Archivo de Noviembre de 2009

Pepevergercia o PPSOE

Lunes, 16 de Noviembre de 2009

El cinco de agosto escribí­:

Si yo fuera el Bruno Gianelli del PSC (personaje ya ocupado y superado por Pepe Zaragoza, admirado y respetado en este blog) , aprovecharí­a este titular:

Rajoy asegura que el PP está ya en el centro y que puede pactar con PNV, CiU o el BNG 

para presentar en sociedad un nuevo concepto:

pepevergencia

Como el concepto no nació, hoy Durán, democrata-cristiano, que es un jesuita que ha leí­do a Trotsky, nos presenta otra idea, el PPSOE, rematando un centro de Rajoy:

Duran acusa al PP de buscar un pacto a la vasca contra CiU

La teorí­a de juegos nos enseña que la victoria no depende de las primeras elecciones, sino de las opciones asumibles y de las que tienen ausencia de rechazo. Veremos qué concepto triunfa.

El gran problema del final feliz

Viernes, 13 de Noviembre de 2009

Una de las cosas que tiene la posmodernidad es la pérdida de memoria. La sensación de permanente novedad se consigue con la parcelación del tiempo en pequeños trocitos aparentemente independientes. Las cosas tienen que aparentar ser únicas; todo pasa por primera vez, incluso el recuerdo. í‰sa puede ser la explicación de que hayamos olvidado qué hacer con un secuestro, una cosa tí­pica de los 80 donde casi todas las semanas algún avión con destino, por ejemplo, Parí­s acababa en, por ejemplo, Yemén del Sur. Con los secuestradores, se negociaba hasta que el grupo de élite entraba por la entrada secreta o, si no se podí­a, se pagaba el rescate a través de bancos suizos en islas caribeñas o se llegaba a pactos que, años después, algún ex reconocí­a en sus memorias. El estado no cedí­a nunca. O, al menos, aparentaba no hacerlo. Toda esa rutina de secuestro la hemos olvidado en un paí­s donde, sólo por parte de eta, ha habido casi 80 y varios terminaron en asesinato. De uno de ellos, nadie puede decir que no se acuerda. Es posible que en aquella muerte esté la base de la actual carajal.

La movilización social tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco convirtió a (los familiares de) las ví­ctimas (del terrorismo de eta) en sujeto polí­tico, instalando la emotividad en la parte central del discurso. Una desgracia no legitima el discurso de nadie; a una ví­ctima, sobre todo si es pública como en el caso del terrorismo, hay que poner a su disposición todo menos un micrófono. Aunque sea tentador. En la anterior legislatura, el bloque de la derecha las transformó de sujeto a actor (movilizador y portavoz) aprovechando la baza de la emotividad (el bloque de la izquierda, siempre más escrupuloso, renunció a usar a las que podrí­an ser sus ví­ctimas (11M) e incluso confudió la pulcritud con la indiferencia). Las actuaciones del gobierno se juzgaban usando balanzas sentimentales como si ambas cosas, leyes y emociones, pudieran compartir ámbito. Es decir, la racionalidad legal se sustituí­a por la discrecionalidad emotiva; el bien común (el fin del terrorismo) se condicionaba a la emoción de un colectivo no elegido y no responsable.

La polí­tica y el periodismo se acostumbraron a la presencia de las ví­ctimas, con su relato emotivo a cuestas, y las incorporaron a las rutinas. Un ejemplo. Tras el accidente de avión de hace dos veranos, las ví­ctimas ocuparon su espacio, ya natural. Algunos protestaron por “la poca preparación de los profesionales, el exceso de emoción, la falta de opiniones fundamentadas y el acoso sin respeto”. ¿Qué esperaban? La primera y última queja son consecuencia de reducir costes y las dos quejas de en medio, del tratamiento habitual de las ví­ctimas; en los macdonalds no te hacen reducciones al Pedro Ximénez. De hecho, a poca gente extrañó que las ví­ctimas exigieran incorporarse al comité que tení­a que elaborar los nuevos protocolos de revisión aeronáutica. De nuevo, la discrecionalidad emotiva poní­a en cuestión la racionalidad legal.

Otros ejemplos ya son parte del paisaje. El padre de una niña asesinada quiere ser oí­do en la reforma del código penal o los estafados filatélicos quieren participar en la nueva normativa sobre inversiones en intangibles. En el mundo del relato, del marco, del storytelling, la legitimidad de la historia humana gana el pulso a la frí­a legitimidad legal. La historia humana pone a la misma altura a piratas, ví­ctimas, abogados, jueces, ministros y vicepresidenta. Todos son actores de una historia que tiene que tener un final feliz, aunque se lleve por delante el teatro. Es la posmodernidad. Da igual mañana, lo que importa es que esto salga bien. En este contexto, es donde hay que situar la pérdida de memoria de qué coño hacer ante un secuestro. En este contexto estamos hoy, buscando las formulas (indulto, extradición, cambio legal) para desmontar la racionalidad legal porque es el gran obstáculo de la discrecionalidad emotiva, es el gran problema del final feliz.

PD: El proceso tiene mucho de desprecio a la ilustración y algo del regreso a la gracia del Rey como base de la legalidad/legitimidad. El populismo que viene.

¿Cómo acabar con la corrupción? Basta con no defenderla II

Viernes, 13 de Noviembre de 2009

Leo:

Una soflama patriótica arrancó aplausos cálidos y militantes en apoyo de los dos imputados por corrupción Lluí­s Prenafeta y Macií  Alavedra. Fue el presidente del Barí§a, Joan Laporta, quien la lanzó ayer, y los miembros de la Fundación Catalunya Oberta (FCO), de la que Prenafeta es vicepresidente y Alavedra patrono, quienes le aplaudieron. Los dos miembros de gobiernos de Jordi Pujol están encarcelados de forma preventiva por orden del juez Baltasar Garzón. “Una decisión desproporcionada y humillante, para ellos y para Cataluña”, opinó Laporta.

Decí­amos:

Jesús Gil, precursor en tantas cosas, lo tuvo claro: mejor dentro del sistema que fuera. Para protegerse, nada mejor que las instituciones. La mejor trinchera es el colectivo, el partido, el club de fútbol, el ayuntamiento, la familia; Fuenteovejuna, coño.

En fin.

PD: La pena de telediario, la humillación pública, tiene una larga tradición en este paí­s, que fue tan católico. No sólo no me parece reprobable, sino, incluso, recomendable. Es gente que, posiblemente, apenas tendrá condera y, seguro, no devolverá el dinero. Qué menos que un sambenito.

Ni en broma

Viernes, 13 de Noviembre de 2009

El matiz, el matiz. El maestro Juliana explica en uno de sus libros que el Vaticano considera España un territorio clave por su condición de puente entre la Europa, donde el catolicismo se va diluyendo (manteniendo el calendario y las imágenes) y América, donde el catolicismo, además de diluirse, pelea con las iglesias evangélicas y las psicodélicas. La importancia de España creció en 2004 cuando llegó al Gobierno un partido de centro-izquierda con ganas de hacer reformas sociales sobre las leyes que afectan a las costumbres porque habí­a hecho un cambio generacional (al que se resisten el resto de partido de centro-izquierda europeos) y porque la polí­tica económica está subcontratada. España se convertí­a en campo de batalla pero con cuidado: habí­a que dejar fuera del fragor a la familia Real, una imagen publicitaria de gran valor en América.  De ahí­, el matiz.

PD: El 29 de marzo de 1990, el parlamento belga aprobó la ley que despenalizaba el aborto. El Rey Balduino no la quiso firmar. El 4 de abril dimitió. En virtud del artí­culo 82 de la Constitución belga, el Consejo de Ministros asumió la Regencia y firmó la ley del aborto como jefe de estado. El dí­a 5 se reunió el Parlamento belga y, por 245 votos a favor y 93 abstenciones, Balduino volvió de nuevo a ser Rey. El ejemplo de Balduino fue mentado alguna vez por el (ya casi olvidado) radiofonista Jiménez en la pasada legislatura a cuenta, por ejemplo, de la ampliación del matrimonio. Ni en broma. La Corona, ni vota ni se vota.

PD2: Está pendiente una reforma constitucional sobre, por ejemplo, la sucesión al trono. Como afecta a uno de los puntos fundamentales, necesita un referendum. Vaya. ¿Y si la Constitución registra el mismo interés electoral que los estatutos?

La iglesia amenaza al Rey ¿o no?

Jueves, 12 de Noviembre de 2009

Leo:

El portavoz de la Conferencia Episcopal Española y mano derecha del cardenal Antonio Marí­a Rouco Varela, Juan Antonio Martí­nez Camino, envió un aviso directo a todos los diputados dispuestos a apoyar la nueva ley del aborto promovida por el PSOE, y en especial al grupo parlamentario del PNV, de raí­ces marcadamente cristianas. Si un católico vota a favor del polémico proyecto de ley, aseguró, “está objetivamente en pecado público y no puede ser admitido en la comunión”.

Pero ojo:

Durante un desayuno informativo organizado por la Fundación San Pablo-CEU, Martí­nez Camino aclaró, eso sí­, que no quiere decir que los parlamentarios que contribuyan a la aprobación de la nueva normativa serán excomulgados, ya que “la excomunión está prevista en el código de derecho canónico para quienes son cooperadores directos de un aborto realizado”.

Como todas las leyes, la Ley de salud sexual y reproductiva deberá ser sancionada por el Jefe del Estado. Si yo fuera periodista, le habrí­a preguntado por el Rey pero seguro que el jesuita Martí­nez Camino ya pensaba en él al precisar el matiz, tan poco recogido en la prensa.
No es la primera vez que algún organismo de la Iglesia católica amenaza. Como otras veces, todo se puede hablar.

¿Cómo acabar con la corrupción polí­tica? Basta con no defenderla

Viernes, 6 de Noviembre de 2009

Jesús Gil, precursor en tantas cosas, lo tuvo claro: mejor dentro del sistema que fuera. Para protegerse, nada mejor que las instituciones. La mejor trinchera es el colectivo, el partido, el club de fútbol, el ayuntamiento, la familia; Fuenteovejuna, coño. La ética del grupo, paralela a la ética del hecho. ¿Cómo acabar con la corrupción polí­tica?, se preguntaban en la prensa los intelectuales, los abogados, los sociólogos e, incluso, los periodistas. Como sucede en la ética del hecho, se pedí­an leyes; cambios legislativos en el control de las finanzas de los partidos e instituciones y en los procesos electorales. Es complicado de entender que la elección directa de un alcalde (esto es, la supresión del legislativo) vaya a facilitar el control de su gestión pero la ética del hecho es la fe en el cambio en sí­. ¿Qué hacer para acabar con la corrupción polí­tica?, se preguntaban. Nada. Bastarí­a con que no la defendieran.

Un tipo sabe que, si es descubierto en un delito de corrupción y pertenece a un partido polí­tico, su falta entrará dentro del relato general de la polí­tica. Es decir, habrá prensa que minimice su actuación o la silencie o, incluso, la defienda. También tendrá a su disposición la estructura del partido para defenderlo, poner a su disposición los mejores abogados y presionar a los jueces, colectivo cuya promoción depende de los partidos. Es decir, un tipo, llamémosle Francisco Camps (Josep Maria Sala o Macií  Alavedra), sabe que, si es descubierto en un delito de corrupción, su falta no será considerada como un delito normal, sino que entrará dentro del relato general de la polí­tica donde todo es escenografí­a y juego. El trato que reciba a la entrada de los juzgados, las medidas cautelares, la actuación del fiscal, el juicio y la sentencia (con los recursos) no se situarán dentro de la legislación correspondiente, sino que serán una pesa (una torna) en la báscula de la polí­tica. Así­, al situarse dentro de un relato aceptado (la polí­tica) en lugar de quedarse en el meramente delictivo, la actuación del corrupto se legitima.

La secretaria general del PP puede decir, pese a las pruebas contra Camps, que todo es una conspiración sin presentar ninguna prueba; el ABC, a pesar de las pruebas, puede apuntarse a la versión conspirativa sin tampoco presentar pruebas y apuntalar con encuestas o textos, la imagen pública del acusado y el juez, a pesar de las pruebas y de su parcialidad, puede archivar el caso. Todas esas actuaciones se entienden sólo dentro del relato de la polí­tica donde todo es escenografí­a y juego. Aceptamos que Cospedal, el ABC y el juez De la Rúa son del PP, es decir, forman parte del grupo, y aceptamos su actuación en bloque para defender a uno de los suyos como cualquier otro rito de la polí­tica. Para acabar con la corrupción, harí­a falta sacarla del relato polí­tico para resituarla en el delictivo. No habrí­a ética de grupo porque no habrí­a grupo. El corrupto se quedarí­a solo sin compañeros de partido o periodistas u otros profesionales que dieran la cara por él. Pero, para conseguirlo, harí­a falta que los compañeros de partido o periodistas y otros profesionales consideraran la corrupción como un problema y, para conseguirlo, harí­a falta que el cuerpo electoral considerara la corrupción como un problema y, de momento, la corrupción no suele dar vergí¼enza, sino envidia.

PD: Con la corrupción, me pasa lo mismo que con el punto del gazpacho. Temo más la solución que el problema.

Una batalla española II

Jueves, 5 de Noviembre de 2009

Leo en Historia del Siglo XX de Hobsbawn esta cita de Hobbes:

La guerra no consiste sólo en batallas o en la acción de luchar, sino que es un lapso de tiempo en el que la voluntad de entrar en combate es suficientemente conocida

Todo ha sucedido tal y como indicaba la crónica de Carmen del Riego en La Vanguardia la semana pasada. Aguirre ha cedido en Cajamadrid, Cobo ha sido llamado al orden, ha habido cambios en Valencia y Rajoy ha dado un puñetazo en la mesa. El problema es que la escenografí­a ya está lista, los papeles, repartidos y el relato, en marcha. Ya hay marco. En los medios (y en las cabezas) ya hay un especial sobre La guerra dentro del PP donde se situarán todas las informaciones venideras, se ajusten o no a la cuestión, los zapatos planos de Aguirre o las palabras de Cospedal. La batalla sólo se cerrará con una victoria; con cabezas en la picota.

PD: los ciclos polí­ticos españoles, que no se ajustan a los ciclos económicos ni a las informaciones sobre ilegalidades, sí­ se ven afectados por las divisiones internas.

Objetos no identificados

Martes, 3 de Noviembre de 2009

Hace algunos dí­as, leí­a en Público:

El ovni que nunca aterrizó

Seis decenios después de su nacimiento, el fenómeno de los platillos volantes agoniza

Más bien, es al contrario. La ufologí­a se ha extendido tanto que ya es imposible distinguirla.

El presidente Sarkozy lanza un gran debate nacional sobre la identidad francesa

Lo que decí­a.

Watch the skies!, watch the skies!

La Vanguardia y El Paí­s ponen una vela a sus santos (respectivos)

Lunes, 2 de Noviembre de 2009

El Paí­s y La Vanguardia (y La Razón) aprovecharon los Santos para poner sendas velas a sus respectivos santos aprovechando una de las formas que tienen los diarios de comunicar su lí­nea editorial: la encuesta. La Razón confí­a en que suba la abstención; El Paí­s, tras señalar que no valen ni Zapatero ni Rajoy, enseña la patita, Gallardón, al que avalan “los votantes del PSOE”.

La Vanguardia (el diario que suele ofrecer las encuestas más serias) quiere que vuelva CiU y, sobre todo, que se acabe la virulencia del PSC que traslada a Barcelona las banderí­as madrileñas al colocal al PP en el leitmotiv de las campañas electorales. Además de no enseñarnos la cocina (donde encontrarí­amos el delicado tema de cómo se interpreta la charneguidad de Montilla) hay una pequeña trampilla. La encuesta nos señala como revelador un dato viejo y esperable: sólo un 32% desea repetir el tripartito, frente al 57% que rechaza esa fórmula. En la cultura polí­tica española, las coaliciones no gustan a nadie; nadie quiere compartir piso ni alquilar. Estarí­a bien contextualizar este dato comparándolo con, por ejemplo, el porcentaje que deseaba repetir tripartito el pasadas elecciones tras su primera versión con Maragall y Carod-Rovira.
Pero la trampilla es la siguiente. El texto nos dice:

El resto del mapa polí­tico también experimentarí­a cambios, aunque siempre en beneficio de CiU, que podrí­a reeditar la fórmula de gobierno que mantuvo hasta el 2003, con apoyo exterior del PP.

Perfecto. ¿Cuántos de los encuestados aprueban esta fórmula?, ¿cuántos posibles votantes de CiU dejarí­an de apoyar a la coalición si opta por esta fórmula?, ¿cuántos encuestados abstencionistas dejarán de serlo para ‘impedir’ la entrada del PP? No se nos indica.

Podremos saberlo cuando se acerquen las elecciones porque el PSC lo situará en el mapa (¿Qué prefieres, tripartiro o pepevergencia?). Para desesperación del moderantismo de La Vanguardia, que preferirí­a una campaña centrada en los proyectos, las ideas y los debates, volverá la belicosa disyuntiva. La izquierda no puede confiar eternamente en la estupidez de la derecha madrileña (genovesa y napolitana) pero, de momento, sí­.

PD: LV nos ofrece la hoja de ruta de CiU para la toma del poder. Lo mejor es la conclusión: O todo o nada. Todo esto se puede ir al carajo en pocos meses. El fútbol (Jesús Gil) se ha comido la polí­tica.

PD2: Hace años, Montilla me hizo ganar una apuesta. Sigo pensando que repetirá como presidente no por su gestión sino por teorí­a de juegos: es la opción donde menos gente pierde.