Archivo de Febrero de 2009

Disfrutar de la naturaleza es matar animales

Jueves, 12 de Febrero de 2009

Leemos las siguiente palabras del ministro de Justicia:

El ministro aprovechó las preguntas para hablar de su pasión por la actividad “cinegética” y explicó que lleva más de 50 años cazando, “disfrutando de la naturaleza, en contacto con los animales y practicando deporte”.

Una vez que sabemos que, para él, disfrutar de la naturaleza es matar animales, el resto (su gestión polí­tica incendiaria, sus declaraciones inoportunas, su notoria falta de finezza) está claro.

También leemos:

Bartolomé Molina, el dirigente del PP de Torres (Jaén) que organizó la cacerí­a en la que participaron Mariano Fernández Bermejo y Baltasar Garzón, ha asegurado que fue una coincidencia que ambos acudieran a ella y se ha lamentado: “no se puede estar machacando a las personas por una cosa que no es cierta”.
 
Molina, en declaraciones a la Cadena SER, ha informado de que el dueño de la finca en la que se desarrolló la cacerí­a le encargó la organización de la misma, y ha subrayado que no se esperaba que se pudiera montar el “lí­o” que se ha generado.
¿Qué les pasa a los jienneses que se llaman Bartolo?, ¿es alguna maldición?

La eutanasia no lleva a La fuga de Logan

Lunes, 9 de Febrero de 2009

El maestro Juliana escribe un gran artí­culo donde explica qué está en juego ahora mismo en Italia. Algo muy de moda: el deseo de todos los polí­ticos en el poder de usar todos los resortes para aumentar su poder en las abcisas (tiempo) y las ordenadas (capacidad) apoyándose habitualmente en una instituciones (real o ficticia) que legitime su pretensión. Rusia, Venezuela o Bolivia.

…Y España en el trasfondo 

La Iglesia católica quiere reafirmar su hegemoní­a en Italia y Berlusconi, reformar la Constitución de 1948

Italia es un paí­s muy teatral. Menudea tanto el enredo, el corporativismo y el maquiavelismo en los laberintos del Estado, que periódicamente estallan casos de tremendo impacto y pasión social. Casos que perforan la espesa trama de la intermediación polí­tica y plantean con gran veracidad los conflictos sociales de fondo. El drama de una persona cualquiera o la tragedia de un pequeño pueblo son vehí­culos a través de los cuales la sociedad pide la palabra en el foro, obligando a los poderes a ajustar sus posiciones.

A finales de los años noventa, tuvo gran impacto el asesinato de una joven estudiante en la Universidad La Sapienza de Roma. Alguien disparó desde un despacho de la facultad de Derecho. Semanas después, tras sesudas pesquisas, dos jóvenes profesores de filosofí­a del derecho fueron acusados de haber matado a Marta Russo por el mero placer de ensayar el crimen perfecto. (No conocí­an a la ví­ctima y, aparentemente, nadie les vio disparar). El juicio dividió a Italia en dos bandos irreconciliables: los partidarios de un castigo ejemplar a los dos nihilistas y los garantistas que exigí­an pruebas más sólidas para dictaminar su culpabilidad. En el fondo se estaba discutiendo sobre el prestigio y la fiabilidad del sistema judicial tras el tormentoso proceso Mani Pulite contra la corrupción polí­tica, que acababa de trastocar la entera República.

Detrás de cada caso italiano hay siempre un gran tema. Con su dramatismo extremo, el caso Eluana plantea estos dí­as dos grandes cuestiones de fondo: la influencia de la Iglesia católica en la sociedad itálica y la vigencia de la Constitución de 1948.

No es ningún secreto que el catolicismo está en contra de la eutanasia. La Santa Sede lleva años advirtiendo que la liberalización del aborto y la eutanasia conducen a la creación de un Estado eugenésico en el que podrí­an ser eliminados sin contemplación todos aquellos que estorban,antes de nacer, por grave enfermedad, o por una ancianidad cada vez más costosa de mantener. No es una doctrina banal. Es una llamada de atención que invita a pensar, independientemente de la fe religiosa o la tendencia polí­tica.

Con dos mil años de historia a cuestas, la Iglesia, sin embargo, está acostumbrada a las excepciones. El Vaticano podrí­a tener estos dí­as una actitud más comprensiva con el sufrimiento de la familia, tras diecisiete años de coma. Podrí­a condenar la desconexión de la joven Eluana sin llevar la batalla al lí­mite. La Santa Sede, por el contrario, ha optado por el episodio ejemplar. Parece evidente que la Iglesia católica quiere reafirmar su influencia polí­tico-moral en la sociedad italiana, ante la pulsión laica que vuelve a bullir en su interior, por evolución generacional y por la influencia de paí­ses vecinos. Verbigracia: la España de Zapatero. Sí­, el caso Eluana algo tiene que ver con España.

Ante la magnitud del envite, Silvio Berlusconi ha querido jugar sus cartas. Que son dos: agrupar a su alrededor a todo el público católico, retomando así­, con teatral simbolismo, el papel de la antigua Democracia Cristiana, y presionar a favor de la reforma de la Constitución antifascista de 1948, que limita el papel del primer ministro y refuerza la primací­a del Parlamento. Berlusconi quiere una república presidencialista. Quiere ser Sarkozy. Con la diaria bendición del Papa.

La batalla de Berlusconi es comprensible porque él sólo es él; ni siquiera tiene un partido detrás. La batalla de la Iglesia es incomprensible porque entrando en el debate polí­tico, convirtiéndose en un actor polí­tico, asume el destino de éstos. El poder, en el caso de triunfo, y, en el caso de derrota, caí­da y refundación, dos procesos normales en los partidos, una institución lí­quida, pero inasumibles por una tan sólida como la Iglesia. Mucha pérdida para una escaramuza tan pequeña. Como dije hace una semana, ellos verán.

En el artí­culo leemos una idea muy escrita y leí­da en las últimos dí­as, semanas, meses, años.

No es ningún secreto que el catolicismo está en contra de la eutanasia. La Santa Sede lleva años advirtiendo que la liberalización del aborto y la eutanasia conducen a la creación de un Estado eugenésico en el que podrí­an ser eliminados sin contemplación todos aquellos que estorban,antes de nacer, por grave enfermedad, o por una ancianidad cada vez más costosa de mantener. No es una doctrina banal. Es una llamada de atención que invita a pensar, independientemente de la fe religiosa o la tendencia polí­tica.

La proyección que une la eutanasia con el mundo de La fuga de Logan es una de las ideas centrales de todo el discurso del bloque católico. Y es mentira. Lo es porque esa cultura eugenésica no es a donde vamos, sino de donde venimos. Los niños con taras psí­quicas o fí­sicas se mataban, se abandonaban, se recluí­an en el sótano, se ingresaban en instituciones religiosas o se uní­an a ferias ambulantes. Lo mismo con los ancianos o los enfermos. Estamos en la sociedad que más cuida de sus débiles (sus débiles, los propios); es una sociedad opulenta y solidaria que asume (no sólo permite) que personas con graves deficiencias fí­sicas y/o psí­quicas no sólo tienen derecho a vivir, sino que también tienen derecho a hacerlo dignamente y dignamente, en la sociedad de consumo, es satisfaciendo sus necesidades plenas (escribir, para lo que se crean ordenadores especiales; vivir solos, para lo que se crean casas especiales o realizarse, para lo que se crean puestos de trabajo especí­ficos). Y todo subvencionado. Es algo que, de momento está fuera del debate polí­tico.  

Lo que está en juego con “la liberalización del aborto y la eutanasia” es la autonomí­a individual, un concepto que suele ser incompatible con las religiones (verdad revelada que es transmitida por un grupo cuya base es la autoridad y la tradición). La autonomí­a individual, enraizada en el Renacimiento, el Positivismo y la Ilustración y extendida, globalizada más bien, con la sociedad de consumo (el consumo es un acto individual) ha ido reduciendo la influencia y autoridad de las religiones masivas; en los sitios, claro, donde hay una raí­z (aunque sea trasplantada) de Renacimiento, el Positivismo y la Ilustración y una sociedad de consumo, que no es en todo el mundo. Si al bloque católico le interesara la vida, harí­a furibundas campañas contra la pena de muerte pero ésta no es una muestra de la autonomí­a individual, sino de la autoridad y la tradición.

Perversiones

Domingo, 8 de Febrero de 2009

Al leer la portada de hoy del Mundo:

perversiones

He pensando en grabar uno de los telediarios estilo Espada, que cada dí­a tiene una dicción más parecida a Daaaaalí­:

El periódico nos ofrece, por segunda vez esta semana, a una meretriz con un perro en portada. La de hoy, tiene el atractivo de estar rodeada de retratos de hombres famosos fallecidos sobre los que cuenta intimidades. No entendemos por qué es correcto que esta meretriz pueda difundir las prácticas sexuales de sus clientes. Hace años, el director se enfadó mucho cuando una meretriz difundió cuáles eran sus perversiones; digamos mejor sus supuestas perversiones no sea que se enfade también con nosotros. Dijo que era su intimidad e incluso defendió su tesis ante la justicia. ¿Cuál es la diferencia?, ¿que son otros?, ¿que están muertos? Ambos son accidentes cuya falsedad Borges y la fí­sica cuántica se han ocupado de explicar. Bien está.  

Pero me ha dado mucha pereza. Y la cámara no tení­a pilas.

Chávez-Aguirre

Domingo, 8 de Febrero de 2009

Hace semanas, leí­ el libro de Enrique Krauze sobre Hugo Chávez. No era una caricatura simplona y sesgada, como hubiera sido normal en un liberal español, sino un retrato que buscaba comprender quién es, de dónde viene, qué piensa y a dónde puede ir. Después de leer el libro, dije en una tertulia que el polí­tico español más parecido a Chávez es Esperanza Aguirre. Hubo risas pero también asentimientos.

Leemos:

“Es capaz de discutir con los arquitectos o los ingenieros aspectos técnicos de una obra aun siendo consciente de su ignorancia en la materia. Puede obligar a ubicar la instalación de una estación de metro donde se le ocurre, dando la impresión de que la opinión que ha escuchado a un vecino pueda tener el mismo peso que el dictamen de un experto. Puede hacer la pregunta más peregrina sobre el mobiliario de un edificio en construcción. O puede obligar a pintar de nuevo la fachada de un hospital porque no le gusta el color”, recuerda un ex consejero.

Otro colaborador no reprime su opinión: “Maltrata a los que percibe como débiles, lo cual es una condición muy propia de personas de la clase alta. Es de las que tutean a quienes sabe que no la pueden tutear”.

Clavado. Imagí­nense a ambos, ¿a qué no es difí­cil? 

PD: Krauze explica que la tradición polí­tica de Chávez no es el marxismo ni el bolivarismo, sino otra de raí­z española, el tomismo polí­tico (Suárez o Vitoria). Aquí­ lo explican un poco.

Sigue la conversación entre liberales españoles

Domingo, 8 de Febrero de 2009

Seguimos leyendo:

Por ejemplo, respecto del alcalde de Boadilla, Arturo González Panero (PP), afirma: “Si entrego la cinta que tengo del albondiguilla [apodo que le da a González Panero] se caga, pero voy también al trullo, y además me interesa seguir haciendo negocios cuatro años en Boadilla”. Y sobre un concejal de dicho municipio, también del PP, sostiene: “Le pusimos ahí­ y está subidito, se le ha olvidado que ha estado en la mierda”.

(…)

El fruto de sus actuaciones ilegales parece desembocar en inversiones opacas: “Voy a Cartagena de Indias, he comprado un terreno por teléfono, he mandado la pasta a Panamá, está en el casco antiguo, dentro de la muralla. Y voy luego a Nueva York, y luego a Miami a ver mis cosas”. Isabel Jordan, subordinada suya detenida, lo ratifica: “A él le seguirá yendo bien, aunque le vaya mal en España. í‰l tiene su dinero en las Islas Caimán”.

Cartagena de Indias. ¿De qué me suena, dirá el lector? Hace unas semanas, se desveló que el vicepresidente de la Comunidad de Madrid Ignacio González habí­a estado en esa ciudad con un grupo de empresarios (con bolsas blancas que aparecí­an y desaparecí­an, recuerden) donde estaba Pedro Antonio Martí­n Marí­n, relacionado con este nuevo follón. Fue el primer espionaje. Cartagena de Indias. Un buen conspiranoicos no deberí­a necesitar nada más para enlazar una buena sospecha.

Conversación entre dos liberales españoles

Sábado, 7 de Febrero de 2009

La leemos en El Paí­s:

Correa: “Tengo un tema gordo en Valencia, con un PAI prácticamente cerrado, el tí­o pide 1.000 kilos de más. Compramos a 10.000 y vendemos a 20.000. Ganamos 12.000 kilos. Un empresario pone el 50% y yo otro 50%. De mi 50% yo reparto con Ramón Blanco, con Álvaro (Pérez), con Pablo y con el alcalde… Hay un tema medioambiental que lo desbloqueo yo”.

Las matemáticas también son hispanas. 20.000-10.000=12.000.

La tierra quemada

Viernes, 6 de Febrero de 2009

En las elecciones Municipales de 2003, el bloque de la izquierda se cabreó porque toda la indignación creada por la gestión del naufragio del Prestige no se habí­a traducido en un cambio de gobierno en los ayuntamientos gallegos. Se cabreó a pesar de que en ningún sitio estaba escrito que un desastre provocara un cambio de gobierno, ni siquiera un desastre provocado y agravado por la mala gestión. Es posible que los electores supieran distinguir entre su alcalde, que nada habí­a decidido sobre la ruta que tení­a que seguir el barco, y el resto de administraciones. O que no consideraran que el desastre concreto fuera más importante que otras cuestiones polí­ticas o ideológicas de más recorrido. O no pensaran que las alternativas de la oposición fueran a hacerlo mejor. O vaya usted a saber. Sin embargo, el silogismo de la tierra quemada (desastre + indignación popular recogida y canalizada por los medios = cambio de gobierno) caló  y el bloque de la derecha celebró su derrota dulce en esas elecciones de 2003; habí­a perdido pero no se habí­a hundido, que era lo que establecí­a el silogismo.

Un año después, el bagaje de desastres mal gestionado habí­a aumentado (yak-42) y tuvo su cenit en el atentado del 11 de marzo. El 13, las manifestaciones ante las sedes del PP y la frase de Rubalcaba: España no se merece un gobierno que mienta. El 15, el silogismo (desastre + indignación popular recogida y canalizada por los medios = cambio de gobierno) era una verdad incuestionable, sobre todo, en el bloque de la derecha a quien permití­a situar fuera la responsabilidad (y la culpa, concepto no pragmático, sino moral) de la derrota electoral: la conspiración. Durante toda la legislatura anterior, el bloque de la derecha buscó su silogismo de tierra quemada con diferentes asuntos (el incendio de Guadalajara, la ampliación del matrimonio, Ciudadaní­a o el Estauto catalán) hasta encontrar su punto de apoyo en el terrorismo. No importaba la tierra que se quemara; daba igual si se promoví­a la pérdida de legimitidad de las instituciones o el enfrentamiento territorial. Y siempre sacando el tema de la gestión polí­tica y llevándolo al terreno moral (mentira, traición).

Ninguno de esos temas vive en esta legislatura. La crisis se ha llevado por delante la frivolidad. Sin embargo, sí­ lo hace el silogismo de la tierra quemada. En los medios, está extendido el convencimiento de que el agravamiento, en tiempo o intensidad, de la crisis debe conllevar automáticamente un cambio de gobierno. Cuando el silogismo no se cumple (las encuestas), llega la perplejidad y la búsqueda de explicaciones. No se cumple porque la sociedad está adormecida, los sindicatos están subvencionados por el gobierno o la oposición es un desastre. Nadie se plantea que el silogismo de la tierra quemada (cuantas más empresas cierren, más parados haya y más se hunda la economí­a española, más cerca estará el cambio de gobierno) sea falso. La pregunta es si ha sido así­ alguna vez
Buscando en Internet datos, me encuentro con un pequeño estudio de M. Pérez Sancho sobre la influencia del ciclo económico en el ciclo polí­tico del que vamos a sacar algunos gráficos. Por ejemplo, el PIB:

PIB

Puede verse que los cambios polí­ticos (1982, 1996 y 2004) no coinciden con descensos y las elecciones celebradas en recesión (1979 y 1993) tuvieron un resultado positivo para el bloque gubernamental; inesperado, cierto, pero positivo.

Veamos el IPC:

IPC

La tasa de IPC es más interesante si tuviéramos el dato de los salarios vinculados a ella y lo que no. Este será el primer año en mucho tiempo en el que los funcionarios (el 15% de la población asalariada) no pierda poder adquisitivo.

El número de parados:

parados

O la tasa de paro:

paro

En estos dos últimos gráficos, también se ve con claridad que la subida del paro no implica un cambio polí­tico.

Y, por último, la tasa de malestar, un indicador que combina los tres anteriores (paro+IPC-PIB):

malestar

Los dos picos coincidentes con procesos electorales vuelven a estar en 1978 y 1993, donde no hubo cambio de gobierno.

Quizá el silogismo sea falso y, aún más, quizá la influencia de la economí­a en los procesos electorales no sea tan significativa. ¿Influye la existencia de tres o cuatro millones de parados en un proceso electoral con nueve millones de abstenciones, ¿cuántos de esos parados votaban y dejarán de hacerlo?, ¿cuántos de esos abstencionistas pueden dejar de serlo por la marcha de la economí­a? La crisis no afecta igual a todo el mundo. Hay dos colectivos, funcionarios y jubilados, que no sólo no temen por su puesto de trabajo, sino que han mejorado su poder adquisitivo por la subida de ingresos decidida por el Gobierno y el frenazo de los precios. Todo tiene siempre más matices. El silogismo es falso porque es simple.  

Es posible que las encuestas no reflejen un cambio de gobierno por las mismas razones que hace cinco años. La economí­a es un factor más de los ciclos polí­ticos y el más importante, claro, es el propio factor polí­tico y la polí­tica tiene muchos matices que sólo se pueden reducir a un silogismo si uno es lo bastante simple. Quizá los electores creen que esta administración nada ha decidido sobre la ruta que ha seguido la economí­a mundial. O que no consideran que la crisis económica sea más importante que otras cuestiones ideológicas de más recorrido (el aborto o la inquina personal a un determinado partido). O que no piensen que las alternativas de la oposición (recorte de derechos laborales y de impuestos-servicios) vaya a ser más efectiva. O vaya usted a saber.

PD: Las crisis sí­ provocan populismos (Blas Piñar, Ruiz Mateos, Gil o Rosa Dí­ez). Y su caldo de cultivo: la generación perdida. La gente que, cuando la burbuja comenzaba su expansión, dejó de estudiar y adquirió a crédito bienes que ahora comenzará a perder. No tiene nada, ni trabajo, ni bienes, ni estudios; sólo una tremenda mala hostia.

Periodismo II (sí­ndrome Gallo)

Jueves, 5 de Febrero de 2009

Suele pasar que la gente confunde los mejores años de su vida con los mejores años del mundo y su decadencia o muerte con la decadencia o muerte de su gremio, de una forma de vida, de la música o del mundo en general. Es el Sí­ndrome Gallo, después de mí­, naide. Hace unos dí­as, Juan Luis Cebrián confundí­a los problemas económicos de Prisa (y de muchos grupos de comunicación clásicos) con la muerte del periodismo. Enric González escribió (en el diario de Prisa).

Funerales 

Vamos a pasar una larga temporada de funerales, me temo. Ayer, en este periódico, Juan Cruz entrevistaba a la prestigiosa reportera mexicana Alma Guillermoprieto, y elevaba al titular una de esas frases que suenan a responso por los muertos: “Siento que el oficio se está acabando”. Se trata de una sensación muy extendida en el gremio.

Personalmente, no la comparto. ¿Recuerdan El apartamento? ¿Recuerdan la oficina en que trabaja el protagonista? Un paisaje burocrático de mesas iguales y hombres iguales, sobre el que impera un poder arbitrario. En la pelí­cula de Billy Wilder, el paisaje corresponde a una empresa aseguradora. Podrí­a, sin embargo, corresponder a un periódico. La industria periodí­stica, que numerosos expertos dan por desahuciada y que, por la costumbre, solemos confundir con el oficio, es un asunto de propietarios, capataces y empleados. Si la despojamos del velo de romanticismo, queda eso: una jerarquí­a vertical, unos intereses comerciales y polí­ticos, unos empleados que sirven a cambio de un sueldo.

La parte industrial, la que dicen que agoniza, no es especialmente bonita de ver. Toda la gracia está en el oficio, en las personas que lo practican y en el público al que sirven. Quizá desaparezcan las mesas, la cafeterí­a, las complicidades oficinescas, la seguridad de una nómina, la enfermedad retribuida, el relativo cobijo de una cabecera; es de suponer que, en contrapartida, el periodista quedará liberado de los compromisos de sus amos. Se atisba una época en la que el periodista será él mismo, expuesto a la intemperie, a solas con sus propios compromisos y sus propios errores.

No crean que después de los “dinosaurios”, por utilizar una expresión con la que jugaban Cruz y Guillermoprieto, vendrá el vací­o. Vendrá otra cosa, simplemente. Otra cosa que ya existe. Yo no necesito el aval de una cabecera para creer en las cosas que cuenta, por ejemplo, Gervasio Sánchez. Mientras exista la sociedad, existirán periodistas como él. Eso me tranquiliza. No sé si a ustedes.

Yo estoy muy tranquilo. Tampoco necesito el aval de una cabecera para leer a Enric Juliana (imprescindibles sus comentarios a la visita de Bertone) pero también debo reconocer que la marca La Vanguardia no es sólo el aval de una cabecera y, aunque sólo fuera el aval de una cabecera no es poca cosa; hay muchas cabeceras que no son un aval.

En un foro virtual, escribí­ (más desordenadamente) el 20 de enero sobre la refundación de El Paí­s propuesta por Cebrián.

Como leninista, la palabra refundación tiene que ir unida a otra, sangre. No pueden refundar los mismos que nos han llevado hasta aquí­ y que posiblemente crean que todo se reduce a cambiar el software, no el hardware.

Leo muchas cosas sobre cacharricos que pueden ser (televisión por capas o domótica interactiva; todo imitando a Philip K. Dick) y tengo alguna conclusión (nada que no se haya dicho en este foro). Creo que habrá una integración de todas las pantallas (móvil, tv, pc, consola, libro electrónico, cine) y todo muy interactivo y muy, muy, muy segmentado, casi personalizado. Habrá tanto material que triunfarán los buenos, aquéllos de los que uno se pueda fiar, y, claro, los ruidosos. Y a nivel global. Un periodista será un medio en sí­ mismo (con patrocinio propio) que puede integrarse en una marca (una cabecera) o no y no tendrá ningún jefe que le dé indicaciones porque hará lo que le dé la gana. Escribirá para sus acólitos sobre polí­tica, manga o detergentes porque su espacio (creo que medio ya no será adecuado) nos contará su vida.

La publicidad no dejará de existir pero tenderá a ser personalizada. Los nuevos medios permitirá saber que fulano quiere irse de viaje a las Bermudas o que a mengano le gusta REM o que zutano quiere cambiar de coche y no te ofrecerán un banner, sino publicidad a ti de lo que te interesa y de la manera que te interesa. Ojo a la información que acumulan buscadores y redes sociales.

PD: Sobre la TV, González escribió otro gran artí­culo titulado Quiebra, donde se recogen los lamentos de la dirección de Telecinco y del resto de cadenas. Unos dí­as después, nos enteramos que la audiencia de los canales temáticos no para de crecer. La tele no está en crisis ni se está muriendo; está en crisis y se muere una manera de hacer las cosas, una forma de hacer y consumir tele. La integración de pantallas (móvil, tv, pc, consola, libro electrónico, cine) provocará un cambio en el que, como sucedió en la industria de la música, revitalizará el sector pero acabará con la industria pesada de intermediación; con la actual dirección de Telecinco, por ejemplo.

Periodismo I (descrédito)

Jueves, 5 de Febrero de 2009

La Asociación de la Prensa de Madrid pensó que esto era normal:

suárez

Y esto:

apm

y esto, también:

Laura Vega no pudo impedir que un medio de comunicación se «colara» en su habitación en la Unidad de Daños Cerebrales de una clí­nica de Madrid para tomar fotografí­as de su estado fí­sico. No lo pudo impedir porque está en estado vegetativo, en coma, desde el 11-M. Laura no pudo, por tanto, pedir a los representantes de «El Mundo» que abandonaran su habitación, que respetaran su intimidad y su voluntad de no querer salir en ningún papel. Desde aquella fecha, Laura depende de dos enfermeras y de su familia las veinticuatro horas del dí­a.

Ayer, en el Tribunal, su hermano denunció los hechos. El pasado 11 de marzo, con motivo del tercer aniversario de la matanza, «El Mundo» sacó, sin su consentimiento y en un amplio reportaje, dos fotos de Laura «en su situación actual» y «aportaba datos y valoraciones sobre ella y mi familia que no se correspondí­an con la realidad», según el testimonio de su hermano. El dí­a del reportaje dos periodistas se habí­an colado en el hospital asegurando al director del centro que querí­an hacer un trabajo sobre las Unidades de Daños Cerebrales de España. Cuando la información, que evidentemente no respondí­a a lo que «El Mundo» habí­a dicho, se publicó, el hermano de Laura se puso en contacto con la periodista que la firmaba y la explicación que ésta le dio, según el entorno del joven, es que Laura «era un personaje público». (Publicado en ABC).

Pero que un humorista haga humor

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=m3aXO2pNH14[/youtube]

es una cosa muy grave para la Asociación de la Prensa de Madrid. El problema para la Asoación de la Prensa son los humoristas. Entre bueyes no hay cornadas; ni, entre cabestros, enculadas, añadí­a el castizo.

El presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid, Fernando González Urbaneja, dice algo insólito en su comunicado:

Wyoming será un ’show-man’ pero la gente percibe que toda la televisión está hecha por periodistas

¿Escenas de matrimonio?, ¿Muchachada nuí­?, ¿El dí­a del Señor?, ¿qué televisión ve Urbaneja?

Wyoming también dice algo insólito:

No soy periodista en ningún caso. Periodista es un oficio, es una profesión.

No, mentira, profesión es una categorí­a sociológica que define una ocupación en la que hay unos estudios reglados, una puerta de entrada, un cuerpo de buenas prácticas y una institución capaz de decretar la expulsión en el caso de que éstas se incumplan. Abogado, ingeniero o médico son profesiones. Un oficio es otra categorí­a sociológica que define una ocupación en la que, aunque no haya unos estudios reglados, también hay un código de buenas prácticas que puede ser denunciado ante instituciones internas o externas. Electricista, cerrajero o teleoperador son oficios. Es decir, los familiares de Laura Vega, en coma cerebral por el atentado del 11-M, pueden denunciar al médico o a las enfermeras que atienden a su familiar ante los respectivos colegios y, si un tipo les arregla mal la lavadora o el director de su sucursal les carga una comisión de más, pueden ir a Consumidores. Sin embargo, no hay ningún sitio donde denunciar al periodista de El Mundo que se cuela en la habitación de su familar para hacer fotos.

El periodismo se desprestigia solo y se suicida solo. Si no se trata de explicar las cosas, sino de derribar al gobierno o apoyarlo, difundir ví­deos o informes filtrados o colarse en las habitaciones de los enfermos, es algo que puede hacer cualquiera. Y cualquiera lo está haciendo.

PD: Escribe hoy Enric González:

Los gobiernos, las instituciones, los medios de comunicación convencionales, sufren una tremenda hemorragia de credibilidad. No hablamos solamente del poder polí­tico y de la prensa, o las grandes empresas industriales y financieras: hablamos también de algo tan básico como la escuela. Incluso el prestigio del conocimiento como instrumento de progreso muestra signos de deterioro. Cosas como la falsa bronca a una becaria de La Sexta y su desafortunada utilización en Intereconomí­a son una simple anécdota, significativa, pero anécdota, en un contexto inquietante: conceptos como verdad y mentira se relativizan.

Mientras la comunicación pública y los canales formativos e informativos tradicionales, que han funcionado como pilares de la sociedad moderna, pierden prestigio y, por tanto, utilidad, surge una nueva fe en la comunicación privada. Ahí­ está el éxito de Facebook y similares. O el nuevo servicio de Google que informa al usuario, al momento y de forma bastante precisa, sobre la localización de sus amigos. En cierta forma, estamos llevando lo privado hacia el terreno que solí­a ocupar lo público, y lo público tiende a desplazarse hacia la irrelevancia. Empieza a concretarse algo parecido a un tribalismo posmoderno.

Lo privado hacia el terreno que solí­a ocupar lo público. ¿Queda alguien que no haya salido en la tele?

Un partido

Miércoles, 4 de Febrero de 2009

Son Epi, Solozábal, Jiménez, Manolo Flores, Cuesta, Mendiburu y Loquillo.

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=cNaVleymSCk[/youtube]

La última foto es de Loquillo en el Colegio Alpe, donde también estuvieron Epi, Solozábal o Sibilio.