaciones-favores. Aznar opta por la resistencia y gana. El caso se esfuma por la anulación de pruebas y es la primera muestra de un nuevo modo de hacer política y tribunales.

La gran comilona. El PP se hace con el poder y el sistema se amplia porque la capacidad de tomar decisiones políticas es más amplia. Más aún, con la Ley del Suelo, que multiplica el dinero como la calculadora del 1, 2, 3. Álvaro Lapuerta y Luis Bárcenas, tesorero y gerente, reciben a los donantes y, posteriormente, el primero pide el favor al gobernante concreto y el segundo hace el reparto interno (y apunta). Ambos han leído el episodio de la uvas del Lazarillo y, de cada dos para la caja común, cogen otras tantas para ellos. En 2009, Lapuerta dijo que tenía más patrimonio que Bárcenas que, de momento, está por los 50 millones de euros.

El sistema donaciones-favores también se ajusta al mapa autonómico y los PP regionales lo asumen para financiarse. Dentro del partido, nadie dice nada porque el sobre, o la caja de puros, llega con puntualidad y permite despreocuparse; no hay que mancharse las manos. La autojustificación es que “lo hace todo el mundo” (todo el mundo dentro del partido y todos los partidos como el nuestro) y que, en caso de problemas, el partido logrará anular el caso. La sensación de invulnerabilidad hace a la gente estúpida.

Con la mayoría absoluta y el PSOE descabezado, el PP se siente indestructible. Aparecen Rinconete y Cortadillo. Correa, Pérez y otros muchos, como constructoras locales, donan a cambio de contratos, concesiones o reclalificaciones. Todos aceptan la existencia de la trama porque se sienten intocables. Los éxitos judiciales confirman su invulnerabilidad y amplían el campo de la estupidez: pago de fiestas, bolsos, trajes, etc. A Bárcenas, Correa le llama Luis el Cabrón porque no es como los demás; el resto se conforma con una pulsera o con un Jaguar, pero él quiere un porcentaje de la taquilla. El problema es que la invulnerabilidad lleva a la indiscrección y hay mucha gente que ve pasar mucho dinero por delante. Uno de ellos, concejal de un pueblo de Madrid, se enfada y comienza a grabar a gente.

El postre y la resaca. La red crece hasta que llega la inesperada derrota electoral de 2004. Pierde el inesperado Rajoy. De los tres delfines de Aznar, según El Mundo, era el mejor relacionado con la red Lapuerta-Bárcenas. Es, quizá, la única sorpresa de esta historia. Pese a la derrota, todo sigue funcionando con normalidad. Lapuerta y Bárcenas recaudan, reparten y, como el Lazarillo, se quedan con algo. Y lo apuntan todo. En 2008, según El País, se registró el mayor flujo de donaciones. La red de Correa y Pérez tiene que olvidar sus expectativas y centrarse en autonomías y ayuntamientos.

Los cambios orgánicos del Congreso de Valencia no provocan un cambio brusco en el funcionamiento del sistema. Sí lo hace la denuncia del concejal enfadado que no ha encontrado respaldo en el partido; ni en el viejo (Cascos-Acebes), ni en el nuevo (Cospedal). El nacimiento del caso Gürtel en febrero de 2009, va para cinco años, ralentiza, no detiene, la estructura de donaciones-favores-sobresueldos. El caso cae en manos de Garzón que puede ordenar cualquier cosa. Por ejemplo, un registro de la sede de Génova. Como siempre el juez provoca un fuerte estallido: detenciones, incautación de documentación y comisiones rogatorias. También, grabaciones, que están a punto de acabar con la investigación.

El PP dice que todo es una conspiración y, como siempre, centra la defensa en la anulación de las pruebas. Logra personarse para obstruir el caso; si no lo hubiera hecho, el calendario habría sido otro. Las noticias se centran en la red de Correa y Pérez, mucho más vistosa, pero perdonable en un país con resaca feliz. Allí también sale una patita de Bárcenas, que es defendido por todos. Garzón puede ordenar un registro y él es el que sabe qué papeles hay que esconder. Solo tiene que renunciar al último juguete, el cargo de Senador. El juez Pedreira, conocido de su abogado Miguel Bajo, trata de salvarlo archivando su causa. Es lo que Bárcenas espera del PP.

Los WikiLuis. Garzón es víctima de su radioactividad, pero deja múltiples procesos en marcha. Llegan las comisiones rogatorias de Suiza y aflora el patrimonio de Bárcenas, el estajanovista del capitalismo. Las cifras del tesorero aparecen en un país que va camino de la miseria y el cabreo 2.0 crece. En el PP aparecen signos del viejo fantasma: la divisón interna. No todo el mundo está de acuerdo en defenderlo, pero hay que cerrar filas. Hay indecisión. El tesorero se inquieta y negocia. Nadie sabe qué documentación se ha llevado a casa. Logra dinero del partido, pero ya tiene mucho. Quiere inmunidad, quiere la anulación del proceso o una garantía de que no le pasará nada, como a los responsables del Prestige o del Yak-42. La desaparición de Trillo, el titiritero judicial, es lo más incomprensible de esta historia.

El tesorero se inquieta aún más y, para que vean que va en serio, comienza a filtrar documentos, lo que Martínez Abarca llama los WikiLuis. Salen los papeles de El País. Confusión interna. Él dice que son de Cospedal y esta, que son suyos. La negociación no se rompe, pero se tensa y, más aún, cuando nadie toma una decisión dentro del partido. Viendo el organigrama actual del PP, se entiende el desbarajuste. La explicación de la indemnización en diferido acaba, ella sola, con el prestigio del Cuerpo de Abogados del Estado, al que pertenece Cospedal.

Bárcenas quiere algo concreto. No entiende cómo el PP, con mayoría desbordante, no es capaz de cambiar a las fiscales, meter al juez en vereda o anular las pruebas. Lo ha visto muchas veces ya. Esperanza Aguirre, presidenta gracias a otra trama, acude con disfraz de Evita Vip-Express. Carece de apoyos fuera de Madrid, pero es la hora de los zascandiles y puede pasar cualquier cosa. Hay mucha gente que tiene miedo a quedarse sin trabajo en las próximas municipales y autonómicas.

El deseo de cerrar filas se come la reflexión y la toma de decisiones. No hay plan cerrado; la única norma es resistir. La realidad de hoy (SMS, recibos, etc.) desmonta las declaraciones de ayer y, ante la desaparición de la credibilidad, queda la fidelidad, el gran valor español. La prensa de la CEDA se divide entre los que defienden periódicamente la versión del partido, la que sea, y quienes afirman que todo es una conspiración confusa que debería arrinconarse en aras de la estabilidad. En poca estima se tienen los que prefieren el gobierno de los corruptos, pero esa es la historia de España.

Fin de la historia. Como no hay conspiración, sino intereses personales concurrentes que cambian, es imposible conocer el final o hacer una proyección. Bárcenas puede hablar más y presentar papeles con la firma de Rajoy o conversaciones telefónicas grabadas o callarse, aceptando o no, los tratos insinuados por la prensa. Es improbable que Rajoy dimita en medio del ruido porque es un hombre que no quiere ser humillado (El hombre sin atributos, de Musil y Las aventuras del soldado Schweik, de Hasek son dos buenos libros para entenderlo), pero es posible que no repita y, tras tener la sensación de que ha encauzado la economía, deje el camino libre a Soraya Sáenz para que dirija una renovación generacional que no cambiará nada.

Porque sí tengo claro, perdón por el fatalismo, que esta escena se repetirá dentro de unos años. España es un país construido por la Reconquista/Conquista de América y la Contrarreforma. Lo primero configura un sistema de élites extractivas que ahoga cualquier iniciativa empresarial o comercial. La segunda afirma la virtud de la fidelidad por encima de la honradez, el esfuerzo o la inteligencia y persigue el pensamiento crítico o novedoso. Para acabar con la corrupción, debería dimitir buena parte del país y eso no va a pasar.

Dimisión

Martes, 9 de Julio de 2013

Aunque nos joda, cabe poca indignación con la corrupción desvelada por Luis Bárcenas. La reacción más extendida es más la vieja hipocresía española de cabrearse cuando otros descubren la mierda bajo la alfombra. Cómo coño no lo va saber el dueño de la casa, si la ha metido él. Cuando el PP ganó las elecciones con millones de votos y decenas de apoyos, ya tenía unos quinientos cargos públicos imputados. Parecen muchos, pero las cuentas salen: solo en la provincia de Alicante se rozaba el centenar y, en Baleares, se superaba.

Para acabar con la corrupción, basta con no apoyarla, con no mirar hacia otro lado o defender a los corruptos cuando son pillados diciendo que son personas honorables y que su acusación perjudica un supuesto bien mayor, el partido o el país. No existe ese bien mayor. Para acabar con la corrupción, no tiene que dimitir el gobierno; tiene que hacerlo buena parte del país.

Pero eso no va a pasar y no pasará nada.

PD: La crisis del PP, de la CEDA, es un Juego de Tronos que solo veremos como espectadores. El personal no puede aspirar a convertirse en ciudadanía en unas horas. No cabe la presión popular y menos, de los votantes del PP, herederos de los serviles decimonónicos. Como hace meses, como hace años en un folletín titulado Asesinato en Maitines, apuesto por la Khaleesi Soraya.

PD2: Aunque TVE dedique el telediario a la importante noticia de que en verano hace calor, el caso sale en la prensa extranjera donde el titular es corto: Spain Barcenas affair: Documents ‘implicate PM Rajoy’. Esto debilita la posición española en cualquier negociación y las habrá y duras.

El efecto Gibraltar

Sábado, 6 de Julio de 2013

La ley de Unidad de Mercado era una vieja petición de la CEOE y tiene tanto de real (ahorro de costes), como de psicológico (las autonomías como fijación generacional). El Gobierno, sin presentar memoría económica, cifra el efecto en el PIB en 1,5%  en diez años. Al no haber memoría, podría haber sido un 1,25% o un 3,1416%, 10% o más. Incluso, un portavoz gubernamental podría haber salido diciendo: gracias a la ley de Unidad de Mercado, se podrá follar en Bilbao y tomar una buena caña en Sevilla. Es posible que, si sumamos el efecto economico previsto de todas las leyes, España debería ser la primera potencia económica mundial. Da igual. Nadie lee; ni siquiera los escritores.

El Gobierno, en la rueda de prensa, ofreció varios ejemplos concretos, un acierto comunicativo con pocos precendentes y de aire alaoeste. Una constructora ya no tendrá que estar domiciliada en la comunidad autonóma de marras para presentarse a un concurso. Es interesante que el Gobierno esté apoyado por el mismo partido que defiende que una persona sí tiene que estar empadronada (y muchos años) para optar a servicios municipales. Tampoco es para alarmarse, la globalización financiera y la reclusión ciudadana es una característica de toda la legislación en los últimos. Es la base de los tratados de libre comercio o del de Mastrich.

El ejemplo me hace pensar si un efecto no deseado será la acumulación de empresas en lugares con fiscalidad ventajosa, como País Vasco y Navarra, o si la norma provocará una subasta impositiva entre comunidades para no perder empresas que, como en el caso de Madrid, se traducirá en aumentos de impuestos directos a los ciudadanos en forma de tasas o precios de los servicios municipales. Es probable que también ocurra con los profesionales. No de forma alarmante, tampoco es esperable un Gibraltar, pero es posible que, dentro de unos años, descubramos que Extremadura tiene un fontanero por habitante gracias a su ley de registro y su tributación.

Puede ser que no y que todo sea como dice el Gobierno, que no se produzca el efecto Gibraltar y que tengamos un 1,5% más de PIB, pero esa cifra sale de un axioma falso: las empresas reinvierten. La norma reducirá costes de tramitación o distribución, pero que ese dinero vaya a dedicarse al sistema productivo es algo que solo se sostiene con una fe nunca probada. Los beneficios pueden reivertirse en investigación o empleo, pero también en adquisiciones corporativas o en mayores dividendos o bonus o en yates más grandes o en follar en Bilbao.

Que las empresas tengan más dinero, a pelo, no quiere decir nada. Se necesita un marco legal y, sobre todo, mental, que beneficie el sistema productivo frente al extractivo. Durante años, España ha tenido cientos de miles de empresas con beneficios desmesurados que nunca se dedicaban a tejido productivo. Estábamos en los primeros puestos en coches de lujo, yates, putas o consumo de cocaína. También, en centros de cultura contemporánea y rotondas cultivadas.

Y, lo más importante, para que la empresa embotelladora citada por la vicepresidenta funcione necesita una cosa: vender. Y esto es un acto que se produce significativamente cuando hay grandes grupos de población con excendentes de renta. Si no se revierte la devaluación social y se convierte en empobrecimiento, seguiremos hacia el modelo maquila.

PD: Intuyo, subrayo el verbo, que no es una ley de los empresarios para los empresarios, sino de los abogados del estado para la CEOE. Las hostias ente administraciones serán finas.

El partido de GarzónB

Viernes, 5 de Julio de 2013

El partido de Garzón (Baltasar) es uno de los últimos intentos de la generación de la Transición de no perder importancia. Fueron los chicos del maíz. Con 20-30 años, a finales de los 70 o principios de los 80, ocupaban puestos de responsabilidad gracias a las circunstancias históricas (cambio de régimen) y, claro, a su demagogia: eliminaban a todo mayor de 30 años poniéndole la etiqueta de franquista. Ahora, matan a sus jóvenes llamándolos inexpertos, bisoños o posmodernos.

El partido de GarzónB son unas primarias del PSOE extramuros que harán daño al PSOE y, quizá, a IU, pero también a UPD, el otro partido de la gente que toma Benecol. En estos momentos, la principal fractura política en España es la generacional. Soraya, Madina y Garzón (Alberto) no son del mismo partido que Rajoy, Rubalcaba y Lara. El partido de GarzónB es el populismo que nos iba a llegar; todo son buenas palabras y frases redondas. Quiere ganar a la izquierda con poemas de Lorca y a la clase media expulsada de de la clase media con un concepto mágico: regeneración.

El partido de GarzónB carece de ideología, más allá de las obsesiones de esa generación; por ejemplo, las autonomías. La descentralización, como internet, pertenece al ámbito de cosas que llegaron después del momento en que eran jóvenes, felices y todopoderosos; es, por tanto, una de las cosas que doblegaron sus sueños e hicieron el mundo despiadado e incomprensible de hoy en día. Nadie recuerda lo mal que funcionaban las cosas centralizadas y que en las autonomías hay la misma corrupción y nepotismo que en el resto de administraciones porque es algo bien valorado por el elector español.

El partido de GarzónB carece de ideología más allá de acabar con la corrupción y salir del pozo ciego. Es la política parchis, del laberinto al 30, volver a la casilla de salida para acabar con la crisis, regresar a la social-democracia liberal. Pero, ¿cómo? Corregir la profunda desigualdad en el reparto de los recursos solo se conseguirá de forma coercitiva, como siempre en la historia. La gente no pierde privilegios por el bien común, ni suelta el dinero porque sí.

¿Y el modelo impositivo, el energético o el financiero? Es la hora de los zascandiles, escribí, y aquí está GarzónB.

PD: Es su partido. Si GarzónB renuncia a que sea un partido o a dirigirlo, puede acabar en cualquier sitio, como Ciudadanos. Conviene preguntar a Félix de Azúa qué pasa cuando uno no se pone al frente de la banda de música.