Archivo de Noviembre de 2012

La social-democracia no es inmortal

Martes, 6 de Noviembre de 2012

Hace más de un siglo, Marx escribió el famoso 18 de Brumario, del que pocos han leído más allá del inicio. En ese texto, Marx compara el proceso revolucionario francés, que acabó con el Imperio, con el el periodo revolucionario de 1868, que acabó con una reconfiguración del sistema de partidos. En ambos casos, el motor del cambio fue el miedo de los burgueses de ideas avanzadas al poder de las clases populares. En el segundo, que es el que más nos interesa, Marx analiza cómo los partidos liberales, que habían luchado por abrir la democracia y ampliar el voto, así como por un embrión de estado social, se acojonaron (es la palabra más adecuada) ante los nacientes movimientos obreros que tomaban las calles. En lugar de pactar con ellos contra los viejos partidos conservadores, representantes de la oligarquía contra la que habían luchado, experimentaron una contracción y se fundieron con el poder tradicional.

No hay que ser muy inteligente para ver que se trata de una situación similar a la actual. En los años 80, la social-democracia experimentó un proceso de abandono del keynesianismo catalizado a finales de esa década por la caída del Muro. El pensamiento económico neoliberal entró en los partidos social-demócratas como había hecho en los conservadores, de tal forma que, en los años 90-10, la principal diferencia entre derecha e izquierda no fue económica, sino social, de costumbres o conceptos abstractos. Por ejemplo, el choque o la alianza de civilizaciones o la mayor o menor presencia de la religión en la vida pública. Por ejemplo, en España, Boyer, Solchaga, Solbes, Rato, Salgado y Guindos forman una línea de pensamiento con pocas divergencias. En una mesa redonda, discutirían por la letra pequeña y todos estarían de acuerdo, por ejemplo, en la preferencia por la gestión privada o la desregularización financiera. .

Los partidos de derecha e izquierda se polarizaban por el matrimonio gay; no, por la política de aranceles. Los modelos económicos experimentaron una convergencia que se plasmó en la tercera vía británica. La izquierda, esa izquierda, también defendía las privatizaciones, la desregularización o la progresiva desaparición de los impuestos directos progresivos y se desvinculaba de los sindicatos, que perdían poder al no tener capacidad de presión política. Sin exagerar, se puede decir que la social-democracia se convirtió en el Prêt-à-porter del neoliberalismo y destruyó su base ideológica y su red social.

Llega la crisis. La social-democracia no puede regresar al keynesianismo del golpe y aplica políticas neoliberales sin pensar que son suicidas porque destruyen los ascensores sociales y los mecanismos cohesionadores. La clase media, base de la social-democracia, experimenta un proceso de depauperación. La precarización del trabajo precariza la organización de los trabajadores y extiende el miedo y la desafección. Además, la llegada de la crisis provoca la salida de la agenda pública de los temas sociales, de costumbres, con lo que la polarización deja de existir y conservadores y social-demócratas aparecen en el mismo bloque; con alguna diferencia, cierto, pero escasa y, sobre todo, en lapsos de oposición. Cuando ha estado en el poder, la social-democracia mediterránea, España, Portugal o Grecia, ha actuado de forma similar a los partidos conservadores. En Grecia, aceptando el proceso de recortes y, en España, incluyendo en la Constitución una cláusula sobre la deuda propia de los años 80 latinoamericanos. La social-democracia se presenta como lenitivo, como resistente a un proceso que asume como inevitable. No presenta proyecto, sino nostalgia de sí misma.

El otro lado, de momento, está vacío. Movimientos como el 15-M, Occupy, partidos tradicionales de izquierda, nuevos partidos de izquierda provenientes de la antiglobalización o partidos populistas o  han intentado ocuparlo. De momento, salvo Syriza en Grecia, han tenido poco éxito y prevalece la abstención; quizá esperando una evolución de la social-democracia hacia el liderazgo de ese grupo heterogéneo. No es probable que tal cosa suceda. La social-democracia no tiene una fuerte presión generacional y sus dirigentes están plenamente integrados dentro del sistema corporativo. Lo probable es que, como el 18 de Brumario o en 1868, los partidos social-demócratas experimenten un acojono generalizado en cuanto la situación comience a desbordarse y convergerán definitivamente con los partidos conservadores.

La gente de orden debería estar muy poco tranquila con la hegemonia intelectual del neoliberalismo y muy inquieta con la debacle de la social-democracia. El hueco que deje puede ser ocupado por gente que no acepte la situación y, por ejemplo, quiera desmontar el sistema energético o el religioso, por decir dos . En España, la prensa de derechas se regocija de la debacle del PSOE porque supone que el turno de partidos seguirá y que toda esta situación es coyuntural. Es probable que la crisis (iniciada en España el 20 de noviembre de 2011), que reconfigurará tantas cosas, afecte también al sistema de partidos. La social-democracia, y de este dato deberían partir los análisis, no es inmortal.

Que se pase página

Lunes, 5 de Noviembre de 2012

Sobre las 13:03 del tres de julio de 2006, una unidad de tren de la red de MetroValencia con unas 150 personas a bordo descarriló en una curva cercana a la estación de Jesús causando la muerte a 43 personas e hiriendo a 47. Según el portavoz de la Generalitat, Vicente Rambla, el accidente se debió exclusivamente a un fallo humano y fortuito.

Los sindicatos ferroviarios y partidos políticos de la oposición solicitaron la dimisión del Conseller de Infraestructuras, Ramón García Antón, al considerar que el accidente era evitable porque se debía a una ausencia de inversiones en materia de infraestructuras y seguridad en la línea desde que se inauguró ésta en 1988. El sistema de emergencia de la línea de metro del accidente de Valencia (FAP) era 40 veces más barato que el de frenado automático (ATP) que ya tenían todos los metros de España. Según el portavoz de la Generalitat, Vicente Rambla, el accidente se debió exclusivamente a un fallo humano y fortuito. En 2005, la línea ya había tenido un accidente : 47 personas resultaron heridas en un choque entre tres máquinas. En diciembre de 2003, uno de los maquinistas de la línea denunció por escrito a la empresa la “velocidad excesiva en la precaución de Plaza España con Jesús”, el tramo del accidente. Según el portavoz de la Generalitat, Vicente Rambla, el accidente se debió exclusivamente a un fallo humano y fortuito.

Hubo una comisión de investigación. Duró cinco días y resolvió que el accidente se debió exclusivamente a un fallo humano y fortuito. Tal y como ya había dicho el portavoz de la Generallitat, Vicente Rambla. A finales de 2007 la Justicia archivó el caso en los tribunales. Daba por extinguida la responsabilidad penal tras la muerte del conductor del tren. Oficialmente fue un accidente “imprevisible” e “inexplicable”. Tal y como ya había dicho el portavoz de la Generallitat, Vicente Rambla. Meses después, se produjo la única consecuencia del accidente: la estación de metro de Jesús fue rebautizada como Joaquín Sorolla.

Desde 2006, ha habido cinco procesos electorales en Valencia: 2007 y 2011 (municipales y autonómicas), 2008 y 2011 (generales) y europeas (2009). En los cinco, la mayoría de electores votó al Partido Popular. Es decir, consideró normal todo lo anterior. Por ejemplo, que las comisiones de investigación duren cinco días o que se invirtiera en torneos deportivos antes que en sistemas de seguridad del transporte público.

PD: En febrero de 2012, el diario El Mundo publicó que la empresa de comunicación HM&Sanchis fue contratada por Ferrocarrils de la Generalitat para preparar las comparecencias. HM&Sanchis elaboró un documento con toda una serie de recomendaciones para que los técnicos del metro resultaran creíbles en sus comparecencias ante la comisión parlamentaria de investigación y detallaba estrategias para afrontar las preguntas de los grupos de la oposición. El documento, titulado Reflexiones para la comparecencia en la comisión de investigación de las Cortes Valencianas, indicaba que el objetivo era que los técnicos del metro —“pregunten lo que pregunten” los grupos de la oposición y “se desarrolle como se desarrolle” su intervención en la comisión— dejaran claro que el siniestro fue “un accidente” y que “no puede ser atribuido a ninguna deficiencia técnica ni a ninguna dejación de responsabilidades”. Solo entonces, el presidente de la Generalitat destituyó a la gerente del Metro. El Partido Popular rehusó reabrir la comisión de investigación. David Serra señaló que las instancias judiciales dejaron “resuelto el tema” y dijeron “lo mismo” que se concluyó en la comisión de investigación que sobre este asunto ya se celebró en las Corts: que el exceso de velocidad fue la causa. Tal y como ya había dicho el portavoz de la Generallitat, Vicente Rambla. Asimismo, ha pedido que se “pase página” con el accidente de metro porque “se tiene la certeza absoluta” de las causas del siniestro. Tal y como ya había dicho el portavoz de la Generallitat, Vicente Rambla.

Que se pase página.

Eso es lo que va a pasar con el Madrid Arena, que se le cambiará el nombre y se pasará página porque todo fue un accidente. Tal y como ya dijo el vicealcalde Miguel Ángel Villanueva.