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España negra; Catalunya negra

Sábado, 2 de Diciembre de 2017

Hace años, un familiar pidió la palabra al oír la expresión “el franquismo que se nos impuso desde Madrid”. Supongo que lo hizo, más que como madrileño, porque el acto en el que participaba tenía lugar en Galicia. “Me parece absurdo”, indicó, “tener que recordar que Francisco Franco no nació en Madrid, sino aquí, como Camilio Alonso Vega, por ejemplo”.

Es algo habitual achacar a Madrid y, por extensión, al centro de la península, todo lo negro, casposo y reaccionario de la historia de España. Pero no es así. La historia es común, en lo bueno y en lo malo. Y, en algunos casos, más de lo que se cree. En los últimos meses, desde Catalunya se ha insistido en denunciar esa España antigua y oscura -franquista ha sido el adjetivo más usado- y, desde una posición de alejamiento y superioridad moral, se ha señalado como “irreformable” o “inviable”. Como mi familiar, pido la palabra para explicar que esa España negra, casposa y reaccionaria es un producto con una importante participación catalana. Advierto de que no es un texto histórico ni quiere serlo. Se trata de un ensayo de tesis en el que seguro que falta contenido y he estirado algunas relaciones de causa y consecuencia. El objetivo del texto es sostener que las cosas, observadas con un mínimo de atención, no son blancas o negras.

“Peligro de homogeneización”

Esa España debe su pervivencia al fracaso de los proyectos aperturistas y no se entiende el fracaso del liberalismo en el XIX sin la fuerza de sus enemigos ideológicos (el catolicismo y el tradicionalismo) y económicos (el proteccionismo y el esclavismo). La base del primer elemento estaba repartida, aunque Catalunya era uno de los focos principales. La guerra de los Malcontents de 1827, donde se pide reestablecer la Inquisición, es un ejemplo. El caso de Catalunya es interesante, sobre todo, para señalar cómo el antiliberalismo ideológico confluye y, discrecionalmente, se apropia de los movimientos culturales, como sucedió en el debate educativo de la segunda mitad del XIX. Esa será una de las derrotas claves del proyecto progresista y la incapacidad histórica de los diversos gobiernos para diseñar un sistema laico y público, desligado de la tutela de la Iglesia Católica, se mantendrá, con matices, hasta el XXI.

En la segunda mitad del XIX, tuvo lugar en Catalunya una recuperación cultural historicista entroncada con el Romanticismo europeo, la Renaixença. De ella, formaban parte personas de adscripción democrática, moderada, conservadora el incluso muy conservadora, como Rubió i Ors, ganador del Jocs Florals de 1841 con un poema sobre los Almogávares. Suyas son también estas palabras: «las universidades, manteniéndose católicas, sean en España las encargadas de impedir que el error [el liberalismo] se derrame por nuestro suelo». La frase sirve como imagen y resumen de dos cuestiones claves: la cohesión de la resistencia antiliberal a través del catolicismo y su capacidad de atraer otros proyectos para sus objetivos.

Esto sucederá en la oposición a las reformas educativas de Ruiz Zorrilla que, a imagen de la escuela republicana francesa, decretaban la libertad de enseñanza y terminaban con el intervencionismo eclesiástico, que habían provocado las expulsiones de los catedráticos Salmerón y Castelar, pero también se unificaban los contenidos y se ampliaba la presencia del castellano (frente al latín). La consolidación de este modelo hubiera sido clave, pero fracasó.

A través de la oposición a los últimos puntos, establecidos como el “peligro de homogeneización”, la pata ideológica (catolicismo y tradicionalismo) conseguirá, entre otros muchos, el apoyo transversal de la cultura catalana para provocar el fracaso de las reformas y, en la Restauración, el regreso de la Ley Moyano de 1857, que establecía una cierta tutela de la Iglesia sobre la educación pública y su capacidad para tener centros privados independientes. La Iglesia aplica una visión larga y tiene sus propios mapas; en el siglo XXI sigue apelando “peligro de homogeneización” para mantener sus privilegios, aunque, usando el lenguaje del neoliberalismo, lo denomina “libertad de elección”. Lo interesante de este detalle, que no es menor, pero no deja de ser un detalle, es el uso del elemento cultural-identitario como cohesionador de un proyecto de raíz conservadora e incluso reaccionaria, algo que volverá a suceder.

“Sálvense las colonias”

La base del elemento económico (esclavismo y proteccionismo) estaba menos repartida. No se entiende el desarrollo económico catalán sin la importancia de ellos y los principales proyectos políticos surgidos desde Barcelona, las personas fueron otra cosa, se basaban en la defensa tanto de los aranceles como del tráfico de esclavos. Ya no hablamos de un detalle, sino de un factor decisivo. Es decir, más que la resistencia de los sectores reaccionarios, representados por la Iglesia Católica o el Carlismo, comunes a otros territorios, el gran problema del proyecto liberal español es que, al contrario de lo que sucedió en Europa, no pudo contar con el apoyo de la clase social pujante, la burguesía.

La esclavitud es algo tan molesto que se ha borrado de la memoria, pero se trata de un factor imprescindible para comprender el pasado. A mediados del siglo XVIII, España e Inglaterra se enfrentaron en lo que se llamó la Guerra del Asiento. El nombre se refería al llamado “asiento de negros”, el permiso para la trata de esclavos africanos en las colonias españolas (Portugal permitía la esclavización de los indígenas; España, no, aunque las Encomiendas se parecían al sistema de Servidumbre). Inglaterra perdió y devolvió el “asiento” a la Corona española que, en lo que hoy conoceríamos como colaboración público-privada, estableció un sistema de concesiones.

En 1765, se creó la Compañía Gaditana de Negros, primera empresa peninsular destinada al tráfico de personas. Ese mismo año, Carlos III concedió al puerto de Barcelona la capacidad de comerciar esclavos con las colonias. El resto del comercio se había autorizado con los Decretos de Nueva Planta. Es interesante leer, por ejemplo, La burgesia catalana i l’esclavitud colonial, de Jordi Maluquer de Motes o la obra de Josep Maria Fradera, reñido en público por Jordi Pujol por sus investigaciones sobre el pasado colonial catalán, para entender cómo el tráfico de esclavos sirvió para el proceso que se conoce como apropiación original; es decir, la acumulación de capital por parte de una élite antes de iniciar un proceso económico; en este caso, la industrialización.

Los apellidos de los comerciantes o poseedores de esclavos nos suenan, hay ascendientes de empresarios y políticos en activo, pero es importante no aplicar una mirada de superioridad moral. Repasar la lista de apellidos sirve para ver el funcionamiento de los procesos económicos y cómo estos están ligados a los procesos políticos. Como sostiene el periodista Manuel López Ligero: “Todo es propiedad, por lo tanto, todo son apellidos”. “Somos 400 familias, y siempre somos las mismas”, en palabras de Fèlix Millet. Pero no salgamos del materialismo. Juzgar las cosas, como hace la posmodernidad, impide analizarlas y entenderlas porque la emoción lo inunda todo. Estos apellidos se condensan en un grupo de presión heterogéneo que intervendrá en la creación de iniciativas aparentemente contrarias, como la Restauración borbónica o el Catalanismo político, o el golpe de estado de Primo de Rivera, que sólo tienen sentido si se enmarcan dentro de los intereses económicos.
“Comercio triangular”

Y, para el análisis, es importante tener en cuenta el hecho de que Catalunya llega tarde a este comercio. En el siglo XIX, la esclavitud comienza a ser cuestionada (por razones humanitarias y materiales) y España se adhiere, de forma obligada, a tratados internacionales para evitarla. Pero no los aplica. Los barcos españoles no capturan barcos esclavistas y, en cambio, es habitual la presencia de altos cargos de la administración civil y militar en el comercio. Incluida, la Corona. Esta cuestión hace que el esclavismo no sea un sector económico más, sino un negocio muy ligado a la corrupción política. Sobre esta cuestión, es interesante leer La esclavitud en la América española, de José Andrés-Gallego.

Los españoles no capturaban barcos esclavistas; pero los ingleses, sí. La inseguridad de los mares provocó la aparición, además de los bancos o las compañías de seguros, del llamado “comercio triangular”. Las empresas concesionarias llevaban esclavos africanos, o siervos asiáticos (culis) a las colonias americanas y Filipinas; pero, en muchas ocasiones, no importaban directamente dinero, sino materias primas, ya que estas despertaban menos interés en los barcos ingleses, policiales o piratas.

A partir de finales del XVIII, comenzaron a llegar al puerto de Barcelona grandes cantidades de algodón o azúcar, elementos que serían claves en la potente industria alimentaria y textil que desarrollará Catalunya en el siglo XIX. También llegaron café o tabaco, algo que conducirá a la fundación de grandes empresas. Por ejemplo, la Compañía General de Tabacos de Filipinas, la primera multinacional española. A partir de ese momento, la economía catalana comenzó a estar fuertemente ligada a las colonias; tanto, que, en la guerra cubana llamada “de los 10 años”, el primer grupo militar que desembarcó en la isla fue el de los Voluntarios Catalanes, reclutado por la Diputación de Barcelona. Tanto, que el diputado Josep Puig i Llagostera exclamó en las Cortes: “Sálvense las colonias y piérdanse los principios”

Esas grandes cantidades de materias primas que llegaban a los puertos provocaron la aparición de un eje fundamental: el proteccionismo. Los centros portuarios, Santander, Cádiz, perteneciente a una división administrativa con capital en Sevilla, o Barcelona, buscaron cerrar el mercado para la industria basada en esas materias primas, como la textil (en el caso de Cádiz, por ejemplo, situada en la sierra, lo que después fue un problema para las infraestructuras). Esta burguesía se enfrentó con los productores (valencianos o del interior de Catalunya o de Andalucía) y pactó con los cerealistas castellanos, también partidarios del proteccionismo. Un pacto del Majestic del XIX.

El arancel fue una cuestión clave en toda la política española desde Fernando VII hasta la Guerra Civil y, por ejemplo, está en el origen de las sublevación barcelonesa de 1843 contra el gobierno de Espartero. Tres años después, se produce la II Guerra Carlista, llamada dels Matiners, que se desarrolla casi íntegramente en Catalunya. Su origen es muy transversal, desde la gran crisis europea al sistema de reclutamiento, pasando por los aranceles o la introducción del sistema propiedad liberal, contrario a los usos tradicionales, y a los tradicionalistas se unirán incluso los republicanos. La guerra es interesante porque, de nuevo el proyecto reaccionario es el que logra cohesionar a todo el colectivo. Buena parte de los carlistas derrotados participarán en la Primera Guerra de Marruecos, un foco colonial que será clave en el siglo XX.

El arancel Figuerola

El lector puede hacerse la idea de que Catalunya es, en el siglo XIX, un foco de reaccionarios o facciosos, palabra con la que se llamaba a los carlistas. En absoluto. No puede entenderse la Gloriosa (1868), el intento español de tener un proyecto liberal, sin la participación catalana (Prim, Figuerola, Figueres, Pi i Margall, etc.). Pero tampoco su fracaso y la posterior llegada de la Restauración borbónica.

Prim y su rey, Amadeo, se posicionarán en contra de la esclavitud y a favor de una mayor libertad del mercado. Laureà Figuerola, ministro de Hacienda, famoso por ser el creador de la peseta, intentó reducir los aranceles con una reforma promulgada en 1869. Esta iniciativa librecambista tuvo una fuerte oposición de la burguesía catalana, ya unida en una patronal (Foment de la Producció Nacional). El plazo de implantación era de seis años y no lo logró. En 1874, la monarquía borbónica fue restaurada y, con ella, el proteccionismo, pero la vinculación entre los intereses de la burguesía, proteccionismo, y esa recuperación cultural, de base romántica y tradicionalista, a la que ya podemos llamar catalanismo, se intensificará.

En 1882, se funda el Centre Català, con la voluntad de defender los intereses de Catalunya en la Restauración. Proponía ser una plataforma unitaria para unir todos los catalanistas, desde las posturas progresistas a las reaccionarias, y rechazaba la participación políticos catalanes en otros partidos. Esta institución presentará en 1885 el Memorial de Greuges a Alfonso XII, en el que se rechaza la unificación del Código Civil, se solicita reconocimiento para el catalán y se denuncian de ciertos tratados comerciales en defensa del proteccionismo. Ese año, se incorporan empresarios conservadores carlistas –y proteccionistas y esclavistas–, que juegan a dos barajas.

Liga Nacional, Lliga de Catalunya, Lliga Regionalista
La burguesía esclavista catalana, al igual que la gaditana o la santanderina, se había reunido tras la Gloriosa en torno a los llamados Círculos Hispano Ultramarinos, promotores de un grupo de presión político: la Liga Nacional, cuya sede principal estaba en Barcelona y que contaba con el apoyo de Foment de la Producció Nacional, el Institut Agrícola Català de Sant Isidre, el Institut Industrial de Catalunya o la Societat Econòmica d’amics del País.

Tras resistirse durante años, España se ve forzada en 1886 a declarar la abolición total de la esclavitud y desaparece la Liga Nacional. Un año después, el grupo conservador abandona el Centre Català y funda la Lliga de Catalunya. Su primer presidente, Ferran Alsina, había sido el candidato derrotado por Valentí Almirall. Alsina era el socio de Eusebi Güell, directivo de la Liga Nacional, en el negocio textil. Sobre los apellidos, es interesante leer L’oasis català  de Andreu Farràs y Pere Cullell. Este grupo tratará, de nuevo, unir a grupos heterogéneos en la defensa de sus intereses a través del uso de recursos culturales e indentitarios.

Su herramienta será primero la Unió Catalanista, que promoverá las Bases de Manresa y, después, tras la pérdida definitiva de las colonias, la Lliga Regionalista, fundada en 1901, dos años después del 98. El propio fundador de la Lliga, Francesc Cambó, relacionaba la pérdida de los mercados antillanos con el planteamiento serio del problema catalán. Lo recoge Maluquer. Sería interesante separar el catalanismo de esos instrumentos políticos de defensa de los intereses de la burguesía que usan discrecionalmente elementos culturales e identitarios. En palabras de Fradera: “el catalanismo no es resultado del nacionalismo; lo precede y sobrevivirá a él”.

El salto entre la Liga Nacional y la Lliga de Catalunya puede parecer imposible a ojos del siglo XXI, pero todo es más entendible si se tiene en cuenta el fuerte carácter reaccionario de una parte de ese movimiento cultural, como un grupo vinculado al diario la Renaixença, promovido –el diario– por Prat de la Riba y dirigido por Guimerà. De ese grupo (Coroleu / Pella i Forgas) saldrá una obra interesante llamada Los fueros de Cataluña (1878), donde, por ejemplo, se habla de “los derechos imprescriptibles de sus pueblos” o se sostiene que “la nación catalana es la reunión de los pueblos que hablan el idioma catalán”. Pero también, que “siendo la religión de los catalanes la católica, apostólica y romana, no le es lícito a ningún laico discutir pública ni privadamente acerca de sus dogmas” y, además del sufragio para cabezas de familia, se reclamaba el desempeño de oficios a los nacidos, excluyendo a los naturalizados. O La Tradició Catalana (1892), de Torras i Bages, respuesta a la visión más progresista de Valentí Almirall. Para Torras, que ataca al “uniformismo nacido en Francia” (recordemos las reformas de Ruiz Zorrilla), el regionalismo es lo contrario a este liberalismo impío y por eso la Iglesia, que es eterna como las naciones, está de su parte. Hay un hilo entre este discurso del XIX y ciertas cuentas de twitter del XXI.

“Antipatriota”

En este contexto, se entiende el choque inicial que se produce entre el catalanismo y el movimiento obrero, entre Güell y Alsina, y los trabajadores de sus colonias industriales, un sistema no muy lejano a la servidumbre. El enfrentamiento se prolongará en el XX cuando la patronal decida emplear a la Unió de Sindicats Lliures, de origen tradicionalista, contra la CNT (Confederación Nacional del Trabajo), acusada habitualmente por los primeros de “antipatriota”.

Es también interesante la pequeña etapa de Solidaritat Catalana (1906-1909) como otra coagulación oportunista, en este caso, contra la Ley de Jurisdicciones. La transversalidad de la iniciativa incluía a los carlistas, a la Lliga y a los republicanos; de hecho, fue encabezada simbólicamente por  Nicolás Salmerón. La transversalidad, y el uso político de lo cultural e indentitario, provocaron el crecimiento del Partido Radical de Lerroux. Las coincidencias concretas con el XXI son menos importantes que la base, el uso de instrumentos políticos y culturales para la defensa de los intereses de clase.

Es algo que también sucederá en España, donde la élite, burguesía y nobleza, se apropiará de los elementos culturales e identitarios, en clara disputa durante el primer tercio del XX, para defender su estatus, convirtiendo cualquier cuestionamiento en “antiespaña”. Es algo que también pervive hasta nuestros días. La bandera de España sirve para ocultar la factura de la luz.

En el XX, la España negra, casposa y reaccionaria se concretará en el colonialismo, el proteccionismo o la corrupción, condensados en el negocio que significaron las guerras de Marruecos, claves para la industria textil de buena parte de los promotores de la Lliga. También, en la explotación (colonias industriales), la represión de los movimientos democráticos y obreros (pistolerismo), y en las políticas autoritarias. El golpe de estado de Primo de Rivera, capitán general de Catalunya, no se entiende sin la participación de la burguesía catalana.

La lista podría seguir y se hace necesario recuperar Els catalans de Franco, de Ignasi Riera y ver cómo los mismos apellidos apoyan iniciativas diferentes porque son su herramienta para defender los intereses de clase. De nuevo, es importante no aplicar una mirada de superioridad moral y echar en cara a fulano o mengano haber saludado con el brazo extendido. Juzgar las cosas impide entenderlas y hacerlo desde la tranquilidad de una democracia es miserable. Las cosas no son blancas  o negras y, en el caso de que sean negras, las hemos pintado entre todos.

Cronocat

Domingo, 8 de Octubre de 2017

El punto de partida es importante. El hecho de que la transición portuguesa comience con claveles y gente feliz en las calles, y la española con una bomba y gente asustada no es algo irrelevante. Es la primera imagen de nuestra democracia, la que sale después de los títulos de crédito, otro aspecto complicado y escabroso. Por eso, tiene importancia el punto que se escoja como inicio del proceso soberanista.

¿Y cuál es?, ¿la Diada de 2012?, ¿la polémica del Estatut de 2006?, ¿o, quizá, un punto intermedio a menudo olvidado: la manifestación que rodeó el Parlament en 2011? Como imagen, quizá esa Diada. Además, hace que el relato sea más coherente, con cada actor en su papel. Precisamente por eso, es interesante ir bastante antes, aunque sea un poco largo. Todo es importante y, sin una cosa, es complicado entender otra.

2000. El presidente de la Generalitat Jordi Pujol (CiU), apoyado por el PP, rechaza la oferta de pacto que le hace ERC para reformar el Estatuto de Autonomía. Maragall (PSC) sí lo acepta y acuerdan forman un futuro gobierno de izquierdas.

2003. El PSC, en la campaña de las elecciones autonómicas, promete que pondrá en marcha un nuevo Estatuto de Autonomía. Zapatero, secretario general del PSOE, anuncia que apoyará el texto que salga del Parlament. CiU se desmarca de esa reforma. Las elecciones se celebran y el tripartito (PSC-ERC-ICV) pone fin a 23 años de CiU. La burbuja inmobiliaria está tomando fuerza y el crecimiento comienza a ser notable.

2004. Zapatero gana las elecciones. Se conocen los primeros borradores del Estatut y el Gobierno establece límites. Desde Catalunya, se afirma que la intención no sólo es mejorar el autogobierno o la financiación, sino crear una España plural.

2005. El nuevo Estatut se aprueba con el voto de CiU. La polémica ya estaba en marcha. La palabra “nación” concita muchas discusiones. El PP convoca manifestaciones contra el Estatut, al que califica de proyecto personal de Zapatero. Un almuerzo de seis horas entre Mas (CiU) y Zapatero sobre la financiación agiliza los trámites, pero ERC se descuelga. El PP comienza a recoger firmas contra el Estatut.

2006. El estatut se aprueba en un referéndum con poca participación. El PP presenta ante el Tribunal Constitucional un recurso de inconstitucionalidad. También recurrieron el Defensor del pueblo y cinco comunidades autónomas. En las elecciones catalanas, vuelve a ganar el tripartito. José Montilla, andaluz, es presidente de la Generalitat. Aparece Ciudadanos. La economía española asombra. La burbuja inmobiliaria, en su esplendor.

2007-2009. Batalla por los miembros del Constitucional que decidirán sobre el Estatut. El PP logra la recusación del magistrado Pérez Tremps. Se celebran consultas no oficiales sobre la independencia en 512 municipios de Catalunya. Comienza la crisis económica (¿seguro que no tiene nada que ver?). Los problemas de la banca estadounidense se extienden a Europa. Termina la burbuja inmobiliaria y caen las cajas catalanas, salvo La Caixa. Estallan los casos de corrupción de CiU (Millet-Palau).

2010. Tras unos años en los que se habla más del matrimonio homosexual (que acabará con la familia tal y como la habíamos conocido, se decía) y, sobre todo de la crisis, vuelve el tema catalán. En marzo, la prensa catalana publica un editorial conjunto en el que avisa de que una sentencia dura del Tribunal Constitucional puede provocar una crisis social. El TC desoye la advertencia y resuelve (seis votos a cuatro) contra buena parte del texto. Una sentencia anunciada por la foto de varios magistrados, claves en la votación, en una corrida de toros en Sevilla. Se convoca una manifestación multitudinaria que toma un cariz soberanista. Montilla, que tienen que abandonar el acto, advierte del alejamiento político: puede formarse una Liga Norte. CiU, que ya ha incorporado el “derecho a decidir” y el “pacto fiscal” recupera el poder y da por finalizado el acuerdo constitucional. Sin embargo, el PSC lo apoya en la investidura y Mas pacta leyes con el PP. Es la época de los recortes.

2011. El 15 de mayo se inicia en 15M. Primero, en Madrid, pero se extiende a todas las ciudades, incluida Barcelona. El 27 de mayo se produce el desalojo del 15M barcelonés con cargas policiales. El 15 de junio, el Parlament aparece cercado por una manifestación contra los recortes y el presidente Mas tiene que llegar en helicóptero. La campaña Stop desahucios de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca alcanza una gran relevancia. Se lanza de idea, mirando a Portugal, de reconducir la indignación social a través de la cohesión nacional. En la manifestación de la Diada, sólo participan los partidos históricamente independentistas. ETA anuncia el fin de su actividad armada. El PP vence en las Generales.

2012. Varios municipios catalanes se declaran “territorio libre”. En febrero, se aprueba la reforma laboral y se producen graves incidentes durante el Mobile World Center. Se lanza la idea de una consulta sobre la independencia. En julio, el Parlament aprueba un “pacto fiscal” parecido al concierto económico. La manifestación de la Diada, que usa el lema del minoritario partido de Joan Laporta (Catalunya, nou estat d’Europa), es multitudinaria. La prensa de Madrid está más preocupada por la del 15S contra los ajustes. Nueve días después, Rajoy se reúne con Mas y rechaza el “pacto fiscal”. Cinco días más tarde, el 25S, está convocada una manifestación que quiere rodear el Congreso. También, la última huelga general hasta la fecha (14N). Mas convoca elecciones para noviembre. CiU, pese a incluir la una consulta sobre la independencia en su programa, pierde voto. ERC se recupera. En diciembre, Mas y Junqueras firman un acuerdo en el que se comprometen a celebrar una consulta. Sólo entonces, CiU rompe con el PP en la Diputación de Barcelona.

2013. En enero, el Parlament aprueba una “Declaración de Soberanía” que será suspendida por el Tribunal Constitucional. Se inicia un largo partido de ping-pong entre ambas instituciones. En Madrid, la protesta contra los recortes aumenta con la formación de las mareas contra la privatización; pero, en Catalunya, la respuesta a las políticas de ajuste ha disminuido. Se discute de otras cosas, como la consulta, y se forman instituciones cohesionadoras como el Consejo Asesor para la Transición Nacional o el Pacto Nacional por el Derecho a Decidir. En la Diada, se copia la Vía Báltica, una cadena humana que atravesó los países bálticos antes de su independencia de la URSS. La Vía Catalana es un éxito cívico y estético. En el Congreso, Duran i Lleida advierte a Rajoy: si no lo soluciona, se encontrará con una declaración de independencia. Rajoy no hace nada. En diciembre, Mas anuncia la convocatoria de la consulta para el año siguiente (no lejos del referéndum escocés) junto a formaciones antagónicas ideológicamente, como la CUP, cuyo portavoz había sido desalojado dos años antes del 15M barcelonés.

2014. Es un año clave para la separación psicológica. En España, es el año del cabreo contra los recortes y la corrupción (Gürtel, Púnica, tarjetas opacas de Cajamadrid, etc.), que se concreta en la aparición de Podemos en las elecciones europeas. En Catalunya, no; de hecho, es la comunidad donde saca un menor porcentaje de voto, pese a haber sido pionera en las protestas. En Catalunya, es el año de la consulta y la estrategia de convocar un hito que evite el debate político continuará los años siguientes. Ni siquiera afecta demasiado a Mas la caída de su padrino, Jordi Pujol. El ping-pong burocrático continúa. Rajoy afirma que no sabe “quién manda” en Catalunya, como si él no fuera el presidente del Gobierno de todo el Estado. De nuevo, dos éxitos estéticos: la manifestación en forma de uve de la Diada y, sobre todo, la consulta festiva del nueve de noviembre. Meses después, una indiscreción de Homs desvela una oferta de la Moncloa para tolerar esa consulta: que no pareciera una jornada electoral. Lo fue. Se rompe la confianza.

2015. En enero, se convocan unas elecciones autonómicas para septiembre. El hito del año para que no se hable de nada más. Se las llama plebiscitarias y se afirma, en un bucle habitual, que su resultado puede dar lugar a una declaración unilateral de independencia (no se producirá). En las elecciones municipales, aparece un nuevo actor: los comunes de Ada Colau. CiU se rompe. CDC comienza a refundarse en lo que es hoy el PDCat. UDC desaparece. Se desvela la existencia de tramas policiales contra cargos nacionalistas, la Operación Cataluña, que es usado de paraguas. Se lanza la idea de una lista única para esas elecciones, de nuevo, la cohesión nacional. Junts pel Sí, esa lista única, gana las elecciones, pero sin mayoría. El nuevo Parlament declara el inicio del proceso de creación del estado catalán. El TC lo suspende. Se celebran elecciones generales. El PP gana sin mayoría.

2016. Pese a las presiones, la CUP no acepta investir a Mas y Puigdemont se convierte en presidente. Afirma que, en 18 meses, se construirá la república catalana (se cumplieron el 10 de julio de 2017). Comienzan a crearse las estructuras de estado, impugnadas por el TC que acaba quejándose de tener que solucionar un “problema político”. Pedro Sánchez no logra la investidura (¿qué habría pasado sí…?) y se convocan nuevas elecciones, que prácticamente repiten resultado. En la Diada no hay una manifestación unitaria. Días después, en el debate de una moción de confianza, Puigdemont anuncia un referéndum por la independencia en “septiembre de 2017”. Pedro Sánchez deja de ser secretario general del PSOE tras una rebelión interna con el trasfondo sus conversaciones con los nacionalistas. Los socialistas se abstienen para dejar gobernar a Rajoy. La vicepresidente Soraya Sáenz lanza una oferta de financiación que no obtiene respuesta.

2017. Mas y otros cargos son condenados por la consulta del 9N: inhabilitación y una cuantiosa multa. Pedro Sánchez gana las primarias del PSOE con un discurso de regreso a la izquierda y de defensa de la plurinacionalidad. Unidos Podemos presenta una moción de censura que vuelve a mostrar la cuestión territorial como obstáculo para una alternativa. El referéndum se convoca para el primero de octubre. Puigdemont y Rajoy se envían cartas con la disyuntiva de legitimidades: demanda ciudadana y cauces legales. Es un choque de trenes en el que sube la testiculina y decae la inteligencia. El siete de septiembre, el Parlament aprueba el referéndum marginando a la oposición. El 20 de septiembre, catorce cargos públicos catalanes son detenidos en un despliegue policial con registros en diversas instituciones. Los parlamentarios catalanes abandonan el Congreso. Se celebran concentraciones en Catalunya y se evidencia una ruptura social. Las fuerzas de seguridad que deben impedir el referéndum son depedidos efusivamente al grito de “a por ellos”. Si hay “ellos” quiere decir que ya no hay “nosotros”. Ese sí ha sido un proceso que se ha producido en estos años.

Octubre 2017 El día de la votación, hay violencia en los locales electorales; la habitual en manifestaciones o desahucios, pero inesperada para las personas congregadas en los colegios. Se produce un desgarro. Dos días después, se produce un paro de país. Las empresas comienzan a situar su sede social fuera de Catalunya. Los ultras españoles salen del armario. Una iniciativa cívica congrega a personas a favor del diálogo. Una manifestación contra la independencia recorre Barcelona.

Y aquí estamos. Es una situación tensa, pero menos incierta de lo que parece. Como recordaba el periodista y filósofo Josep Ramoneda, una declaración unilateral de independencia precisa de cohesión social, apoyo internacional y, en el caso de sea necesario, capacidad insurreccional. Son factores que no se dan. Kosovo tenía los dos primeros y algo del último; Kurdistán, que celebró su referéndum esta semana, el primero y el último, y algo del segundo. Lo probable es que, tras lo que suceda el domingo, salvo que haya alguna desgracia, se convoquen nuevas elecciones autonómicas en las que no será fácil que, como en 2003, se articule un eje que no sea el identitario. Las condenas que dejarán estos días serán un obstáculo. Se ha producido un corte y no es previsible que Catalunya vuelva a tener una actitud regeneracionista que facilite la gobernabilidad de España. Como decía Montilla, viene la Liga Norte.

Ese es un factor que juega a favor del PP. Como sostiene el periodista Enric Juliana, el Gobierno y el Govern han exprimido durante años esta jugosa naranja y ahora están llegando al final, cuando te comienzan a doler los dedos. Al Gobierno, menos. Cualquier alternativa pasa por el entendimiento de los otros cuatro actores: PSOE, Unidos Podemos, Ciudadanos y nacionalistas. Ahora, tal cosa es imposible y, aunque el PP perdiera voto, es la única opción que no acaba en un callejón sin salida. No será fácil coser lo que se ha desgajado, crear de nuevo ese “nosotros”. Y es probable que se crea que es más sencillo repetir el bucle una y otra vez. Unos, para ganar elecciones; otros, hasta que las condiciones hagan posible su proyecto.

Dios y leyes viejas

Miércoles, 28 de Septiembre de 2016

(A propósito de Norma, de Vicenzo Bellini. Puesta en escena de Àlex Ollé)

“Ha estado bien, a pesar de la puesta en escena”, decía sonriendo un anciano por los pasillos intestinales de los cines de Príncipe Pío. “Bueno, es lo que se espera de La Fura dels Baus”, respondió su amigo, que llevaba un traje azul de rayas, parecido al que usé para hacer la primera comunión. Ambos comenzaron a elogiar a Sonya Yoncheva, que acababa de morir en una cruz de fuego encarnando a la Norma de Vicenzo Bellini.

Bajando por la escalera mecánica en dirección al intercambiador de autobuses, no podía quitarme de la cabeza esa última frase: “Es lo que se espera”. Para un artista, suena a epitafio. Si nos quitamos el cinismo, sorprender y provocar no son obligaciones del arte de vanguardia, sino del arte a secas, como la búsqueda de la belleza, a pesar de que la posmodernidad nos diga que no existe. Quizá, su vinculación a lo bueno y lo verdadero sí ha quedado desubicada. El compromiso del artista, es hacer pensar y tocar las narices con su obra. No sólo tocar las narices, no sólo hacer pensar y, en ambos casos, con una obra.

Para el anciano del traje azul de rayas, las 1.200 cruces, estéticamente apabullantes, que llenaban el escenario del Covent Garden en la puesta en escena de Àlex Ollé eran algo previsible, lo mismo que los reclinatorios, los confesionarios, el altar, las cofradías de Semana Santa o los ‘empalaos’ de Valverde de la Vera. Incluso, los militares con bigote y gafas ahumadas, como Oroveso, el padre de Norma, figura que se inspira en Pinochet, pero que, sería injusto no decirlo, también bebe del facha cinematográfico español: López-Vázquez, Agustín Gonzalez, etc.

Esa condición de previsible también quedaba clara al oír a Kasper Holten, director artístico de la Royal Opera House. “Temperamento mediterráneo”, dijo en la entrevista previa. Al escucharle, era complicado no tener la sensación de que esa puesta en escena era exactamente la que cabía esperar de un español. Seguro que, en el entreacto, los hombres con traje azul de rayas del Covent Garden recordaron a Almodóvar, Buñuel o Lorca.

Las 1.200 cruces de la cueva de la sacerdotisa Norma, los reclinatorios, los confesionarios, el altar, las cofradías de Semana Santa o los ‘empalaos’ de Valverde de la Vera sí podrían causar algún pellizco en los teatro españoles porque, en España, el consejo de ministros sí se celebra habitualmente en una cueva con 1.200 cruces y el militar con bigote y gafas ahumadas no es una figura folklórica, sino que participa habitualmente en el debate político y te puede detener cualquier día por cualquier cosa.

Aquí, sí hay dirigentes que, para saber lo que deben hacer, necesitan que un druida queme muérdago y lea en sus cenizas. Uno de ellos, por ejemplo, controla la policía. Aquí, donde no tuvo lugar la Ilustración y el Renamiento acabó en la hoguera, una formación cuyo lema es “dios y leyes viejas”, el PNV, es considerada un ejemplo de modernidad. En Inglaterra, las 1.200 cruces corren serio riesgo de ser una postal más de ese mediterráneo entregado a la pasión irracional de los celos o la religión.

Pero la actualización es magnífica. Hablar de Norma como la lucha de persona, de su felicidad y su proyecto, frente al grupo y cómo la irracionalidad de la religión es capaz de dirigir al segundo, es una idea muy interesante. La clave, la da el propio Àlex Ollé en una entrevista en La Vanguardia: “[Norma es] un personaje muy humano cuyas dudas y problemas son actuales. Su pueblo la quema cuando se siente traicionado… nada que no veas hoy con el ISIS”.

Ahí nos lleva la brújula. En la entrevista, Ollé sostenía que no había querido retratar a una religión concreta, sino la represión de la ideología y el fanatismo. Pues, en ese aspecto, el desafío intelectual y político que tenemos los espectadores de esta Norma no tiene nada que ver con cruces, reclinatorios o confesionarios. Mientras veía la representación, era incapaz de no imaginarme una puesta en escena un poco diferente: una mezquita de Whitechapel como la cueva de Norma, vestida con chador.

No dejaba de pensar que esa puesta en escena pellizcaría el estómago desde las primeras frases, cantadas por Oroveso y los druidas: “Con tu aura profética, oh dios terrible, inspírala; infúndele […] ira y odio contra los romanos, sentimientos que acaben  con esta paz, para nosotros mortal. […] En la ciudad de los césares, con tremenda fuerza retumbará”.

En Londres, no me atrevo a afirmarlo de España, todo el mundo entiende la irracionalidad de la religión y sabe distinguir un fanatismo, han financiado o amparado varios como el que tuvimos en España o el chileno, pero quizá la irracionalidad del miedo queda más difusa y también es un factor que también provoca fanatismos. Ese es el problema actual con la irracionalidad. No su existencia, sino la respuesta que ofrecemos.

Unos exigen y otros aceptan estados de excepción, leyes especiales, toques de queda, cárceles secretas o campos de concentración. Se legitima la mentira o el autoritarismo, siempre que se ajuste a los objetivos tácticos, actuaciones que no sólo nos desarman moralmente, y nos hacen comportarnos colectivamente como hijos de puta, sino que acaban con las zonas intermedias. Al no haber individuo, no hay matices, no hay moderación, hay que unirse a un grupo. Frente a la incertidumbre, las naciones, no como estado, sino como conjunto de tradiciones y creencias, como fe, como la cueva de los druidas, se ofrecen como un buen refugio: dios y leyes viejas.

Cuestionar la Ilustración no parece el mejor modo de defenderla, pero aceptamos la irracionalidad para acabar con la irracionalidad. Ese es el desafío.

Snchz necesita un MILV (Mature I’d Like to Vote)

Lunes, 5 de Septiembre de 2016

Cuesta entender la apelación de Pedro Sáchez a las “fuerzas del cambio”. Cuesta entender no sólo que él mismo se considere parte del tal cosa, sino que alguien siga considerando que tal cosa exista. Los nuevos partidos, muy eréctiles, han envejecido rápido y mal, como los concursantes de un reality; los hemos visto haciendo de todo y sólo pueden captar pantalla con posados-robados.

La solución es compleja: Podemos y Ciudadanos no se soportan y tienen vetos cruzados, pero tener su apoyo es la única opción. El grupo dirigente del PSOE sabe que no puede formar gobierno sólo con Podemos, no sólo porque precisaría de un pacto  tan variado como ininteligible en buena parte del país, sino porque es una formación que ha tratado de engañarlos en las dos votaciones de la mesa del Congreso.

Imaginemos que Pedro Sánchez da un paso atrás y propone a un MILV (Mature I’d Like to Vote) que puedan aceptar Ciudadanos y Podemos. Un tipo que ponga en marcha un pacto de mínimos basado en la regeneración. Un tipo capaz de evitar los vetos y que no sólo pueda tener alguna abstención nacionalista, sino que incluso pueda desarbolar moralmente a la derecha, como hizo Carmena con Aguirre, una persona capaz de diluir el voto del miedo y desactivar la resignación social. ¿Existe?

El crematorio de los carromeros

Martes, 3 de Marzo de 2015

Recalificaciones, escuchas, coches quemados, espías, volquetes de putas o reuniones con policías. Chirbes se quedó corto en Crematorio. Madrid, el PP de Madrid, da para mucho más y sus principales noticias políticas no se producirán este año, sino el que viene. Este año, sólo se producirá la derrota electoral; el año que viene vendrán las consecuencias.

El PP de Madrid domina la Comunidad, la Asamblea y 146 ayuntamientos. Hablamos de consejeros, directores, subdirectores, diputados, jefes de gabinete, directivos de empresas públicas y los que ahora tienen la contrata de mantenimiento de la empresa pública. A nivel municipal, concejales, personal de confianza, directivos de empresas municipales, empleados de empresas municipales y el que ahora proporciona los bolis a las empresas municipales.

En la mayoría de los casos, hablamos de personas con un alto nivel de vida: más de 50.0000 aurelios al año más tarjeta para comidas, bebidas y comidas. A ojo, como el FMI, podemos estar hablando de medio millón de personas, medio millón de carromeros de diferentes graduaciones. Si se produce un cambio político en la Comunidad, el Ayuntamiento de Madrid y la mitad de esos 146 municipios, la mayor parte de ese medio millón quedará desatendido.

En otoño, buscarán cobijo en la administración central; en enero, si llega la fragmentación de las Cortes, las posibilidades se reducirán. Quedará, emigrar a la meseta o a Galicia. Pero no habrá lugar para todos y el invierno será crudo. Y también, para las concesionarias, los medios de comunicación y los otros subsidiados, como las empresas de servicios (sanidad, educación, dependencia, etc.).

El PP no es tanto un partido político como un músculo. Es una estructura creada para alcanzar el poder y ejercerlo. No hay ideología, sino acción. Sin el poder, sin favores, ni prebendas, ni recalificaciones, ni cargos, ni publicidad institucional, ni derivaciones, será complicado mantener unido al grupo. ¿En torno a qué? Un músculo, si no se mueve, se atrofia.

La oposición será durísima, como en 2004, y altas las posibilidades de que oportunistas traten de montar sus propios partidos (sus Podemos de derechas). Políticamente, 2016 será más interesante que 2015. Este año, sólo habrá resultados.

Parece que fue ayer

Jueves, 8 de Enero de 2015

Parece que fue ayer cuando todo el mundo defendía la libertad de expresión, cuando todo el mundo decía que no hay creencia que pueda coartarla. Parece que fue ayer, pero hace mucho tiempo. Por eso, es comprensible que nadie pida ya la derogación del artículo 525 del código penal vigente, aprobado en 1995, en el que se recoge el delito de ofensa de los sentimientos de los miembros de una confesión religiosa. Ojo, basta con que se realice la conducta con la finalidad de ofender, no es necesario que se ofenda. Discrecionalidad. Pura inquisición.

Lo sucedidó ayer en París tuvo tanta unanimidad por su violencia explícita y, sobre todo, porque sucedió lejos. Todo lo que le pasa a otro es muy claro. Ayer, todos defendían la libertad de expresión y decían que la forma más clara de hacer frente al fanatismo era ejercer la libertad de expresión.

Lo decían los defensores, por acción u omisión, del secuestro de la revista El Jueves en 2007 o de su autocensura el año pasado. También, los que han apoyado la detención de personas por hacer chistes sobre atentados o los que han defendido las denuncias contra Leo Bassi, Javier Krahe o Mongolia. Incluso, en un alarde de posmodernidad, había gente que participa en medios de comunicación promovidos, directa o indirectamente, por regímenes teocráticos, como Ciudad del Vaticano o Irán, o dictaduras, religiosas o no, como China, Arabia Saudí o Cuba.

Parece que fue ayer, pero hace mucho tiempo. Mucho, muchísimo.

Producción y difusión

Viernes, 2 de Enero de 2015

En Jot Down entrevistan a la actriz Armana Miller:

Jot Down: Una cosa que siempre me he preguntado es cómo funcionan los metabuscadores. Alguien se gasta un dinero en hacer una peli. Busca unas actrices, les paga razonablemente bien… Y luego todo esto aparece gratis. No lo entiendo. Sé cómo funciona en la música y en los libros, pero no entiendo cómo funciona en el porno. ¿Alguien gana pasta con todo esto?

Armana Miller: Esto es el gran secreto del porno, y alguien debería escribir sobre ello. Y ese alguien debería ser yo, no tú. [Risas] Es broma. Básicamente lo gestiona una compañía americana muy grande que anteriormente se llamaba Manwin y ahora ha cambiado su nombre a MindGeek. Esta empresa posee el 90% de las productoras de porno del mundo. Todo el dinero de las productoras va a Manwin.

JD: ¡Qué dices! Esto es como descubrir la conspiración mundial más grande de la historia. ¡Es el Pulitzer!

AM: Casi todas las productoras mainstream que puedas tener en la cabeza: Reality Kings, Brazzers…

JD: ¿Las antiguas como Private también?

AM: No, Private va por libre. Pero de las grandes, casi todas están dentro de esta misma compañía, que además es la poseedora de casi todos los tubes: Youporn, Twistys… Esta gran compañía tiene sus diferentes líneas de producción —Brazzers es diferente a Reality Kings, por ejemplo—, y lo que hacen es coger vídeos de sus diferentes compañías y, este es el punto clave, los ponen en baja calidad, en Xvideos, Youporn, Pornotube, etc. Lo que están haciendo es que el consumidor vea esos vídeos y, si tiene dinero y le interesan, clicará en la esquinita donde hay un enlace a Reality Kings para hacerse miembro y verlos a mejor calidad o ver más vídeos de la misma actriz. Se mete en la web y se hace miembro. Esa es la gran estrategia de mercado.

JD: Creía que pesaría mucho más la gratuidad que el interés. No imaginaba que existiese el gourmet del porno.

AM: Con los torrents la gente va a encontrar estas cosas gratis sí o sí. Entonces, mejor ofrecerlo gratis desde tu propia plataforma y que alguna gente pague, que no que otras personas que no conoces lo consigan gratis sí o sí. Lo que sucede es que en estas plataformas el usuario puede subir sus vídeos, y los usuarios suben vídeos de webs que no están en esta gran compañía, haciendo una competencia desleal a los otros. Porque si yo tengo Reality Kings me mola que mi vídeo esté en Youporn porque la gente va a ir a Reality Kings, pero si soy X-Art, que no tengo nada que ver con Reality Kings, que mi vídeo esté ahí me jode la vida, porque la gente no va a ir a mi web. Es muy interesante.

La misma empresa produce y distribuye (en alta y baja calidad). Será, mejor dicho es, la estrategia de Telefónica.

90% del mercado, por si no lo habían leído.

Cuaderno de Catalunya

Martes, 14 de Octubre de 2014

El problema de las líneas (cuándo se jodió Catalunya)  (19/11/2010)

No está claro qué va a pasar pero intuyo que todos esos procesos (ensimismamiento, preplejidad, frustración, polaco el que no bote) harán más amplias las zonas de incomunicación y más limitadas las de encuentro (un horizonte de sucesos: una hipersuperficie frontera del espacio-tiempo, donde los eventos a un lado de ella no pueden afectar a un observador situado al otro lado; qué poética es la física).

PP y CiU llegan ahora con Pacto Fiscal, una nueva y divertida actuación de los títeres de cachiporra (31/7/2012)

Bienvenidos y acérquense a la nueva y divertida actuación de los títeres de cachiporra. Tras el éxito hace dos años de Estatuto de Autonomía, PP y CiU llegan ahora con Pacto Fiscal, una nueva y divertida comedia de declaraciones, enredos y peleas en broma. En los próximos meses, verán tensiones institucionales, entrevistas apocalípticas y aparatosas puestas en escena con mucho símbolo. Nada en serio; nada irreversible. Escojan uno de los lados y siéntense cerca del escenario para poder gritar muy fuerte y que no se oiga nada. Si se quedan afónicos, pueden usar los aplaudidores que regala la prensa de cachiporra. No se queden en medio, tratando de entender a ambas partes y buscar una solución, porque puede que reciban un garrotazo perdido. Tampoco se vayan muy lejos, buscando una visión de conjunto, porque se decepcionarán. En los bastidores, podrán ver a todos los actores intimando y pactando el desmantelamiento de los servicios públicos, el blindaje de su estatus de clase o la impunidad de sus respectivos casos de corrupción y, señores, el espectáculo debe continuar. No se olviden de entregar su cartera a la salida. Si no lo hacen, el sistema será insostenible

La CEDA saca las banderas (cuidado con las carteras) (27/8/2012)

El tema de las elecciones debería ser el modelo socioeconómico, quién debe pagar impuestos, cómo, cuántos y para qué. Es decir, si debe haber copago sanitario o persecución del fraude fiscal; si se debe subir el IVA o recuperar el impuesto de sucesiones o si deben eliminarse todas las becas de estudios o las ayudas a centros privados.

Pero es probable que no sea así y que la CEDA (PP-PNV-CiU), de acuerdo en el copago, la subida del IVA o las ayudas a los centros privados, centre el debate en la cuestión identitaria […]. Agarren su bandera, agítenla mucho y no se olviden de pasar por caja.

Por culpa de la Meseta (17/9/2012)

Si no hay dinero para hacer mamografías no es porque hayamos eliminado el impuesto de sucesiones, sino por culpa de la Meseta. (…) Si no hay dinero para pagar a las residencias de ancianos no es porque tengamos un fraude fiscal del 23%, uno de los más altos de Europa, sino por culpa de la Meseta. (…) El objetivo del discurso era embridar definitivamente la manifestación hacia la cohesión nacional que, para entendernos, quiere decir que la madre de Cornellà que no pude pagar el comedor a su hijo porque le han quitado la beca y lleva las lentejas en el tupper siente como enemiga a la madre de Leganés que no pude pagar el comedor a su hijo porque le han quitado la beca y lleva las lentejas en el tupper y, aún más, que la madre de Cornellà se sienta en el mismo barco que los miembros del Orfeó, que tienen sus cuentas en Suiza y nunca han visto un tupper. El objetivo se ha cumplido. Queda conocer la gestión de la frustración y el arrepentimiento, de la mala hostia. No suele ser fácil.

Ya se verá. ¿Ya se verá? (10/10/2012)

España va camino de la nada con paso firme y nada mejor que las banderas para que la gente olvide que, tras la austeridad, metaforizada por un niño con un tupper, siempre llega la pobreza, metaforizada por un niño con un tupper vacío (veremos imágenes muy duras).El primer año de Gobierno de la CEDA madrileña (segundo, de la catalana) ha traído menos renta, más impuestos, peores servicios, copagos generalizados y, sobre todo, mucho miedo y mucha frustración. No poder ofrecer ofrecer a los hijos los recursos para el ascenso social crea impotencia; no poder saber si uno tiene cáncer o no, también; tener que pedir dinero a la familia o volver a casa de los padres, más aún, quedarte en la puta calle, ni te cuento. Aún no sabemos dónde nos hemos metido. Para evitar que el debate se centrara en si había que recuperar el impuesto de sucesiones para pagar a los médicos o en si no sería conveniente dejar de pagar colegios del Opus para no tener que eliminar las becas de comedor y que todos los niños coman una vez al día, la CEDA sacó las banderas y preparó el timo.

Situar la culpabilidad en Madrid y la felicidad, más allá del Arco Iris encauzaba un cabreo bastante extendido. Sin embargo, la cosa no acaba de cuajar y competía con otras noticias (manifestación del 15-S, posibilidad de nuevos copagos médicos, tasas universitarias, etc…). Fue necesario hacer más ruido. La CEDA catalana le dio una nueva vuelta a su papel de agitador y pasó a ser el loco solitario, el que dice que lo va a quemar todo con un bidón lleno de agua, el que se apunta a la cabeza con balas de fogeo (que estoy muy mal, eh). Se habló de estado propio. ¿Con qué calendario?, ¿con qué mecanismos?, ¿qué leyes hay que modificar?, ¿cómo se haría la transición? Nada, sólo felicidad más allá del Arco Irís.

Está claro que, tras las elecciones de otoño (que seguramente ganará), la CEDA va a repartirse lo que quede de lo público, desde la Renfe a los hospitales, y seguirá en su proyecto de precarización social (ya que no se puede devaluar la moneda, se devalúa la sociedad). Pero ¿y la clá?, ¿qué pasa con toda esa gente que se ha creído de verdad que esto iba en serio? ¿hay un plan B?, ¿cómo se va a modular, verbo de moda, la excitación provocada?

La amargura y el cabreo (15/10/2012)

Queda saber cómo se gestionarán las expectativas, las ilusiones, las esperanzas, cómo se vuelve a situar el barco en medio del océano, otra vez camino de Ítaca. No basta el ‘ya se verá’. Hará falta mucho músculo comunicativo para embridar esta situación. Hay situaciones creadas que son irreversibles, muros construidos, puentes derribados, incomunicación, horizontes de sucesos. Y, sobre todo, será difícil reparar el daño intelectual producido.

Vía portuguesa (11/9/2013)

Había que importar para Catalunya ese concepto de dignidad nacional para que el proyecto común se impusiera al malestar social, para que ese objetivo se ofreciera al grupo, cada vez más numeroso, de gente sin nada que perder y, en fin, para que la sensación de grupo se impusiera a la de saqueo de unos por otros. El concepto de lucha de clases, renacido por la evidencia de la miseria, debía quedar deslumbrado por el nuevo amanecer de la construcción nacional. Todo en positivo.

Las razonables esperanzas (30/10/2013)

La CEDA catalana es el partido de Ítaca, reza para que el viaje sea largo. La Caixa (donde son consejeros el Conde de Godó y López Burniol, coautor del editorial sobre el Estatut), con más de 6.000 oficinas en territorio español y creciendo, nunca estará por la independencia; tampoco, Abertis, Gas Natural o Agbar. La Reconquista marcó un modelo económico, las élites extractivas, que comparten Portugal, Castilla y Aragón. No son muy diferentes los empresarios de Barcelona, Madrid o Lisboa.

[…] Es una propuesta que se abandonará dependiendo de las circunstancias. Es probable que la CEDA vuelva a necesitar recalentar la cuestión; por ejemplo, para ganar las próximas elecciones generales: “Un discurso de reafirmación nacional por encima de los avatares de la crisis. Frente al soberanismo catalán, soberanismo español”.

PD: La desgracia de los hombres de genio es que tienden a subestimar y, por tanto, a desoír, la influencia que la gente de menor inteligencia es capaz de ejercer sobre sus compañeros. El castigo del cínico, que cree que los seres humanos solo son movidos por motivos de codicia o temor, está en que, por su mismo cinismo, levanta pasiones de humillación y resentimiento que, al final, resultan más poderosas que cualquier cálculo lógico. El hombre de un rectilínea energía cerebral, el hombre de ambición indesviable, olvida frecuentemente que la gloria también está sujeta a la ley de los rendimientos decrecientes, y que aquellos que se aprovechan más de sus éxitos vienen a perder con el tiempo su sentido de aventura, su deseo de engrandecimiento personal, y solo desean disfrutar en reposo de lo adquirido. Y la persona que se ha acostumbrado a tener una visión de la vida puramente mecanicista o matemática, no puede comprender que aquello que impacientemente rechaza como ideologías, son realmente ideas; y que lo que él descarta como sentimiento es la expresión de algo sentido profunda y poderosamente. Así, llega un momento en que las razonables esperanzas vienen a ser demasiado razonables para ser verdaderas. (El Congreso de Viena, de Harold Nicolson)

Entre Ítaca y el Maelstrom
(16/5/2014)

La táctica de crear una conciencia nacional con un proyecto político emotivo ha logrado disolver los profundos problemas sociales de Catalunya, una de las zonas donde más se ha extendido la miseria y donde más se notará el período de depresión económica que estamos comenzando. La desaparición de las cajas catalanas, motores de las zonas productivas, como el Vallès o el camp de Tarragona, no saldrá gratis. La Caixa puede tirar de La Vanguardia; pero no, de todas las pymes de Sabadell.

“Si no podemos hacer una consulta pactada, tendremos que hacer unas elecciones plebiscitarias”, dijo el jueves Artur Mas. Si él puede hacer algo, ¿para qué quiere pactarlo? Para no hacerlo. Es una táctica mediterránea de la teoría de juegos basada en la permanente incorporación de actores o condiciones para postergar las cosas.

[…] La política catalana, devorada durante años por la metáfora de Ítaca, apunta a un Maelstrom, remolino hipnótico. “No hizo falta más que un día para transformar mis cabellos negros en canas, debilitar mis miembros y destrozar mis nervios”, decía el cuento de Poe.

Sigan mirando las banderas  (14/9/2014)

En las últimas semanas, hemos leído:

  • Fuerte recorte de deuda en el Ibex (Expansión)
  • El Ibex destina un 22% más a sus directivos por los extras. Las grandes cotizadas reducen su plantilla en 43.650 personas en un año (El Economista)
  • La banca española lidera la mejora de ingresos del sector en Europa. Las entidades españolas obtuvieron una mejora de ingresos netos del 7% en 2013. (Expansión)

¿De dónde ha salido el dinero? De todos.

  • La deuda pública supera el billón de euros por primera vez en la historia. El pasivo se disparó al 98,9% del PIB en el segundo trimestre (El Economista)
  • Las autonomías suben 84 impuestos desde que comenzó la legislatura. Las CCAA crean 34 tributos desde 2012 (Expansión)
  • La presión fiscal ligada al IBI se ha disparado un 53% en cinco años (Cinco Días)

Gramsci explica que su poder está dado fundamentalmente por la “hegemonía” cultural que las clases dominantes logran ejercer sobre las clases sometidas, a través del control del sistema educativo, de las instituciones religiosas y de los medios de comunicación. A través de estos medios, las clases dominantes “educan” a los dominados para que estos vivan su sometimiento y la supremacía de las primeras como algo natural y conveniente, inhibiendo así su potencialidad revolucionaria. Por ejemplo, en nombre de la “nación” o de la “patria”, las clases dominantes generan en el pueblo el sentimiento de identidad con aquellas. Se conforma así un “bloque hegemónico” que amalgama a todas las clases sociales en torno a un proyecto burgués.

Versión española

Jueves, 2 de Octubre de 2014

Tengo la sensación de que nos están poniendo la versión española de esa película británica que vimos en septiembre.

Los decorados son un poco de cartón, han cambiado el montaje y hay cosas que no se entienden bien; no hay desnudos y los cambios en el guión para disimular cualquier referencia sexual o política convierten en cómicos diálogos que eran dramáticos. López Vázquez hace el papel de Cary Grant y Gracita, el de Bette Davis.

Todo parece un poco cutre, un poco mentira; quizá por eso los actores sobreactúan; gritan y se dan golpes en el pecho. Habría valido hace años, cuando no podíamos ver la versión original.

El monstruo no se sumergirá

Viernes, 19 de Septiembre de 2014

Ayer, decía Andy Robinson:

Pues todo indica que el espacio consensuado por nuestras democracias vigiladas y sus medios de comunicación está siendo transgredido por una rebelión ciudadana que rebasa sus limites de tolerancia. Esto abarca desde la campaña del sí en Escocia a Podemos en España o Syriza en Grecia, pasando (y salvando las enormes distancias) por la derecha populista en Francia y Escandinavia. Son los discursos de que “todo ha de saltar por los aires” que no se permiten en el mainstream. Pero son los discursos mas atractivos tras la crisis y su vergonzosa resolución. Por eso, los medios del mainstream están perdiendo relevancia ante el auge de los nuevos medios “populistas” en internet.

Robinson comenzaba haciendo recuento de las voces del No y las comparaba con los mínimos medios del Sí y, como es uno de los mejores periodistas que hay, veía lo que hay detrás: toda la artillería sólida de la época industrial se disuelve en la era digital donde la gente quiere recuperar la soberanía que ha perdido (o conseguir la que nunca tuvo).

Si los sistemas políticos no se adaptan a ese desafío, a ese deseo de votar y de transparencia, a la urgencia de combatir la desigualdad, y se enroca en la idea de que solo hay modelo, solo hay una política, solo hay una posibilidad de reformar, es probable que la tensión aumente. El monstruo no se sumergirá, decía Robinson.

PD: Preguntar fue el error, dice El País. Terrible. Además de no entender nada, explica muy bien por qué la historia política del Reino Unido es tan diferente de la de España.