Archivo de Abril de 2012

Ampliación del campo de batalla

Sábado, 28 de Abril de 2012

Mañana, 29 de abril, se cumplirá un mes desde la detención de tres personas en Barcelona. Un mes de prisión provisional para tres estudiantes detenidos antes de que se produjeran los incidentes más graves. Esta semana, el ministro de Interior reconocía que se había forzado el ordenamiento jurídico para su ingreso en prisión. Previamente, se había forzado la estructura política y el relato periodístico. El gobierno de la Generalitat había asumido una subversión de los valores al situar la fuerza como primer argumento de su legitimidad; la prensa había renunciado a su función de buscar la cohesión social para asumir la defensa de ese cambio político, incluso, con la recuperación de conspiraciones fantasmales. Todos estos movimientos amplían el campo de discusión pública donde se produce el choque, pacífico, de discursos y legitimidades. Por ejemplo, el Frente Nacional ha vuelto a ganar las elecciones en Francia. Ambos candidatos han ampliado el campo de discusión pública convirtiendo en legítimo su discurso autoritario.

El problema es que no es fácil reducir ese campo. En artesanía, siempre se puede agrandar pero, para hacer algo más pequeño, hay que comenzar de nuevo. El problema es cómo queda el campo para quien venga después. En muchas ocasiones, los movimientos autoritarios no necesitan una modificación completa del ordenamiento jurídico porque el grupo dirigente anterior ya lo había forzado. Por ejemplo, según explica Enrique Krauze, Hugo Chávez no necesitó cambiar nada porque el turno de partidos previo ya había roto todas las hormas del ejecutivo. Necesitaban el control del legislativo, la policía o la judicatura para impedir las investigaciones sobre los casos de corrupción. Como suele suceder, como está haciendo el actual gobierno de la CEDA, trataron de compensar la devaluación de la política con el refuerzo de la autoridad visible. Chávez, simplemente, lo aprovechó.

El problema de Andalucía

Viernes, 27 de Abril de 2012

El problema de Andalucía no es el déficit porque el problema de España no es el déficit. Al menos, las medidas que está tomando el Gobierno no van encaminadas al control del déficit, sino a su estabilización y pervivencia (deudocracia). Son medidas ideológicas que no prentenden solucionar la situación económica, sino cambiar la estructura de la sociedad. Si se quisiera resolver el problema económico, por ejemplo, se recuperarían impuestos con escasa o nula incidencia en la actividad económica, como sucesiones, donaciones, transmisiones o grandes fortunas, para evitar subir otros que sí afectan, IRPF, IVA, sociedades o especiales. El reparto de la riqueza depende de muchos factores pero el de la miseria es siempre ideológico. Revisar el concordato, por ejemplo, supondría una variación, entre nuevos ingresos y gastos eliminados, de hasta 10.000 millones de euros. Una cantidad parecida podría sacarse de suprimir las diputaciones.

El problema de Andalucía es ideológico. Por ejemplo, nos podemos encontrar con que la sanidad andaluza tiene una carta de servicios superior a la del resto de España; con que los dependientes andaluces tienen mejores servicios; con que es más accesible entrar en la universidad andaluza; con que el banco público reparte el dinero entre las pymes de una forma más eficiente que el ICO (esto no parece muy complicado); con que no se recorta en I+D+i, con que etcétera. De ahí, la prisa por la intervención. En mayo, anunciaba ABC, La Razón o Mundo Ovni (los confundo). El golpe que puede provocar el que los cojos andaluces no se tengan que pagar la muletas o que un grupo de investigación de la Politécnica de Barcelona se vaya a la Pablo Olavide de Sevilla será duro. Son hechos fácilmente reproducibles tomando café o en Twitter; no, cifras, que siempre confunden.

El problema de Andalucía puede ser la puntilla. No parece que montar un pollo de dimensiones desconocidas sea la mejor manera de recuperar la confianza internacional. Un conflicto institucional (entre las dos naciones legalemente existentes, España y Andalucía) recuperaría en el extranjero todo el marco mental, charanga y pandereta; sangre y polvo, que hemos logrado borrar estos últimos 30 años (y que, al menos la primera parte, Wert-Lassalle se empeñan en recuperar). Si se opta por el choque, el pollo es previsible porque la docena de ministros de economía que hay (Guindos, Montoro, Beteta, Margallo, Nadal, Rato, etc…) lucharán por liderar la intervención y, como todo desde hace tres meses, no habrá plan ni cosa que se le parezca. Sólo, velocidad.

Mariano, ¿les diste de comer después de medianoche?

Viernes, 27 de Abril de 2012

Leo:

Las víctimas consideran el plan de Interior una «traición» y un «coladero»

S&P rebaja dos escalones la calificación de España

Fueron dos olas en las que se apoyó el PP para conseguir los resultados electorales que obtuvo. No cabe la queja. La cultura popular está llena de personajes, del Gólem a los Gremlins, que se vuelven contra el creador pero la tentación suele ser irresistible. Artur Mas fue otro que no escuchó lo de comer después de medianoche.

PD: Sï, han leído bien, Gremlins y Gólem en el mismo saco, el de la cultura popular. Y la historia nos dice que, lo que no es cultura popular, es arqueología.

La palabra derecho

Jueves, 26 de Abril de 2012

Leo:

La ministra Ana Mato niega estos extremos, alegando que el decreto no cambia lo establecido hasta ahora. Pero la lectura del texto revela que acaba con casi treinta años de desarrollo del Sistema Nacional de Salud que dejó atrás el Seguro y la asistencia sujeta a la cartilla del cotizante y familia para convertirse en un derecho ciudadano, con un documento individual, la tarjeta, que le daba derecho a las prestaciones que se pagan desde hace más de veinte años sólo y exclusivamente a través de los impuestos. El nuevo texto, en cambio, establece: “El reconocimiento y control de la condición de asegurado o de beneficiario del mismo corresponderá al Instituto Nacional de la Seguridad Social, (…), que establecerá los requisitos documentales a presentar en cada caso”.

Como en el caso de reunión, manifestación, huelga, educación, aborto, etc… la clave es la palabra derecho. Lo explicó Ratzinger hace algunos meses, el problema comienza con la Revolución Francesa. Los siervos, súbditos y fieles se convirtieron en ciudadanos. Se trata de hacer el camino inverso.

Un Comisario de los Mossos explica por qué se jodió Catalunya

Sábado, 21 de Abril de 2012

Leo:

En un discurso muy aplaudido, con la mayoría de asistentes puestos en pie, Piqué (comisario general de coordinación territorial) ha señalado que los Mossos d’Esquadra son “la primera línea de defensa” del modelo de sociedad.

¿La primera? Según la teoría política que he leído, la fuerza es la última línea de defensa; el último recurso. Se trata de una evidente subversión de los valores de una sociedad. No digo lo que suele decir la teoría política que es legítimo hacer cuando el poder es quien subvierte los valores democráticos porque quizá ya es delito.

PD: Este tipo dijo, con al gente puesta en pie:

“les iremos a buscar, ya se pueden esconder donde quieran porque les buscaremos, sea en una cueva o en una alcantarilla que es donde se esconden las ratas. Tampoco les servirá esconderse detrás de unas siglas, o una asociación, o una capucha, o de una revista, o de una asamblea que no representa a nadie o incluso detrás de una silla de la universidad

Dicen los comentarios que Himmler hizo un discurso muy parecido. El problema es la gente puesta en pie y, sobre todo, la gente que se pondrá hoy en pie en la prensa, en su casa, y dirá: si, señor, con dos cojones. Lo de los cojones se sabe cómo empieza, con una micción aplaudida como la de este tipo, pero no cómo acaba.

PD2: Desde hace semanas, la CEDA catalana (CiU, PP, La Vanguardia, Foment, etc…) están adviertiendo de que se van a producir incidentes muy violentos en mayo. ¿Por qué ese regodeo en la profecía fatalista?, ¿qué están preparando?, ¿el somatén?

Gins & Cons

Viernes, 20 de Abril de 2012

Madrid está de Gins & Cons, de conspiraciones fraguadas al socaire de las nuevas ginebras de importación que, como las tramas, permiten un alto grado de combinatoria. Sólo depende de la imaginación de la persona que agita el cóctel. Todas giran alrededor de la Jefatura del Estado que, como sus antepasados, parece haber entrado en una dinámica de torpezas. En los últimos dos siglos, el ritmo ha sido de dos borbones por una república. A Felipe le tocaría irse al exilio, como antes lo hicieron Isabel II y Alfonso XIII.

La conspiración más audaz, con aroma a cominos, busca derribar la monarquía para sustituirla por una República presidencialista dirigida por un hombre fuerte, un cirujano de hierro, palabra que se oían mucho en el Madrid pre23-F. Su diagnóstico es que las instituciones (monarquía, Gobierno, Cortes, Autonomías, Justicia, etc…) atraviesan una grave crisis que las incapacita para liderar la respuesta a la gravísima situación económica. Para ellos, estamos a las puertas de una intervención de la UE que terminará con las multinacionales españolas vendidas, la salida del euro junto con Grecia y Portugal y un nuevo descuelgue histórico (esto es probable que suceda pero no es culpa del Rey). La nueva República debe dar un rumbo firme a la economía, buscar apoyos sólidos en el exterior, recentralizar el estado y terminar con las protestas callejeras. Sobre el papel, o la servilleta, el guión es impecable. El gran problema es cómo. Haciendo un ejercicio de imaginación, es probable que imaginen la abdicación del Rey, la llegada de la República a través de una pinza Faes-Izquierda y la posterior aclamación popular de una figura como Aznar o Aguirre que arrasaría en las urnas. Es más probable una invasión ovni pero imaginemos que se puede poner en práctica. Sin el apoyo de varios gintonics aderezados con cominos, es imposible entender cómo un pollo institucional puede ayudar a mejorar la estabilidad interior y recuperar la credibilidad interior.

La segunda es la de la buena voluntad, la hispánica, la del pepino andaluz y el enebro navarro. El diagnóstico es parecido pero insisten en la debilidad de la institución monárquica y, sin citarlo, se intuye el miedo a que un PSOE sin tierra se eche en manos de IU y, aún peor, de los insensatos indignados y este nuevo Frente Popular engendre una República inestable e ideologica. No es necesario que expliquemos el final de este temor. Su propuesta es que el Rey abdique y ambos partidos aprovechen la coronación de Felipe para consolidar la institución desarrollando el articulado constitucional: estatuto para el heredero, eliminando la preferencia del varón, y una mayor claridad en las funciones, agendas y actividades públicas y privadas del monarca y su familia. El carisma del Rey, fruto de su personalidad y de ser la encarnación de la recuperación democrática, debe ser sustituido por la Ley. Todo está impecablemente fundamentado y desarrollado en artículos de prensa, más explícitos que los de los cirujanos de hierro, pero olvidan algunos detalles. El primero es que siempre habrá una dependecia del carisma del ocupante porque se trata de una institución personal; no es posible un Rey de perfil bajo. También, que sólo la inteligencia y la formación previenen las meteduras de pata. La Ley no evita la estupidez personal. Para tal cosa, están los asesores. Alguien debió prohibir el safari, alguien debió espantar a la famosa Corina, alguien debió para los pies a Urdangarin hacer una década.

Ambas conspiraciones se enfrentan en los kioskos, las radios, las televisiones y, sobre todo, en los pasillos y en los reservados de los restaurantes. Frente a ellos están los que, con la clásica rodajita de limón, dicen que todo lo anterior son tonterías que sólo socavan la institución y dejan la puerta abierta a todo tipo de oportunistas. Decía ayer José María Carrascal que, en el caso de una abdicación, la izquierda no tardaría el tomar el poder, tanto si Felipe es coronado, como si se establece una República. La derecha siempre ha confiado mucho más en las posibilidades de la izquierda que la propia izquierda.

Frente a esto, lo más interesante y de lo que menos se habla es el silencio gubernamental. Ayer, cinco días después del accidente, un miembro del Gobierno, Jorge Fernández Díaz, reconoció que sabía dónde estaba el Rey. El ministro de Interior adornó sus palabras con grandes elogios, completadas por el portavoz Floriano que, por primera vez en varias semanas, no fue desmentido inmediatamente por algún otro cargo popular. El País dice que “el sábado, conocido el accidente del Rey mientras cazaba elefantes en el país africano, desde La Moncloa no fueron tan explícitos como hoy lo ha sido el ministro”. Es una forma educada de explicar que Moncloa dejó en ridículo a Zarzuela. Recordemos: se admitió que Rajoy sabía que don Juan Carlos no iba a estar en España pero sin confirmar si conocía todos los detalles del viaje, esto es: el país y el objetivo. No encaja. El Jefe del Estado siempre informa al Jefe del Ejecutivo de sus desplazamientos fuera de España y no habría sido la primera vez que un Presidente modifica la agenda de la Corona. La cuestión de los desmentidos es quién carga la responsabilidad; Moncloa no quería otro problema y lo trasladó a Zarzuela. Tampoco se habla del contraste con la anterior cacería polémica, la del oso Mitrofán. En ese caso, Moncloa aceptó comerse el marrón e hizo de pararrayos llevando a los tribunales a dos revistas de humor, una decisión impopular que detraía las críticas a la actuación del monarca. Pura política. Esta semana, Moncloa ha actuado homenajeando a José María García: ni una mala palabra, ni una buena acción. En menos de tres meses, muchos despachos de Madrid se han dado cuenta del peligro de tener a un presidente que cree que las cosas se arreglan solas.

Madrid hierve de embozados, conspiraciones y gintonics, como siempre. La diferencia ahora es que la cosa no está para frivolidades. Como hace 300 años, volvemos a tener a toda Europa esperando la señal para repartirse el botín. Fue el Imperio construido con El Dorado; hoy, el Ibex sustentado en el ladrillo. No pinta bien. Como siempre, espero equivocarme.

Excentricidades y testiculina

Jueves, 19 de Abril de 2012

Leo en La Vanguardia este suelto de Zarzalejos:

Hubo un tiempo en que España recobró la lucidez y sus gobiernos establecieron una política exterior operativa. Las excentricidades de los ejecutivos de Zapatero (Alianza de Civilizaciones y contemplaciones con regímenes de dudosa autenticidad democrática, como Venezuela) nos están procurando una soledad internacional que se palpa con la crisis de Repsol. Rajoy prometió una diplomacia económica, no convencional, e instalada en el núcleo duro de la UE. En Bruselas no se oye el vuelo de una mosca en relación con la expropiación de nuestra petrolera en Argentina. Sí, parece que estamos solos.

Y, buscando una cosa, encuentro esto de octubre de 2006:

El Gobierno boliviano y Repsol YPF llegan a un acuerdo para la firma de un nuevo contrato

El acuerdo llega después de semanas de intensas negociaciones que se han extendido hasta el último minuto, y será firmado sólo horas antes de que concluya el plazo de 180 días fijado en el decreto de Morales del pasado 1 de mayo que ordenaba la nacionalización de los hidrocarburos. (…)

Y esto otro:

Bernardino León viaja a Bolivia para asistir a las negociaciones entre Repsol y el país andino 

El secretario de Estado de Asuntos Exteriores, Bernardino León, llegará en las próximas horas a La Paz con el objetivo de seguir y apoyar las negociaciones de Repsol YPF con el Gobierno boliviano para la firma de un nuevo contrato que la permita operar en ese país, cuando se agota el plazo para cerrar el acuerdo. (…)

Quizá las excentricidades no funcionaban tal mal. Quizá mejor que la testiculina. Y, sobre todo, mejor que pensar que todo se arregla solo, que es la base del actual gobierno.

El periodismo madrileño

Jueves, 19 de Abril de 2012

Dice Isabel San Sebastián en una entrevista:

“Allí nadie movió un dedo para echarme una mano. Nadie. Aquella decisión la tomó el presidente de Telefónica por una conveniencia suya personal y nadie movió un dedo para echarme una mano. Ni de un partido ni de otro. Hombre, evidentemente, el Partido Socialista que estaba en la oposición aprovechó el hecho para meterse con el Gobierno, como ‘carnaza’ política -cosa que yo entendí- pero no movieron un dedo para ayudarme a mí a encontrar trabajo en otro sitio, de los que manejaran ellos. Nada”

Por si no han leído bien: “ayudarme a mí a encontrar trabajo”.

Menos mal que perdimos

Miércoles, 18 de Abril de 2012

Recuerdo habérselo oído a un tipo de un movimiento guerrillero de los 70. Añadía que su política se basaba en el movimiento constante en busca, no tanto de un gran objetivo estratégico, sino del debilitamiento del poder a través pequeñas escaramuzas tácticas que, incluso, podían ser contradictorias. La victoria habría sido el desastre porque éramos un movimiento basado en destruir y, de haber llegado al poder, concluía, lo habríamos destruido todo. Me he vuelto a encontrar con esta imagen al leer los artículos que analizan los 115 días del nuevo Gobierno (no es que cada día tenga su afán, como decía el personaje de Landero, sino que tiene su marrón).

Casi todos los problemas son heredados, como sucede casi siempre en todos los gobiernos, pero llama la atención la agitada y confusa gestión de los mismos. En las últimas semanas, son incontables los mensajes que hemos recibido sobre cuestiones tan importantes como, por ejemplo, la salud. Un mismo día tuvimos a un portavoz del partido desmintiendo al ministro de Economía que había desmontado  una entrevista previa de la ministra de Sanidad. Las declaraciones del portavoz caducaron en un par de horas, cuando Moncloa publicó una nota de prensa anunciando, en el tercer párrafo, nuevas medidas (de ajuste, claro). Hoy (18 de abril), la ministra se desmiente a sí misma (8 de abril); sólo diez días. Antes, habíamos tenido la cifra del déficit, un dato sobre el que opinó hasta el ministro de Interior y que culminó con la circense gestión del dato de déficit en el Consejo Europeo que ha provocado el acoso actual (sostener que todo comenzó en Andalucía, sólo se entiende desde la mirada ideológica o la pulsión estética).

Incluso teniendo un alto nivel de benevolencia por las circunstancias, es complicado no tener la sensación de desbarajuste. Se mire como se mire, es complicado entender que se presente un cambio tan importante en los datos económicos sin haber buscado apoyos previos y, sobre todo, de una forma tan sorpresiva. Recordemos, Rajoy lo explica con la cumbre acabada y presumiendo de no habérselo comunicado a los socios por ser una decisión soberana (socios a los que ahora se pide ayuda para solucionar el problema de Repsol). Para sostener que hay un rumbo, que hay un gobierno, es necesaria la devoción, que nace de la fe, que nace de lo que no se puede ver.

Es posible que la clave esté en las palabras del guerrillero. El grupo que ahora está en el poder basó su política de oposición en el movimiento constante en busca, no tanto de un gran objetivo estratégico, sino del debilitamiento del poder a través pequeñas escaramuzas tácticas que, incluso, podían ser contradictorias. Durante los siete años anteriores, el PP buscó que el gobierno Zapatero estuviese siempre en estado de crisis creando una sensación de agitación que llegó a ser habitual. Todo servía: la política antiterrorista, la territorial o el secuestro de cooperantes (por cierto, ahora mismo, hay cinco). Cuando la crisis se puso seria, incluso, jugó a derribar el Gobierno (12 de mayo de 2010), no apoyando medidas solicitadas por la UE y, lo más interesante, desoyendo a dirigentes e instituciones a los que hoy se pide audiencia. No se presentaban medidas. Todo pasaba por conceptos abstractos como sentido común, generar confianza o hacer las cosas bien. Se consolidó un pensamiento mágico: bastaba el cambio de gobierno para que todo volviera a funcionar. No ha sido así.

Cambiar las rutinas es complicado. No es fácil pasar de ser mosca cojonera a laboriosa abeja; de destruir a construir. En la oposición, todo son expectativas y es grande la tentación de ampliar el terreno de la lucha. Se puede desgastar al gobierno usando las previsiones de organismos y empresas, los conflictos con otros países o los sucesos; se puede bloquear todo. En el poder, todo son realidades y existe una necesidad de estrechar el terreno de la lucha porque, cuantos más frentes, más posibilidades de derrota y, aún peor en política, de ridículo. Pero las previsiones de organismos y empresas, los conflictos con otros países o los sucesos siguen estando ahí y, si uno los ha usado, se vuelven en contra. Es la maldición del Gólem. Si uno lo ha bloqueado todo es probable que siga bloqueado (si se busca el camino rápido del cambio legislativo, también se volverá en contra). Han sido 115 días eternos. Esperemos que no se cumpla el vaticio del guerrillero: lo habríamos destruido todo.

El rescate del Banco de Valencia, en ibuprofenos

Miércoles, 18 de Abril de 2012

Leo:

Sanidad planteará a las Comunidades que los jubilados paguen el 10% de los fármacos

Ese 10% tendría límites para evitar perjudicar a los enfermos crónicos, y que los activos paguen el 50 %, en lugar del 40% actual, según han avanzado fuentes del PP

(…)
Con esta reforma en el sistema de pago, el Ministerio de Sanidad estima que se podrían ahorrar cerca de 3700 euros de los 7000 millones que el Gobierno quiere ajustar en el presupuesto sanitario.

Siempre hay que situar las cifras:

El rescate de Banco de Valencia costará hasta 3000 millones

La cúpula del Banco de Valencia se repartió 2,7 millones en 2011

Y, obsérvese, que pagan sólo las rentas del trabajo. No las rentas de capital, ni las de bienes.
PD: A pesar de la ceguera de la prensa española, no se trata de algo nuevo. Sucedió en EEUU y Reino Unido y, de otra manera, claro, en América Latina. Se trata de bajar los ingresos (selectivamente) y aumentar los gastos (selectivamente) para crear una deudocracia, es decir, un sistema en el que los gobiernos estén atados por la deuda y no tengan alternativa. Leemos:

Reagan aumentó de forma muy importante el gasto público, básicamente el militar, que pasó (en dólares constantes de 2000) de 267,1 mil millones de dólares en 1980 (4,9% del PIB y 22,7% de los gastos públicos) a 393,1 mil millones en 1988 (5,8% del PIB y 27,3 de los gastos públicos); la mayoría de esos años el gasto militar estuvo alrededor del 6% del PIB, superando esta cifra en 4 años distintos. Estas cifras no se veían desde el fin de la participación estadounidense en la Guerra de Vietnam, en 1973. En 1981 redujo de manera importante el tipo impositivo máximo, que afectaba a los muy ricos, y que pasó de una tasa nominal del 70% al 50%; en 1986 volvió a reducir el tipo al 28%. Como consecuencia de todo esto, el déficit presupuestario y la deuda pública crecieron en gran medida: la deuda pasó del 33,3% del PIB en 1980 al 51,9% a finales de 198857 58 y el déficit pasó del 2,7% en 1980 a más del doble en 1983, cuando alcanzó el 6%; en 1984, 1985 y 1986 estuvo alrededor del 5%.

A Reagan, la deuda le sirvió para desmantelar el estado social construido desde Rosevelt hasta Carter. Bush, padre e hijo, siguieron por ese camino, sobre todo, el segundo. Clinton, que es el que queda en medio, no se libró de la deudocracia. Fue el único que bajó el déficit pero lo hizo gracias a una profunda desregulación financiera que provocó el estallido de 2007.