Archivo de Octubre de 2012

Transferencias de renta (Cómo el dinero viaja de Villaverde a Las Rozas)

Jueves, 25 de Octubre de 2012

Leímos:

Se espera, calculan en el Ejecutivo [de la Comunidad de Madrid], que los nuevos presupuestos estén aprobados para la primera mitad de julio. Parte de los mil millones de recortes ya se incluye en los 654 millones detallados en el Plan Económico Financiero presentado al Ministerio de Hacienda en mayo. “En recortes de personal y subvenciones, ahorraremos otros 300 millones y el resto en tasas y otros ingresos”, ha apuntado el consejero de Economía y Hacienda.

En el capítulo de ingresos, Aguirre ha apuntado que serán 60 millones por la extinción de consorcios urbanísticos, 50 por la privatización parcial del Canal de Isabel II y 15 procedentes de tasas. En la rueda de prensa, Manglano ha citado 74, pero en realidad, según han corregido horas más tarde, son 65 tasas. De ellas, 37 son nuevas tasas, 19 son tasas modificadas y nueve tienen que ver con los precios públicos. Cuando Manglano ha anunciado, en una de sus pocas intervenciones, que se tocarán esas 74 tasas, Aguirre se le ha dado la vuelta sorprendida. “¡Pero si me dijiste 34!”, le ha dicho.

74 tasas; el liberalismo español condensado en tan poco espacio. Entre estas tasas:

Una de las de nueva creación es la que cobrarán por estancia de los mayores en centros de día, que tendrán que aportar “en torno a un 30% de su renta media per cápita”, También se incrementan los precios de las escuelas infantiles. “Vamos a subir tasas como la de la ITV y poner otras como cuando alguien pierde a su perro y lo recoge en la perrera municipal y que hasta ahora no pagaba nada. Vamos a poner una tasa por el tiempo que ha permanecido allí”, ha puesto de ejemplo la lideresa. Respecto a la tasa de la ITV, fuentes de Economía y Hacienda aseguran que será la empresa que presta el servicio (y no el usuario) la que pague un euro a la Comunidad por cada coche que inspecciones.

[…]

Otro de los recortes más importantes afecta a Sanidad. Aguirre ha anunciado que va a retirar de su cartera de servicios sanitaria todo lo que no aplique el Estado en el resto de comunidades y ha puesto dos ejemplos de servicios por los que habrá que pagar: el cambio de sexo y la vacuna del neumococo. También dejará de financiar los tratamientos contra el tabaquismo.

Otro medios ampliaban la extensión de las tasas: “empezar a cobrar a todo aquel que extravíe la tarjeta sanitaria”, “reducir la subvención de las becas de comedor y la ayuda a la compra de libros”, “el Gobierno regional ha minorado un 20% la aportación al turno de oficio en la prestación de asistencia jurídica gratuita”, “habrá que pagar por realizar pruebas deportivas autorizadas (106,05 euros), por participar en interinajes o estar inscrito en bolsas de trabajo (10 euros) o por renovar la tarjeta sanitaria en caso de rotura o extravío (10 euros)”,  “dejan de ser gratis la expedición de título de familia numerosa y las tarjetas individuales (6 euros), el informe de arraigo para la autorización de residencia temporal por circunstancias excepcionales (30 euros), la revisión del grado de dependencia (30 euros) y la revisión o certificación de grado de discapacidad (20 euros). Por inscribirse en el registro de uniones de hecho se abonarán 80,50 euros”.

Es una política económica que, intelectualmente, debe más a Lola Flores que a Thatcher: si todo el mundo me da un duro, yo soluciono mi problema.

Y llegamos a educación:

En las tasas por derechos de examen se modifican 15 tarifas con incrementos cercanos al 20%. La matrícula para estudiar cualquier titulación de Formación Profesional de Grado Superior costará 250 euros mientras que los precios de la Escuela Oficial de Idiomas se duplicarán pasando de los 100 euros actuales a 200 euros por curso. En el caso de los repetidores, la matrícula pasa de 110 euros a 220 euros por curso.

El precio de los créditos universitarios, según detalló la consejera de Educación, Lucía Figar, subirá un máximo de 9 euros por crédito, desde 21,94 euros actuales hasta los 31 euros.

Hace una semana leímos que la Comunidad cerraba los puntos de encuentro familiar; ayer, centros de atención a drogodependientes. ¿No hay dinero?, ¿no hay nada de dinero? Claro que sí. Leemos hoy:

Madrid tuvo que rescatar en 2010 a sus hospitales de gestión semiprivada

La Cámara de Cuentas revela que el Gobierno acordó restablecer el equilibro financiero de las concesiones y pagar a las empresas dos millones más al año

  • Hospital Infanta Cristina: 236.385 euros anuales más
  • Hospital Infanta Leonor: 674.929 euros
  • Hospital Infanta Sofía: 306.327 euros
  • Hospital del Henares: 110.029 euros
  • Hospital del Tajo: 86.206
  • Hospital del Sureste: 582.699

Tenemos una clara transferencia de renta entre señores que viven en Villaverde y pagan tasas necesarias para la consolidación fiscal porque hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y señores viven en Las Rozas y que reciben ese dinero para restablecer el equilibro financiero de las concesiones. Quizá porque hay muchos señores de Villaverde que creen que vivirán dentro de poco en Las Rozas si trabajan mucho o si comienzan a pensar como los que viven en Las Rozas o vaya usted a saber. Nunca se debe descartar la estupidez.
Enhorabuena a los premiados.

Bienio negro

Lunes, 22 de Octubre de 2012

La CEDA, Confederación Española de Derechas Autónomas (PP, PNV y CiU) ha logrado su objetivo. Gracias al timo de las banderas, se ha votado con una mano en el corazón y otra, en la entrepierna, lo que deja los bolsillos al descubierto. No habrá una convocatoria electoral hasta 2014. Nos espera un bienio negro. Otro. Sin ánimo de ser exhaustivo, la caída de la recaudación fiscal provocará el incumplimiento de la cifra de déficit. Tras el rescate, llegarán las pensiones (congelación o bajada), aumentarán los copagos, aumentará la presión fiscal sobre la clase media, se privatizará la sanidad, desaparecerá la Ley de Dependencia, desaparecerá un tercio de la universidad pública y desaparecerá la presión fiscal sobre la clase dirigente (acuerdo Rubik con Suiza).

También es probable que veamos cómo las empresas españolas dejan de serlo. Unas, por compra directa y otras, por deslocalización. No les interesa que su nombre se una a España porque también tienen prima de riesgo en su financiación. A Telefónica, por poner un ejemplo, le iría mejor trasladándose a RU o Brasil, donde ya tiene delegaciones importantes.

A corto plazo, el pesimismo es la opción más razonable. Son medidas que consolidan miseria. Aunque nos neguemos a aceptar la comparación con otros países, sólo hay que hacer un pequeño razonamiento. Tenemos un sistema que se basa en que grandes grupos sociales tienen excedentes de renta para gastarlos alegremente. Se llama consumo. Estos excedentes se consiguen con sistemas sociales redistributivos, actualizaciones salariales, flujos de crédito y búrbujas sectoriales. Ninguno de estos cuatro sistemas funciona bien, luego el sistema se colapsará. No es probable que se haga este razonamiento. El español, como decía Machado, embiste.

La prueba del adjetivo

Viernes, 19 de Octubre de 2012

A la Ley de Seguridad Ciudadana, cabe aplicarle la prueba del adjetivo.

  • El Gobierno alemán quiere prohibir grabar las actuaciones policiales
  • El Gobierno marroquí quiere prohibir grabar las actuaciones policiales
  • El Gobierno francés quiere prohibir grabar las actuaciones policiales
  • El Gobierno sirio quiere prohibir grabar las actuaciones policiales
  • El Gobierno cubano quiere prohibir grabar las actuaciones policiales

¿Cuál de estos titulares resulta más verosímil?

Siete decisiones de Rajoy que nos han llevado al rescate

Jueves, 18 de Octubre de 2012

Ahora que nos llega el rescate, la intervención y, en fin, el pozo, del que sólo saldremos si se hunden los demás (cosa bastante probable, no se crean), la prensa de la CEDA dirá que estábamos muy mal y que ya no se podía hacer nada. Merece la pena hacer un pequeño recorrido de las cosas que han pasado estos últimos 10 meses para comprobar la falsedad del determinismo repasando siete decisiones claves que ha tomado el Gobierno de Mariano Rajoy. Un señor, recordemos, que dijo hace menos de un año: “No eche usted la culpa a los demás de lo que pasa en su Gobierno”.

1.- Crear falsas expectativas. Desde el suicidio voluntario de Zapatero en Mayo de 2010, no había necesidad de seguir diciendo tonterías taumatúrgicas. Se podía haber adoptado una posición severa, advirtiendo al personal de que llegaban tiempos muy complicados y que no habría resultados inmediatos. Sin embargo, en una entrevista al diario El Mundo, Rajoy anunció: “Con mi Gobierno habrá crecimiento sólido y empleo en dos años”. Sin entrar en el menudeo de la tropa, como el millón de emprendedores que iban a surgir según Glez. Pons, el propio Rajoy prometió, en un acto de su partido, que iba a rebajar la tasa de desempleo a la mitad, como en el 96.

2.- Jugar con la cifra de déficit. El cachondeo comenzó pronto. Nadie obligó a varios miembros del Gobierno, desde los cuatro visires económicos (Montoro, Guindos, Nadal y Beteta), al ministro de Interior a dar diferentes cifras de déficit durante las primeras semanas de su ejercicio. Se mire como se mire, que miembros distintos del mismo Gobierno den datos diferentes sobre una cuestión tan delicada no proporciona sensación de coordinación.

3.- Asustar con las facturas en los cajones. Es algo que queda muy bien de cara al interior, para los tertulianos, pero que da una pésima imagen exterior. Tras haber ganado por aplastante mayoría y con el precedente de Grecia, no había necesidad de prodigar las declaraciones alarmistas.

4.- Aplazar la presentación de los presupuestos (hasta la celebración de las elecciones andaluzas). Con todos los ojos puestos en España, era bastante irresponsable aplazar la presentación de las cuentas públicas por una posible victoria en unas elecciones regionales. Como todo lo anterior, y casi todo lo posterior, es algo que tiene una coherente explicación doméstica, pero pensar que estamos aislados revela una frívola incapacidad mental.

5.- Ponerse chulo en Europa. Esta es la más importante. Ni el déficit, ni las elecciones andaluzas, ni Bankia, ni la alineación de los tres soles con el cristal oscuro. Este es el momento en el que España, situada con Italia al borde del abismo, da un paso al frente. Rajoy no tenía ninguna necesidad de tocar las narices a todo el mundo y quedarse sin ningún aliado, incluso, antes de hacerlos. Recordemos: “Rajoy se enfrentó abiertamente a las reglas de la Unión, como nunca lo había hecho en más de 25 años, y tras dos días de indisimulado silencio, de perfil bajo, anunció ante la prensa lo que no quiso decirles a los 26 jefes de Estados y de Gobierno presentes en la reunión: que el déficit de 2012 será del 5,8% y violará así, de largo, lo pactado con Bruselas”. “El déficit es una cuestión de soberanía nacional”, dijo Rajoy en una rueda de prensa cuando todo el mundo ya se había ido. Ay. Se lo están haciendo tragar.

6.- Dejar estallar la bomba de Bankia (sólo por criterios políticos). Se despreció la solución La Caixa para no ceder la cabina de mando. Cuando la situación se hizo insostenible, el Gobierno decidió que lo único importante era salvar la imagen de su partido, representado en la figura de Rato, aunque hubiera usar la táctica de la tierra quemada y sembar más desconcierto internacional. Recordemos que, esos días, miembros del PP sostuvieron que el Banco de España era un desastre que no había supervisado nada y que no se sabía el tamaño del agujero financiero español. De nuevo, estamos ante algo que puede quedar bien para Herrera en la Onda, pero que, escuchado en Bruselas o Canary Wharf, pone los pelos de punta.

7.- Hacer el ridículo sin pensar que hay público. Como hemos visto, ha sido algo generalizado durante estos 10 meses de de legislatura y que podemos metaforizar en Rajoy saliendo por el garaje del Senado para evitar preguntas cuando se hablaba del rescate a la banca. Pensemos de nuevo en ese empleado del distrito financiero de Londres al leer: El presidente del España huye por el garaje del Senado para no responder a la prensa. Buenooooo, se dirá, cómo están estos. Se hacen o dicen las cosas pensando que son sólo para consumo doméstico sin saber que hay muchos corresponsales en España y que existe una cosa llamada internet que hace que las cosas, textos, fotos, vídeos (como el de la policía entrando en la estación de Atocha), etc… lleguen inmediatamente a todos los sitios.

7 bis.-Dejar en ridículo la palabra ridículo: Recordemos: “No me han presionado; lo he pedido yo”. “Y ahora que está todo arreglado, me voy al fútbol”.

PD: Habría más, como concentrar todo el esfuerzo recaudador en el motor de la economía, carecer de política exterior o dejarse llevar por el romancero en la gestión de las fuerzas del orden. La principal, sin embargo, ha sido no rectificar la senda de Zapatero y ceder a las exigencias alemanas. Las espirales de deuda provocan austeridad y ésta, miseria. Tenemos un sistema que se basa en que grandes grupos sociales tienen excedentes de renta para gastarlos alegremente. Se llama consumo. Estos excedentes se consiguen con sistemas sociales redistributivos, actualizaciones salariales, flujos de crédito y búrbujas sectoriales. Ninguno de estos cuatro sistemas funciona bien. Ya me dirán cómo puede funcionar la sociedad de consumo sin consumidores.

PD2: Quizá, se confía en que la flexibilización de la sanidad provoque una flexibilización de la esperanza de vida y aumenten las herencias. Alambicado. Es más probable que la flexibilización de la sanidad, con flexibilización de la esperanza de vida o sin ella, provoque un endurecimiento del colchón familiar.

La mayoría de cosas que era probable que pasaran han pasado

Miércoles, 17 de Octubre de 2012

El 13 de octubre de 2011 escribí:

Cosas que es probable que pasen el año que viene
Se tratará de convertir la deuda autonómica y municipal en estatal (hispabonos) y la deuda privada, en pública (recapitalización). Si se consigue, aumentará la tensión sobre nuestra economía; si no, también.

Habrá una reforma laboral de choque con reducciones en las cuotas a la seguridad social y del impuesto de sociedades. Se crearán nuevas deducciones y ayudas al empleo. Las rebajas de impuestos no provocarán un aumento significativo de la actividad económica pero sí, un descenso en la recaudación.

Se recuperarán viejas medidas de estímulo como la deducción por compra de vivienda o el plan prever.

Se compensará la morosidad a las empresas (de las administraciones autonómicas y locales) con amnistías fiscales sobre dedudas al estado central.

La tensión, el descenso en la recaudación y la recesión global llevarán a la economía española a sus peores datos (por fin se llegará a la cifra de cinco millones de parados) que se achacarán a la herencia recibida y serán la excusa para lanzar nuevas leyes laborales y de servicios públicos y subidas regresivas de impuestos.

Se subirá el IVA y la mayoría de tributaciones locales.

El nuevo marco laboral extenderá la indemnización de 20 días por año trabajado con un máximo de doce mensualidades, la desvinculación de sueldos e inflación y la desaparición de los convenios de sector. Se tenderá a facilitar la apertura de grandes superficies y desregularizar horarios.

Se reformará el estatuto del empleado público.

Habrá un nuevo marco en la sanidad que potenciará la cooperación público-privada. Entre otras cosas, se permitirá el alquiler de instalaciones y la cesión de personal. Se establecerá el copago. Se reformará la Ley del Aborto para que la interrupción del embarazo deje de ser un derecho y una decisión privada.

Habrá un nuevo marco en la educación que potenciará la cooperación público-privada. Entre otras cosas, se permitirá que empresas privadas gestionen instalaciones públicas. Sobre todo, en la universidad, donde habrá una subida generalizada de tasas.

Habrá un nuevo marco en la prestación de servicios públicos donde se tenderá al control de los receptores para descolgar al mayor número de ellos y a la gestión por parte de organismos de caridad, a poder ser, católicos, y la participación de voluntarios.

La Ley de Dependencia sufrirá una transformación que, básicamente, significará traspasar la responsabilidad de la atención y la gestión de los fondos a organismos de caridad, a poder ser, católicos. La recepción de los servicios dejará de ser un derechos reclamable para pasar a ser discrecional.

No había que ser muy listo; bastaba con leer. Lo expliqué en verano. Y añadí:

Lo previsible era que los problemas crecieran, que descolocaran al Gobierno y que éste, sin programa, ni liderazgo, tuviera que echar mano de la parte ideológica, Faes, Patronal, servicios de estudios, y convertir en leyes sus informes: mutualización de la deuda autonómica y privada, reforma laboral con 20 días y sin convenios, subida del IVA, la amnistía fiscal, privatización y copago de todos los servicios públicos. La situación irá a peor porque son medidas ideológicas; es decir, que no tienen en cuenta la realidad. Estamos en manos de la Guardia Roja de Esade que, como Mao, dejará morir a la gente al lado de los silos de trigo sólo para conseguir que se cumplan sus previsiones (es una metáfora: las pymes morirán al lado de bancos llenos de liquidez del BCE que no usan). La recesión se agravará y seguiremos en la espiral de la deuda; deuda para pagar deuda. De la deudocracia sólo se sale dejando de pagar. Todo lo que tardemos, será más hundimiento.

La situación irá a peor porque somos una explosión grande pero delimitada; incluso, geográficamente, lo que quiere decir mentalmente. España es un país con un gran botín en forma de empresas que, en los últimos años, se han internacionalizado con tanto éxito que el mercado nacional es una rémora. Lo lógico es que muchas de ellas, muy baratas por las bajadas del Ibex, sean compradas y dejen de ser españolas. Habrá rescate, se profundizará en la intervención y habrá nuevas medidas que serán las que se han negado, como la reducción de las pensiones. En marzo, añadí que esperaba equivocarme. Ya no lo sé. Quizá Zizek tenga razón y sea necesario que las cosas vayan muy mal para que haya una toma de conciencia y todo cambie.

No sabemos dónde nos hemos metido.

La amargura y el cabreo

Lunes, 15 de Octubre de 2012

Se habla poco de Escocia. Incluso, en Barcelona. La Vanguardia le ha concedido un espacio limitado y, sobre todo, ha evitado unir destinos. No hay vidas paralelas. No se ha buscado poner el espejo de Londres ante Madrid para forzar al Gobierno a aceptar la consulta sobre la independencia. No se ha buscado poner el espejo de Escocia ante quienes afirman que no hay sitio para nuevos países en la UE y que todo cambio en las fronteras es imposible, que es España o la nada. No tenemos ningún motivo para pensar que hemos llegado al fin de la historia y que estas entidades administrativas van a pervivir eternamente. Las fronteras cambiarán, como lo han hecho siempre, unos países desaparecerán y otros verán la luz bajo las formas de organización que hemos conocido o con otras; vaya usted a saber. Aunque, ojo, para poder, primero hay que querer. Catalunya quiere plantear una consultasobre el derecho a decidir; Escocia decide y punto.

La explicación de que no se haya ofrecido el relato de vidas paralelas es que la solución escocesa es muy fría: referéndum a fecha marcada con una pregunta muy simple y condiciones claras. Ofrece realidad a un relato emotivo, algo siempre desaconsejable, una fecha a una profecía, un presupuesto por hacer más allá del arco irís, una hora de llegada al puerto de Ítaca. La solución británica es aséptica y ordenada porque, allí, el problema territorial tiene esas características. Hace tiempo, el Scottish Party abrió una web sobre la posible independencia y prácticamente todas las preguntas que había eran administrativas; nadie se cagaba en el cadáver de William Wallace. La cuestión territorial española no es aséptica ni ordenada porque no se basa en la razón; es exhaltada y bulliciosa porque se basa en sentimientos. Por eso, es probable que la metáfora del timo para explicar el actual estado de tensión territorial sea demasiado simple porque, además de presuponer una inteligencia difícil de encontrar, no tiene en cuenta el factor emotivo. No podemos olvidar que el motor de El Golpe no era el dinero, sino la venganza.

La relación de Catalunya con España… Un momento. ¿Se puede simplificar así? No. La relación de las élites (políticas, económicas y culturales) asentadas en Barcelonan con las élites (políticas, económicas y culturales) asentadas en Madrid ha sido de regeneracionismo, incluso antes de que esta palabra se inventara. En los últimos dos siglos, Catalunya (usemos la metonimia de aquí en adelante) ha ofrecido a España proyectos, modernización, ideas, renovación; en una palabra, regeneracionismo. Desde las sociedades económicas de amigos del país del XIX hasta la la entrada en la UE, coincidente (marco mental) con los Juegos de Barcelona, pasando por el plan de estabilización de Franco o el de los 90. Las relación de las élites españolas con las élites catalanas ha sido una una mezcla de admiración e insulto. No es una combinación extraña porque el castellano adquirió con la contrarreforma la fe en la razón de la fuerza y, como dijo Machado, desprecia cuanto ignora. En Catalunya, la autoimagen de superioridad moral, más que el rendimiento material, enjugaba el posible dolor de ese desprecio.

El problema que tenemos es que esa relación se ha roto simultáneamente por varios sitios. Catalunya ha perdido liderazgo, músculo, fuelle, como quiera llamarse, y ya no es una referencia imprescindible, ya no es la puerta de entrada de las ideas, Barcelona ya no es la ciudad más europea (ojo, frase reducida a chascarrillo chanante). El análisis es complicado porque, ante cualquier situación, los católicos (todos los somos, incluidos los que también somos ateos) buscamos la palabra culpa y volvemos al ruido que impide pensar.

Catalunya ha perdido importancia quizá por la ausencia de grandes objetivos colectivos (el último, el Fórum, la globalización vista desde la antiglobalización o viceversa), quizá por el ensimismamiento de la construcción nacional, quizá por la debilidad de las cuatro últimas legislaturas, quizá por el cansancio que provocó la guerra por el Estatut (en la oposición, la derecha no pelea por nada, destruye y punto), quizá por el nuevo sistema autonómico multipolar que ha creado 17 sistemas con redes propias, quizá porque Ryanair permite viajar desde Valladolid, Santander o Granada a Londres por menos dinero de lo que cuesta un billete a Barcelona o quizá por factores cíclicos o azarosos que se nos escapan. Barcelona, dice un amigo, ya no compite con París o Berlín, sino con Valencia o Bilbao. Hay decepción, frustración, pesimismo o desesperanza; sentimientos, en definitiva. La idea estaba en el ambiente, pero la alarma saltó, aunque cueste creerlo, el 15-M. No sólo porque fuera Madrid el origen del movimiento, sino porque fue aceptado sin proporcionarle un carácter propio. Barcelona imitaba a Madrid.

A la lista anterior, hay que añadir la explosión del Gran Madrid (Madrid se nos va, dijo Maragall). Operación, o improvisación, realizada gracias al dinero público (presupuesto públicos y cajas de ahorros), desde las infraestructuras radiales a las zonas industriales o los PAUs. Madrid no sólo ha engullido toda la meseta central, por acción u omisión (AVE u olvido), sino que su poder de atracción gravitatoria se deja notar en incluso en Valencia, convertida en el nueva alternativa a la Sierra tras su sueño veneciano. El mapa ferroviario se transformó en marco mental y el Gran Madrid se ensimismó viéndose en el centro de todo. Uno ya no proponía y el otro no escuchaba. También se cerraron otras vías por la dimisión de quienes antes se situaban en medio de la lucha emocional de las élites; grupos fuera de la derecha que tenían en Catalunya el antiguo referente de modernidad. Fueron expulsados hace dos años. Después desgañitarse en círculos públicos o privados, vieron cómo las élites catalanas abrazaron a quienes habían sostenido que eran poco menos que nazis. Ya no se volverían a poner en el medio. No lo están haciendo. Se construía, lo dije hace un año, un horizonte de sucesos emotivo: una hipersuperficie frontera del espacio-tiempo, donde los eventos a un lado de ella no pueden afectar a un observador situado al otro; qué poética es la física.

Y hay que completar el cuadro con la sensación de desesperanza aportada por el propio Mas, pionero en el suicidio social. El nuevo Govern, con numerosa presencia de las escuelas de negocios, ha aplicado tres tandas de recortes basados en el consenso neoliberal que, como ha sucedido siempre en todos los lugares del mundo, han abierto el camino de la miseria y la tensión social. Crece el grupo de gente que no tiene nada que perder ni que ganar. Se propone dignidad y aguante, pero, en las aldeas protestantes, todos visten de negro y los Millet o Prenafeta visten una cinta blanca; no son defendidos. El mensaje no es coherente. La autoimagen es cada vez más borrosa.

Pese a la pérdida de liderazgo, a Catalunya le quedan resortes; por ejemplo, un club deportivo, un grupo financiero o un grupo parlamentario. La pasada legislatura, cuando la crisis comenzó a apretar, volvió a hacer un ejercicio regeneracionista ayudando al gobierno de Zapatero a aplicar las primeras medidas de suicidio obligadas por Alemania, en lugar de apostar por el caos del PP. Ofreció también su colaboración para, como en el 93, confeccionar un plan económico que sirviera para ambos gobiernos y facilitara la transición. El Gran Madrid no escuchó. Zapatero se centró en gestionar su paso a la historia y Rajoy dio el partido por ganado; además, pensaba, los intereses son coincidentes, todos somos la CEDA. Antes de las elecciones, La Vanguardia, que había hecho un duro trabajo de humanizar al PP, recordó a Rajoy que, en su momento, había sido el diario más importante en apostar decididamente por él como líder de la derecha española frente a la operación Aguirre. Ni por esas. Catalunya enviaba mensajes. Por ejemplo, el famoso editorial o la gran sensibilidad ante las muestras de afecto que le llegaban del Vaticano, diferenciádolo muy bien de la Conferencia Episcopal Española, otro actor del Gran Madrid.

Tras las elecciones, más incomunicación. La clave estuvo en Bankia, financiadora de la explosión del Gran Madrid y de la Valencia Veneciana. Catalunya (élites barcelonesas, insisto) vio cómo se despreciaba a La Caixa como solución (¿qué esperaban?, ¿no recordaban el antes alemana que catalana?) y se prefería dejar estallar una bomba a ceder los mandos; la voluntad de poder del Gran Madrid optaba por el desastre, el rescate, y que la factura, no sólo económica, fuera compartida, antes que perder importancia. Por ese pozo fecal se irá buena parte de lo que nos rodea y de lo planeado; desde los servicios públicos a las infraestructuras, como el famoso corredor mediterráneo, alternativa económica y mental al sistema radial. El norte y el noroeste, sus últimos tentáculos, no peligran. La conclusión es obvia: no sólo nos desprecian, sino que nos hunden. A la decepción, frustración, pesimismo o desesperanza, sentimientos introspectivos, se unen la indignación o el cabreo, sentimientos proyectables. Después, el fondo autonómico. En lugar de optar por la formula mutualizadora que se defendía fuera, se jugó con posibilidades que introducían un factor más emotivo que administrativo, la intervención. Se dio marcha atrás, pero el mal estaba hecho.

Llegamos a finales de agosto. Elecciones en Galicia y País Vasco. Era lógico pensar que, para evitar hablar del rescate otoñal, los recortes sociales, la extensión de la miseria o la destrucción del centenario sistema financiero gallego, la CEDA buscaría hablar de banderas; prepararía una puesta en escena para que el debate se centrara en la cuestión territorial: pedir el voto contra ETA en Porriño. Catalunya tenía un papel menor en la escenografía con una manifestación el 11-S. Los sentimientos acumulados (decepción, frustración, pesimismo, desesperanza, indignación o cabreo) se desbordaron. La manifestación logró que la autoimagen comenzara a dejar de estar borrosa y, además, encauzó la tensión social ofreciendo un culpable exterior y recuperó la calle, perdida en los últimos años. Ante la falta de respuesta (salvo en los medios orgánicos) por otras preocupaciones, creció la escalada hasta que el tema, un mes después, es de lo único que se habla (le ha costado). Hace dos años, La Vanguardia, advertí­a sobre la amargura y el cabreo constituidos en entidad polí­tica. Ya se ha producido.

Es complicado hacer previsiones. Si esto fuera en serio, CiU rompería esta semana todos sus múltiples pactos municipales con el PP y comenzaría contactos con Escocia para abrir una oficina en Bruselas para diseñar y negociar las transiciones. Trataría de unir destinos poniendo a Madrid ante el espejo de Londres. Además, claro, de ir buscando apoyos más allá de la emotividad. No es probable que suceda lo anterior. Lo primero, quizá, y sólo en lugares simbólicos como la alcaldía de Badalona, pero lo segundo, no. El objetivo no es la independencia porque sería un proceso exhaltado y bullicioso con consecuencias económicas y sociales imprevisibles. El objetivo, tras la victoria electoral, es la recuperación de la autoimagen, la redefinición del sistema España hacia la desautonomización para que Catalunya no sea sólo una entre 17, para que vuelva a ser regeneracionista e intervenga en las decisiones.

Probablemente, la estrategia tiene dos modelos, el vasco y el andaluz. Euskadi, violencia aparte, siempre se ha manejado en el terreno del órdago, el Or Dago, ahí está, expresión vizcaína que combina la fanfarronada con el amor por las apuestas; Andalucía tiene fama de terreno movedizo desde que fue el Waterloo de Adolfo Suárez y su UCD. La primera tiene un concierto económico y la segunda es una nación a efectos legales, las dos cuestiones que fueron emasculadas del Estatut. Catalunya irá navegando en el órdago y no se conformará con volver a influir en las decisiones, sino que buscará una cabeza que cortar. Queda saber cómo se gestionarán las expectativas, las ilusiones, las esperanzas, cómo se vuelve a situar el barco en medio del océano, otra vez camino de Ítaca. El PSC está hundido porque prometió un salto en el bienestar y otro, en el encaje en España que se frustraron por la crisis y el Constitucional. No basta el ‘ya se verá’. Hará falta mucho músculo comunicativo para embridar esta situación. Hay situaciones creadas que son irreversibles, muros construidos, puentes derribados, incomunicación, horizontes de sucesos. Y, sobre todo, será difícil reparar el daño intelectual producido.

Por ideología y por capricho

Lunes, 15 de Octubre de 2012

Dice Artur Mas en La Vanguardia:

Nosotros no somos dueños de los recortes. Los recortes no se hacen ni por capricho ni por ideología, se hacen por estricta e imperiosa necesidad porque todo lo que gastamos de más con respecto a lo que tenemos autorizado, no lo podemos pagar. Y si no lo podemos pagar, ¿qué sentido tiene gastarlo de más?

Mentira. Rajoy ha dicho cosas parecidas y también son mentira. Una de las primeras medidas de su administración fue suprimir el impuesto de sucesiones, por el que se recaudaban 250 millones de euros. Unas estructuras públicas, como los consejos comarcales, se mantienen, mientras otras se cierran, como los hospitales.

Claro que se puede elegir y lo está haciendo. Por ideología y por capricho.

Las empresas tienen que ganar dinero (y lo dice un comunista)

Jueves, 11 de Octubre de 2012

El Banco de España dice que el problema son los márgenes de beneficio y ha pedido a las empresas que los sacrifiquen para no destruir más empleo. Todo el mundo, o casi, se ha felicitado por esta decisión, aunque es manifiestamente errónea. El problema no son los márgenes empresariales (y lo dice un comunista), sino la presión que existe sobre ellos por parte del sistema financiero y, más concretamente, de los elementos más improductivos del sistema financiero. No hablamos de bancos tradicionales, sino de instituciones de inversión, analistas, gestores de fondos, agencias de calificación y prensa especializada. Elementos parasitarios que no sólo no producen nada, sino que joden a quien sí lo hace.  Hace tiempo que dejaron de ser el avituallamiento del sistema productivo; controlan el dopaje y las apuestas. Aunque nos parezca difícil de creer porque pensamos que las multinacionales son todopoderosas, están sometidas a la misma presión vampírica que el sector público. Incluso, también, hasta su destrucción.

El problema no son los márgenes de beneficio, sino que éstos tienen que realizar una progresión geométrica. Es decir, las cifras no tienen que ser buenas, sino mejor que el período anterior en porcentaje. Una buena cifra de facturación o, incluso, de beneficios, puede ser despreciada si no representa una mejora porcentual significativa. Se trata de una escalada suicida fácilmente comprensible. Dentro de la vida en pareja, dos polvos semanales de tres cuartos de hora cada uno es una cifra razonable. Pero, si un agente externo nos obliga a que cada semana aumentemos el porcentaje en un 20%, podemos acabar teniendo que echar unos siete diarios, cifra que, se mire como se mire, es desmesurada. No hay tiempo para que sean de tres cuartos de hora, luego hay que bajar mucho la calidad y, después, el cuerpo da lo que da, luego habría que subcontratar o, aún peor, deslocalizar. O, quizá, fusionarse. O, también, despedir y pasar del coito al onanismo (por ejemplo, lo está haciendo Juan Luis Cebrían en Prisa). La presión externa terminaría por hundir el ya maltrecho colchón. En el caso de las empresas sucede algo muy similar. La presión externa para que los beneficios aumenten geométricamente provoca todas estas decisiones, subcontrataciones, deslocalizaciones, fusiones o despidos (ahí ganan dinero los parásitos que asesoran o gestionan los movimientos de dinero), que destruyen la solidez que debería tener el sector productivo. La gestión queda reducida a la aplicación de recortes y se produce una feudalización de la empresa: estratos con gran diferencia de privilegios con fuerte tendencia al conservadurismo: los de arriba no quieren perder su estatus.

A la presión geométrica se une la de la periodicidad. Las empresas tienen que ofrecer sus balances trimestralmente, algo absurdo porque es imposible analizar decisiones estratégicas en noventa días. Ni siquiera sirve para analizar la marcha de un kiosko de prensa o una panadería; ya no digamos Telefónica o Nokia. Es un lapso que sólo es útil a los que no hacen nada, a los  parásitos. Las empresas no pueden centrarse en nada porque cada tres meses son destripadas de un plumazo y, una mala decisión, puede ser la muerte; Nortel, por ejemplo. Las empresas cambian de CEO con una facilidad que, cada día, se acerca más al terreno del deporte (HP ha tenido más consejeros delegados en los últimos años que muchos equipos de la NBA) porque el cambio provoca la euforia de la posibilidad. Pero una vez que la posibilidad se concreta y el nuevo CEO toma decisiones en base a su idea, la euforia desaparece y, habitualmente, deja paso a la decepción. Si la empresa cede a la presión externa y cambia de CEO, su sustituto desanda el camino del anterior para emprender otro, con el coste que conlleva (beneficioso para los parásitos), que será igualmente decepcionante en cuanto se pase la euforia. No hay examen, sino sentimientos, expectativas, burbujas, humo, especulación, nada, en definitiva. La inversión, la investigación, la creatividad o la audacia estén proscritas. Todo ello provoca una bajada generalizada de la calidad; todo es de bajo coste, todo es una ñapa. Aunque cueste creerlo, estamos en unos años de fuerte parón tecnológico y lo que nos queda.

El problema no son los márgenes, sino la presión que existe sobre ellos. Las empresas tienen que ganar dinero (y lo dice un comunista) porque es parte importante de nuestro modelo. Ese dinero sirve (o servía) para pagar impuestos, para convertir ese dinero en masa salarial, para invertir en investigación, para crear subsistemas productivos, etc… Actualmente, la presión parasitaria del sistema financiero hace que ese dinero se detraiga de esos objetivos y pase, a través del chantaje (malas noticias, bajas calificaciones, ataques especulativos, espirales negativas) o la gestión de la incertidumbre (subcontrataciones, deslocalizaciones, fusiones, despidos o cambios de estrategia), al sistema financiero, donde desaparece en medio de bonus alcaloides y festivas burbujas.

Ya se verá. ¿Ya se verá?

Miércoles, 10 de Octubre de 2012

La parte más divertida de todas las películas de timadores no es el timo, sino su preparación. Cuando la banda monta el gran señuelo para realizar el gran golpe que les proporcione el gran botín. Suele durar casi todo el metraje y tiene varias fases que, habitualmente, comienzan con el reclutamiento de los participantes. Siempre hay un especialista en falsificaciones, otro que sabe poner acentos, un maestro del disfraz, otro que abre cajas fuertes, papel sustituido por el de informático, quizá un especialista en armas y una señorita estupenda que, últimamente, también sabe hacer falsificaciones, poner acentos, abrir cajas fuertes o fabricar bombas. Después, se reparten los papeles y, en una escena video-clip, diseñan la falsa escenografía. Finalmente, se echa el anzuelo a los primos, aprovechándose de su entusiasta soberbia. El público disfruta participando de todas las fases y su euforia va paralela a la de los timadores; es complicado no sentirse parte de la banda. La ejecución del timo, aunque siempre tiene su parte de intriga insinuando que algo puede salir mal y su parte de acción, con persecuciones o tiroteos, provoca menos entusiasmo que la preparación. Los prolegómenos, ya se sabe.

La política española está eufórica porque estamos en esa etapa. Se está preparando un gran timo, el de las banderas.

No era muy difícil prever que la CEDA, Confederación Española de Derechas Autónomas (PP, CiU y PNV, entre otros; tomadores de tributos o élites extractivas), buscaría centrar en la cuestión indentitaria el debate de las elecciones inicialmente previstas para el otoño, Galicia y País Vasco, para no hablar de la situación económica y, sobre todo, social. España va camino de la nada con paso firme y nada mejor que las banderas para que la gente olvide que, tras la austeridad, metaforizada por un niño con un tupper, siempre llega la pobreza, metaforizada por un niño con un tupper vacío (veremos imágenes muy duras). El primer año de Gobierno de la CEDA madrileña (segundo, de la catalana) ha traído menos renta, más impuestos, peores servicios, copagos generalizados y, sobre todo, mucho miedo y mucha frustración. No poder ofrecer ofrecer a los hijos los recursos para el ascenso social crea impotencia; no poder saber si uno tiene cáncer o no, también; tener que pedir dinero a la familia o volver a casa de los padres, más aún, quedarte en la puta calle, ni te cuento. Aún no sabemos dónde nos hemos metido. Para evitar que el debate se centrara en si había que recuperar el impuesto de sucesiones para pagar a los médicos o en si no sería conveniente dejar de pagar colegios del Opus para no tener que eliminar las becas de comedor y que todos los niños coman una vez al día, la CEDA sacó las banderas y preparó el timo.

En el reparto de papeles, la CEDA catalana y la CEDA vasca tenían que hacer el papel de agitador que despista al primo, el que arma mucho ruido para desviar la atención. En su caso, tras el plan Ibarretxe y el Estatut, había que hablar ya de independencia. Urkullu se equivocó en su primera entrevista y habló de impuestos (se posicionó en contra de la proporcionalidad: ”es una demagogia que paguen más impuestos los que más ganan”); no lo ha vuelto a hacer (“mantengo 2015 como horizonte para que Euskadi tenga otro estatus”, dijo después). La CEDA gallega lograría que no se hablara de la desaparición de su sistema financiero, una decena de entidades centenarias que superaron el 98, el 29 y la Guerra, pero no, el ladrillazo y la Lei de Caixas de Feijóo y sí, de Bildu. Resumiendo: votar contra ETA en Allariz. Sin embargo, la CEDA vasca lo tenía complicado porque Bildu, un actor nuevo, gestiona la palabra independencia y porque, en su caso, la secesión es el fin del paraíso fiscal.

El papel de agitador quedaba vacío y, en política, lo que está vacío se llena. Lo hizo la CEDA catalana que, en principio, sólo tenía que que montar una gran escenografía en la Diada. El éxito desbordó las previsiones y solucionó dos graves problemas. El primero, la calle, ocupada por movimientos sociales que, por su condición de globales, no se preocupaban de la construcción nacional (el nacionalismo catalán fue muy reticente con el 15M por la presencia de ordenadores y la ausencia de banderas); el éxito se ha visto en el 25-S: Barcelona fue la primera ciudad donde se rodeó el legislativo y ahora no ha pasado nada. El segundo, el estallido social. Situar la culpabilidad en Madrid y la felicidad, más allá del Arco Iris encauzaba un cabreo bastante extendido. Sin embargo, la cosa no acaba de cuajar y competía con otras noticias (manifestación del 15-S, posibilidad de nuevos copagos médicos, tasas universitarias, etc…). Fue necesario hacer más ruido. La CEDA catalana le dio una nueva vuelta a su papel de agitador y pasó a ser el loco solitario, el que dice que lo va a quemar todo con un bidón lleno de agua, el que se apunta a la cabeza con balas de fogeo (que estoy muy mal, eh). Se habló de estado propio. ¿Con qué calendario?, ¿con qué mecanismos?, ¿qué leyes hay que modificar?, ¿cómo se haría la transición? Nada, sólo felicidad más allá del Arco Irís.

Seis días después, Artur Mas escenificó ese papel de loco solitario en Madrid. Se presentó con un discurso cimentado en la superioridad moral, nos hemos cansado, igual que la Europa del Norte se ha cansado de la Europa del Sur y viceversa. Entre líneas, se leía, nosotros, que tenemos iniciativa, emprendimiento, creatividad y un fondo jansenista, protestante, para darle sentido a todo, tenemos que aguantar a estos vagos y maleantes, hijos de Carmen y Curro Jiménez. Si no hay dinero para pagar a las residencias de ancianos no es porque tengamos un fraude fiscal del 23%, uno de los más altos de Europa, o porque hayamos eliminado el impuesto de sucesiones, sino por culpa de la Meseta. El objetivo del discurso era embridar definitivamente la manifestación hacia la cohesión nacional que, para entendernos, quiere decir que la madre de Cornellà que no pude pagar el comedor a su hijo porque le han quitado la beca y lleva las lentejas en el tupper siente como enemiga a la madre de Leganés que no pude pagar el comedor a su hijo porque le han quitado la beca y lleva las lentejas en el tupper y, aún más, que la madre de Cornellà se sienta en el mismo barco que los miembros del Orfeó, que tienen sus cuentas en Suiza y nunca han visto un tupper. Pero dijo algo más: iba a convocar un referendum. Mala cosa para un timo hablar de cosas concretas. Días después, matizó sus palabras diciendo que bueno, que sólo en el caso de que hubiera una mayoría incontestable, bla, bla, bla. Mejor, seguir hablando de flors i violes.

La CEDA madrileña tiene otro papel, el de controlador del agitador, el tipo que dice, a veces, poniendo cara de preocupado, a veces, gritando aún más, no se preocupen que yo me encargo de todo. Es el que roba la cartera al primo mientras simula que lo protege de la pistola con balas de fogeo. Completan la escena periodistas que, cobrando de muchos amos, simulan que discuten y se enfadan o gente que hace estudios defendiendo que la felicidad está más allá del Arco Irís o en el País de Nunca Jamás. En medio, el primo, que somos todos, aunque no está claro porque, en este timo, hay mucho primo que ha aceptado participar en la preparación y formar parte de la escenografía.

La pregunta es qué pasará después, En las películas de timadores, se suelta la adrenalina con un una persecución y un tiroteo y, después, se reparte el dinero entre todos los participantes. Las películas nunca nos enseñan lo que sucede tras el timo, cómo gastaron el dinero o si lograron comprar esa granja en Kentucky para retirarse. Sólo se hace referencia a ese escenario como punto de partida de otra película similar: se arruinó o se aburrió y otra vez está en el ajo. Está claro que, tras las elecciones de otoño (que seguramente ganará), la CEDA va a repartirse lo que quede de lo público, desde la Renfe a los hospitales, y seguirá en su proyecto de precarización social (ya que no se puede devaluar la moneda, se devalúa la sociedad). Pero ¿y la clá?, ¿qué pasa con toda esa gente que se ha creído de verdad que esto iba en serio? ¿hay un plan B?, ¿cómo se va a modular, verbo de moda, la excitación provocada?

La CEDA catalana les dirá que no se puede dar el paso, que no es el momento porque aún no existe una mayoría social. Los bardos hablarán del camino largo, de Ítaca, que es una metáfora que siempre ha cuajado muy bien en Catalunya. Añadirán que hay que resistir con dignidad, aguantar, se volverá a hablar de jansenismo, de la raíz protestante que tiene Catalunya (quizá las familias importantes de Catalunya tributan en Suiza en honor a esa raíz). En Madrid, se dirá que la resilencia de Rajoy ha embridado el problema y habrá algún gesto muy menor que será muy publicitado. ¿Se lo creerán? El próximo mes de diciembre se desmontará toda esta escenografía para preparar las luces de Navidad. Después, llegará enero y habrá más impuestos, más copagos, menos renta, más pobreza, más miedo, más frustración. Es probable que ya no valgan las peleas de los títeres de cahiporra. ¿Alguien ha pensado en algo? Supongo que no. Ya se verá. ¿Ya se verá?

PD: En agosto escribí en La CEDA saca las banderas (cuidado con las carteras): “Hace tiempo, el Scottish National Party abrió una página para solucionar dudas sobre la independencia de Escocia. Como español, esperaba encontrar insultos cruzados, referencias más o menos escatológicas a Wallace, Robert The Bruce o Eduardo I o morralla desafiante del tipo os vamos a invadir, ¿quién os defenderá? o estamos mejor sin vosotros. Sin embargo, lo que había eran las preguntas razonables que le vienen a la cabeza a todo el que no vive del cuento: cotizaciones, impuestos, tratamientos médicos, normas de acceso a la función pública, titulaciones, etc… Todas esas cosas de las que nunca se habla aquí cuando se habla de territorialidad”. Hoy leo: “El Gobierno de Reino Unido y el de Escocia han llegado este martes a un acuerdo preliminar acerca del referéndum sobre la independencia de la región británica: la consulta popular se celebrará en 2014, tendrá una sola pregunta y en ella podrán participar los mayores de 16 años”. Esto dificulta el desmontaje de la escenografía del timo. Veremos.

No party for Richard Coast

Martes, 9 de Octubre de 2012

A la entrada del British Museum, de entrada gratuita, hay varias urnas donde se solita una donación de cinco libras, unos seis euros, mil pesetas. Son urnas cerradas, pero podrían estar abiertas porque la mayoría de los frisos se protegen sin metacrilato; basta un cartel que insta a no tocar nada (hay fallos, claro). Las urnas están llenas, y no de monedas sobrantes de los recuerdos, sino de billetes incluso superiores a las cinco libras sugeridas. Los británicos tienen claro que ese dinero va a ir al museo y no se lo va a quedar ningún Richard Coast. Y, en el caso de que lo haga, su partido no lo va a defender diciendo que se trata de una conspiración. Y, tampoco, la prensa afín, ni las asociaciones ciudadanas, ni nadie, salvo su familia más próxima y no mucho. No es probable que en su circunscripción le hagan una fiesta.

Esa es la marca de un país.

La marca España es que, tras el saqueo de las cajas de ahorros, no hay nadie aún que haya sido encarcelado y sólo hay muy tímidos movimientos judiciales que todos sabemos que acabarán en nada. La marca España es que, en el principal caso de corrupción de la historia democrática, el primer condenado ha sido el juez. Y es un juez conocido, mucho más que cualquiera de los ministros. La marca España es que ha ganado las elecciones un partido con casi 500 cargos públicos imputados judicialmente. La marca España es un país donde una empresa puede construir al lado del mar sin licencia y vender las casas; después, un gobierno ilegaliza esas casas, pero no las tira, y el siguiente gobierno las legaliza por 75 años. La marca España es ver a las fuerzas de choque de la policía asaltando la principal estación ferroviaria. La marca España es Eurovegas y ministras con mantilla. Olé.