Archivo de abril de 2019

La sonrisa del destino (desmontando la conspiración de 2016)

sábado, 6 de abril de 2019

Hace 23 años, Ronaldo batió a Fernando, portero del Compostela, después de robar el balón a Chiba, regatear a José Ramón y fintar a William. 14 toques en 11 segundos. Esa noche, nadie podía imaginar que ese tipo sobrehumano iba a acabar siendo conocido como El gordo. Sospecho que Miguel Blesa tampoco imaginaba cómo iban a acabar las cosas. El tiempo se traga nuestras vidas, las dirigiere durante años y después deja su excremento. Con esas bostas, se intentan construir los frágiles edificios de la memoria. La historia no está al principio del proceso, sino al final. No podemos controlarla.

Creer en el destino, buscar signos de la predestinación o trazar el vínculo de causa y consecuencia en los procesos es algo natural. Responde a nuestra búsqueda insaciable de patrones que nos permitan ordenar el mundo y hacerlo predecible. Necesitamos eliminar el estrés para sobrevivir. En 2016, se hablaba mucho de procesos históricos. Las aseveraciones tenían un tono que recordaba mucho a los augures romanos que leían en el vuelo de las aves el resultado de la batalla y desconfiar de ellas se acercaba al sacrilegio.

El bipartidismo se ha acabado, se decía. El cambio generacional es imparable. Los nuevos partidos sustituirán a los viejos que quedarán como un residuo para esas personas que no se sepan adaptar. ¿Por qué? Preguntar eso era una garantía de ser situado en el basurero, junto a esas personas que no eran capaces de leer el cambio, palabra mágica. La política pasaba al terreno de la teología y cada mínimo suceso era una hierofanía reverenciada por los que no se querían quedar fuera. Todo estaba dentro de un proceso histórico imparable.

Las cosas no salieron como se esperaba y, años después, existe la tentación de reordenar los hechos para buscar signos de una predestinación inversa, es decir, una conspiración. Es algo que responde a esa búsqueda insaciable de patrones que nos permitan ordenar el mundo. De nuevo en un terreno místico, necesitamos saber por qué no sucedió la parusía, decirnos que no estábamos equivocados, que nuestra fe era verdadera y que sólo la presencia del maligno nos alejó de la Ciudad Celeste. No hay nada más tentador que pensar que el demonio existe porque nos evita pensar. Leer 2016 como el producto de una conspiración expurga todo lo humano que hubo ese año: ambición, miedo, envidia, astucia y, sobre todo, estupidez. Mucha.

Volvamos a esos años. El proceso político era implacable: el PSOE iba a desaparecer. La palabra que se utilizaba esos años no era sorpasso, sino pasokización. No sólo iba a ser superado por el nuevo partido, Podemos, sino que estaba condenado a una rápida decadencia en la que iba a mutar en el partido de la España vieja, agraria y meridional. No sucedió. El sistema electoral español es un retardador de los cambios, ya que la división provincial requiere de una cierta estructura. La carne se pudre enseguida; pero el esqueleto, no. Es fundamental entender la creencia generalizada en ese proceso histórico para entender el miedo del PSOE a ser devorado y la ambición de Podemos para laminarlo. Existe el riesgo de confundir el temor y la avidez con la simple imbecilidad, que también se cultivó. Son territorios contiguos.

Referéndum, línea roja

El PSOE celebra un Comité Federal una semana después de las elecciones. Están acojonados. Siguen siendo la segunda fuerza, pero los resultados han sido malos. Los barones que apadrinaron a Pedro Sánchez no se fían de él porque intuyen que quiere convocar rápidamente un Congreso que lo reelija. En el Comité, se habla de la repetición de elecciones e incluso de su relevo inmediato. También, se establece que la política de alizanzas tiene que pasar por la dirección y que se respetará la integridad territorial. Esta cuestión se explicita porque la palabra de esos días era referéndum: El referéndum independentista, línea roja de Podemos en Cataluña / Iglesias supedita su apoyo al PSOE a que Sánchez acepte un referéndum / La cúpula de Podemos no renunciará al referéndum, etc.

Contexto. El 27 de septiembre de 2015, se habían celebrado elecciones al Parlament. Junts pel Sí no había logrado mayoría absoluta y Artur Mas tenía dificultades para lograr el apoyo de la CUP. La posibilidad de unas nuevas elecciones era real y En Comú-Podem había ganado las generales, triplicando los votos de Catalunya Sí que es Pot en septiembre, que no había contado con el apoyo de los comunes. La opción se planteó esos días: Ada Colau, a la Generalitat con el referéndum pactado como estrella del programa electoral. No sucedió. Mas dejó pasó a Puigdemont, que anunció la independencia en 18 meses en su discurso de investidura. Tampoco sucedió, pero esa es otra historia.

Podemos no sólo insistía en el reféndum, sino en contar con cuatro grupos parlamentarios. En Comú, En Marea y Compromís querían estar diferenciados. Para los primeros, era fundamental en el caso de unas nuevas elecciones autonómicas. En Marea también quería un referéndum en Galicia, que iba a tener elecciones en 2016. No hace falta ser un lince para entender que las propuestas de consultas de autodeterminación ponían muy nerviosos a los dirigentes territoriales socialistas: Los barones del PSOE dan por segura la repetición de las elecciones. Entre los dirigentes territoriales hay temor a que Pedro Sánchez intente la investidura (4/enero). Ese mismo día, Podemos se dirigía a los “sectores sensatos del PSOE”. Volvemos al marco: pasokización. En Grecia, se había producido este trasvase de militancia y cargos intermedios entre los socialistas y Siryza. No sucedió, pero hizo aumentar el miedo del PSOE y, con él, la desconfianza. El 11 de enero, se publica una entrevista a Patxi López.
P. ¿Cuál es la aspiración de Pablo Iglesias?
R. Sustituir al PSOE.
P. ¿Antes que gobernar?
R. Sí, lo hemos visto claro en las elecciones.

Pacto del búnker

El miedo del PSOE y las condiciones de Podemos dificultan mucho la negociación sobre la Mesa del Congreso y los socialistas se centran en pactar con Ciudadanos e incluso, con el PP. Dentro de la creencia en el proceso histórico, el escenario parece muy favorable. Esos días, se lanza la idea de búnker, una metáfora potente. Los dirigentes de Podemos lanzan una y otra vez el mensaje: las fuerzas del búnker están negociando una gran coalición para continuar con el reparto de los sillones, sostener el Régimen del 78 e impedir el cambio. La frase ha envejecido mal, pero era lo último esos días, el hype.

Ya vemos que no había un buen ambiente entre PSOE y Podemos. Sin embargo, la teoría de la conspiración sostiene que la negociación para la Mesa del Congreso no se produjo por la publicación de un bulo el 12 de enero, la víspera de la constitución de las Cortes. El problema de esta versión es que el día anterior, 11 de enero, PSOE y Ciudadanos ya habían llegado a un pacto para elegir a Patxi López, que también contaba con el apoyo de Convergència. Eran otros tiempos.

El acuerdo provoca dos movimientos que se repetirán. El primero, el mar de fondo en el entorno socialista. Sánchez es una persona provisional, un aparcero que debe cuidar la secretaría general hasta que los dueños se decidan a instalarse. El segundo es una crisis interna en Podemos. Las confluencias se cabrean por tener que quedarse dentro del grupo parlamentario. Quedar al margen de la negociación puede ser una buena estrategia electoral, pero hace que los demás decidan por ti.

Arranca la negociación del posible gobierno. Para evitar los problemas internos, Sánchez busca el pacto a tres y habla constantemente de “las fuerzas del cambio”, concepto en el que se incluye. El escenario no es bueno. Ciudadanos insiste en buscar el pacto con el PP y Podemos busca el equilibrio entre el posible pacto y la idea de búnker para la repetición electoral. El escenario interno es peor. Cada vez que Sánchez avanza, se le recuerda que no tiene el control. Leemos: Líderes regionales del PSOE exigen a Sánchez “transparencia” en los pactos. Los barones quieren decidir sobre un acuerdo con Podemos, que deja el referéndum en segundo plano. Ese segundo plano es interesante porque revela el incio de la división interna. La consulta no aparece en un documento de la secretaría política, dirigida por Errejón.

Sánchez no debe

Según la teoría de la conspiración, el 20 de enero es un día importante porque se pone en circulación otro bulo. El momento clave tardará dos días en llegar. 22 de enero, viernes. El rey termina la ronda de consultas. Ese fin de semana, hay previstos contactos entre el PSOE y Podemos y Ciudadanos, por separado. El País marca terreno en su editorial: Rajoy no puede, Sánchez no debe. Es el momento de que Rajoy deje paso a otro y Sánchez renuncie a un pacto dañino. Bum.

No es la única hostia que se lleva el socialista ese día. Mientras esta reunido con el rey, Iglesias ofrece una rueda de prensa en la que, además de solicitar para él la vicepresidencia, reclama el control de los departamentos de Economía, Defensa, Interior y Justicia y Asuntos Exteriores “para visibilizar el cambio”. Y vuelve a aparecer el referéndum. “Creo que incluso la posibilidad histórica de que sea presidente es una sonrisa del destino que Pedro Sánchez tendrá que agradecer”, dice. Bum.

No hay una respuesta explícita. La dirección del PSOE se reúne ese fin de semana. La mayoría de dirigentes expresan su cabreo, pero el documento es suave. El principal mensaje es que, de momento, no se negociará nada. Podemos no quiere esperar. Sánchez tiene una conversación telefónica con Iglesias. Le reprocha las formas, dice la información, y señala que quiere dialogar, pero no, negociar. En cambio, “sí tiene mucho interés Sánchez en entablar conversaciones con Albert Rivera, y que se sepa”, se publica. El modelo de la Mesa se repite, incluida la espantada del PP. El lenguaje tambien es el mismo. Ese fin de semana, Pablo Iglesias publica un artículo en El País en el que habla de un “pacto de búnker PP-PSOE-Ciudadanos”.

A finales del mes de enero, hay otro Comité Federal del PSOE en el que los barones vuelven a marcar el terreno a Sánchez. Es interesante que se hable del “temor” de algunos dirigentes a que Sánchez consiga los números, apoyos o abstenciones, para ser presidente. Este buscará saltárselos mediante una propuesta que tiene una contestación complicada: los acuerdos tendrán que ser refrendados por la militancia. Probablemente, los barones confiaban en controlarla. No sucedió.

Cal viva

Comienza la negociación entre el PSOE y Ciudadanos. No hubo otra. No se boicoteó la negociación con Podemos porque no existó como tal. Hubo un largo juego de presiones que podemos resumir así: Sánchez pensaba que Podemos -y los nacionalistas- no le cerrarían el paso en la segunda votación. Podemos estaba convencido de que saldría beneficado de la repetición electoral. Las encuestas le daban una subida y, además, comenzaba a negociar la alianza con IU. El sorpasso, más cerca. De hecho, tras la convocatoria de la sesión de investidura para el tres de marzo, Iglesias vuelve a soltar otra bomba: referéndum en Catalunya y vicepresidencia con el control del CIS, el CNI, el BOE y RTVE. También, un plan social que queda oscurecido por lo anterior y por otras cuestiones, como la propuesta de que los jueces tengan que manifestar su adhesión al gobierno. Ciudadanos, por su parte, intenta que el PP se abstenga. Tampoco lo consigue.

El 24 de febrero, PSOE y Ciudadanos presentan su acuerdo. Los barones muestran su malestar y algunos de ellos tratan de hacer campaña en contra utilizando la reforma de las diputaciones. Cinco días después, los militantes socialistas ratifican el acuerdo. Llegamos a la sesión de investidura, donde se suelta otra bomba: la referencia a los GAL.

La investidura fallida es acogida con un alivio más o menos disimulado por parte de los barones y abre una fuerte crisis en Podemos que se salda con el cese del secretario de organización, Sergio Pascual, el 15 de marzo, exactamente un día después de la llegada al Tibunal de Cuentas de uno de falsos informes policiales. La teoría de la conspiración señala este hecho como importante, olvidando que pasó casi inadvertido por la división interna Iglesias-Errejón. El pacto con IU, del que ya se habla, ahondará en esa fractura. Hay dos titulares que ya anticipan Vistalegre II: Iglesias se hace con el control del aparato territorial de Podemos / Errejón prepara el contraataque por el control de Podemos

Sanchez se ve fuerte. Intenta negociar por separado con las confluencias, sondea a Junqueras e incluso busca la intermediación de Tsipras. También, da la batalla interna por la fecha del Congreso ante los barones. Será el elemento que provocará varios meses después su dimisión en un conflictivo Comité Federal.

Criptoarqueología

Se produce un último intento. El 30 de marzo, Sánchez e Iglesias tiene un breve encuentro, muy fotografiado. A principios de abril, se convoca una reunión a tres, PSOE, Podemos y Ciudadanos. Hay muy pocas esperanzas. El documento que presenta Podemos las dinamita todas. Vuelve a salir el derecho de autodeterminación, algo que Iglesias ya había recuperado días antes, en el Aberri Eguna. En el horizonte, las elecciones vascas y gallegas de septiembre. Abril es un mes muerto. El tres de mayo se disuelven las Cortes.

Releer 2016 como el producto de una mano negra hace que olvidemos todos esos factores humanos (ambición, miedo, envidia, astucia y, sobre todo, estupidez) que volverán a llenar este año. Hubo mierda, pero no taponó las cañerías porque ya había mucha gente interesada en que el agua no circulase. Volver tres años después sobre esos días de 2016 para buscar una conspiración de la que, en ese momento, apenas se hablaba es un ejercicio que se sitúa más cerca de la criptoarqueología, esa deliciosa disciplina que llena horas de televisión con la búsqueda de presencia extraterrestre en cualquier desarrollo urbanístico del pasado. Cuando más lejos, mejor. La proliferación de sistemas de grabación ha relegado a los alienígenas a la historia, ese lugar que podemos reconstruir y reordenar para ofrecernos una explicación que nos diga no estábamos equivocados, que nuestra fe era verdadera y que sólo la presencia del maligno nos alejó de la Ciudad Celeste.