Archivo de octubre de 2008

El University College de Londres explica el caso del artista inspirado ajenamente

sábado, 11 de octubre de 2008

Leemos en El Paí­s un reportaje titulado:

Internet cambia la forma de leer… ¿y de pensar?

donde encontramos una posible respuesta al caso del artista inspirado ajenamente

Usuario de ‘corta y pega’

Un informe pionero del University College de Londres sobre hábitos de búsqueda de información en Internet distingue mitos y realidades sobre el uso que hacen los jóvenes. Una de las ideas que subyace en todas las conclusiones es que la destreza digital no equivale a destreza informativa, es decir, a saber cómo buscar información y transformarla en conocimiento.

1. Los usuarios jóvenes no suelen comprender bien sus necesidades informativas y por tanto les resulta difí­cil desarrollar estrategias de búsqueda efectivas.

2. Tienen un mapa mental poco sofisticado de lo que es Internet. No logran entender que se trata de una colección de recursos en red procedentes de diferentes fuentes. Así­, los motores de búsqueda, ya sean Yahoo! o Google, se convierten en la primera marca que asocian con Internet.

3. Son en general más competentes con la tecnologí­a que la generación anterior, aunque los adultos se ponen rápidamente al dí­a. Emplean, sin embargo, menos aplicaciones digitales de lo que se cree.

4. Prefieren sistemas interactivos y le dan la espalda al consumo pasivo de información. Prefieren la visual sobre la textual.

5. Son la generación del corta y pega. Abundan los casos de plagios de diversas fuentes en los trabajos encargados.

6. Prefieren, como los adultos, la información despiezada, en vez de textos completos.

7. No son expertos buscadores.

Quizá el artista inspirado ajenamente anticipe. Veremos. O no.

ia, ia, autarquí­a

viernes, 10 de octubre de 2008

En cuestiones de economí­a, yo siempre hago caso a mio padre y no porque lleve 30 años currando en banca, sino porque, con 15 años, ayudaba a mi abuelo en la compra-venta de patatas. Recuerdo que este verano, le pregunté por los resultados trimestrales que habí­an publicado varios bancos. Me indicó que me fijara en que los pocos que habí­an reconocido pérdidas graves estaban subiendo el bolsa “porque el mercado entiende que han reconocido casi, siempre casi, todo el pufo que tienen”. Le pregunté por las inyecciones de capital y el rumor de posibles intervenciones públicas. í‰so último es justo lo contrario, es tapar el pufo para salvar el paso hasta no se sabe cuándo y comenzó a plantear una serie de preguntas: ¿y cuánto se va a pagar por los activos, ¿se va a pagar igual por los buenos que por los malos? Serí­a un desastre; crearí­a una desconfianza tremenda.

Recordé este diálogo al escuchar a un conocido hace dos semana decir “esto es igual que la caí­da del muro” y lo he recordado hoy al ver a Marx en la portada de Público y leer a Escolar hablar de los Estados Bolivarianos de América porque la intervención con dinero público para comprar bienes sin importar su calidad fue una de las razones, más importante que la cacareada carrera armamentí­stica, que llevó al colapso a la Unión Soviética. La carrera de los estados por defender el statu quo de su sistema financiero, el que su sistema financieron siga siendo nacional y no sea colonizado, que es lo que está en juego, es tapar el pufo para salvar el paso hasta no se sabe cuándo. Por eso sigue habiendo desconfianza. Y seguirá hasta que vayan cayendo.

PD: El paréntesis que propone el empresario Dí­az Ferrán tiene nombre de su juventud. El INI, Instituto Nacional de Industria, a quien se colocaban todas las empresas en quiebra para que asumiera las pérdidas, devolviéndolas después a sus propietarios. ¿Risas? El INI se creo a la imagen del IRI italiano, un ente público para salvar de la quiebra a los bancos, Comerciale, Unicredito y Banco di Roma. ¿Veremos a los liberales manifestarse al grito de ia, ia, autarquia? Al tiempo.

Retrato del artista (y del periodista) adolescente

jueves, 9 de octubre de 2008

Manolo, uno de los amigos de la pandilla de Benavente, tení­a una receta infalible en el caso de ser descubierto en infidelidad, negarlo todo, mintiendo, tergiversando y desvelando conspiraciones, hasta que sea imposible más; entonces, soltar: estaba muy borracho y no me acuerdo. Durante años, he visto seguir la norma de Manolo a faranduleros astifinos pero, sobre todo, a polí­ticos descubiertos en casos de corrupción. En este último caso, el estaba muy borracho no funciona y suele sustituirse por de éso se ocupaba fulana o mengano; yo no sé nada. Es interesante que, en la cultura que más abierto tiene el perdón, donde las hemerotecas cuentan menos que el horóscopo, tan caro es el reconocimiento de la cagada.

He recordado a Manolo esta semana. Hace unos meses, el cinco de septiembre, el blog de música de El Mundo de Quico Alsedo desvelaba una serie de inspiraciones ajenas en una canción de Bunbury (y que hoy se amplí­an y se centran a un libro concreto). El bloguero se limitaba a decir “está feo” y daba la solución más sencilla: “con lo fácil que era decir: oye, que trinco esto de aquí­ y esto de allá”. Como buen español, maño a fuer que español, el artista decidió que el camino correcto era “sostenella y no enmendalla” y el nueve de septiembre, emití­a un comunicado poco conciliador. ¿Hay algo con más ego que un artista? Claro, un periodista que se cree con más talento que el artista y que éste le ocupa su puesto como estrella. Buena parte de las entrevistas que esta semana ha concedido Bunbury han sido vueltas y vueltas sobre las inspiraciones ajenas. Por ejemplo, esta cosa (que no es una entrevista porque una entrevista es algo para que conocer a un tipo y no para discutir con él) publicada en El Paí­s.

La entrevista comienza con un ‘a ver si te pillo’

Pregunta. ¿Sabí­a que hay un disco del rockero estadounidense Rob Zombie que se titula casi igual que el suyo: Hellbily Deluxe?

Respuesta. Sí­, claro, soy muy fan de Rob Zombie. De hecho el nombre de mi casa [en el Puerto de Santa Marí­a, Cádiz, que también da tí­tulo al álbum] lo puse por el disco de Rob Zombie.

Y, tras la única pregunta sobre el disco, vuelve a ver si lo pilla

P. Hay un tema muy Tom Waits, Todos lo haremos mejor en el futuro. ¿Asistió a sus conciertos españoles del pasado verano?

R. Sí­. Fue fantástico, una muestra de un talento natural inconmensurable. Y en cuanto a la canción, no pretendí­a hacerla a lo Tom Waits, pero salió así­.

A partir de ahí­, todo es un raca-raca.

P. Para evitar malentendidos, ¿no hubiese sido más correcto adjudicar la frase a Casariego?

R. No tengo nada más que decir sobre ese tema. Se ha sacado totalmente de quicio y la gente está hablando con poco conocimiento de causa. Todo lo que tení­a que decir está en el comunicado.

P. En el comunicado no hace referencia a la respuesta de la familia Casariego, que habla de apropiación “indecente”.

R. No tengo más que decir. No quiero hacer artí­culos basados en esto.

P. Insisto. ¿No hubiese sido mejor citar a la fuente?

R. El disco ya estaba hecho, y no tengo nada más que decir.

P. ¿Me puede señalar qué titular de la sección de economí­a utilizó?

R. Tendrí­a que leer las letras [coge el libreto del disco]. La verdad es que no me voy a acordar, ¿eh? No la encuentro. Pero hay frases fantásticas en la publicidad, en la sección de economí­a, en la de sucesos… En el periódico siempre encuentro titulares asombrosos. Cuando grabo los discos hago collages con los periódicos.

P. ¿Los pone en la pared?

R. Sí­. Lo hice con mi anterior disco, El viaje a ninguna parte, y ahora con éste, que me quedó tan espectacular que lo tengo guardado.

P. ¿Cómo es el proceso de utilizar frases de otros: lleva una libreta, está leyendo poesí­a y apunta?

R. Bueno, vamos a ver. Yo no utilizo frases de otros, yo hago canciones. Llevo 20 años haciendo canciones. Y hay frases que las utilizo de esto, y otras de otra cosa. Pero la mayor parte de las canciones no son frases de nadie. Y ya vale del tema, ¿vale?

P. Sólo quiero que complete la información del comunicado.

R. Vale del tema porque me voy a levantar y me voy a ir.

P. Le estoy dando la oportunidad…

R. No quiero oportunidades: quiero hablar de mi puto disco, de mi puta gira, de mi puta carrera. No quiero hablar de ese tema.

La última P es tremenda. ¿Quién es el periodista para decir que le está dando una oportunidad?, ¿cree que presenta una sobremesa de testimonios y que habla con un tipo que quiere reconciliarse con su hermano? El texto se completa con otras tres preguntas de tocar las narices. Si el periodista querí­a tocar las narices sin perder el respeto al lector, al que no le interesa quién tiene más referencias o es capaz de aguantar más una discusión tomatera, creo que deberí­a habérsela jugado. Comenzando por el “vale del tema porque me voy a levantar y me voy a ir”, podrí­a haber respondido, “pues vete” y haber hecho un reportaje sobre las entrevistas promocionales o, si tení­a más tiempo y ganas, haber respondido a las preguntas que tení­a preparadas con un “frases fantásticas en la publicidad, en la sección de economí­a, en la de sucesos”.

Ay, “con lo fácil que era decir: oye, que trinco esto de aquí­ y esto de allá”. Hoy, Elsa Fernández Santos amplí­a las inspiraciones ajenas en un texto donde hay una frase demoledora de Ruper Ordorika: “no puedo decir mucho más, aunque la impresión es que le han pillado simplemente porque hace un trabajo muy superficial”. Ay, “con lo fácil que era decir: oye, que trinco esto de aquí­ y esto de allá”, con lo fácil que hubiera sido tomárselo con humor.

PD1: Como Pedro que, haciendo reverencias al artista inspirado ajenamente, nos remite a este ví­deo sobre plagios. Cuidado, son Les Lutiers; se van a mear.

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=bYLWTxNgY6o[/youtube]

PD2:

 bunbury

Si es que se pasan, Max Weber, se pasan

miércoles, 8 de octubre de 2008

Leemos en cadenaser.com:

Ejecutivos de AIG se gastaron miles de dólares en un lujoso hotel tras el rescate

“Se han hecho la manicura, recibido tratamientos faciales, pedicuras y masajes mientras los estadounidenses estaban corriendo con los gastos”, afirmo el demócrata Elijah Cummings

Claro, Elijah, ¿ha habido alguna consecuencia por su mala gestión? No viste supernanny, Elijah. El castigo ha de ser proporcionado, entendible e… inmediato.

 

Max Weber, dí­ algo, coño

lunes, 6 de octubre de 2008

Espero que el Plan de Rescate tenga una partida para indemnizar a todos los que leyeron y defendieron la í‰tica protestante y el espí­ritu del capitalismo de Max Weber que se han quedado con el culo al aire. Weber explicaba que, para el catolicismo, el trabajo era una maldición divina, por lo que el seguidor de esta religión elegirá el dinero fácil y abandonará las labores cuando haya llegado a un punto de necesidades satisfechas. Para el protestantismo, o más bien calvinismo, el trabajo era una actividad con sentido por sí­ misma que serví­a para glorificar a dios y, además, todos los bienes materiales que producí­a eran señal de la predestinación del sujeto. El trabajo cientí­fico no era para descubrir los secretos del universo, sino para crear máquinas con alguna aplicación práctica. El producto del trabajo no se invertí­a en riquezas ostentosas, como hací­an los católicos, sino en reinversiones, en lo que Weber llamaba el cí­rculo virtuoso, que es el que convierte a un pequeño negocio en una gran empresa. La creencia en la predestinación, hace que los personajes católicos como Don Juan puedan ser perdonados antes de morir de todos sus pecados, mientras que los personajes de teatro protestante, como el jefe de Los bandidos, siempre son castigados, algo que seguimos, o seguí­amos, viendo en el audiovisual.

Una de las bases de la ética protestante del trabajo y la austeridad fue una burbuja vivida en carne propia, la de los bulbos en los Paí­ses Bajos. Comenzó en 1634, 13 años después del reconocimiento de su independencia por Felipe III, y terminó en febrero de 1637, del tres al nueve, con un colapso económico, muy limitado porque la globalización estaba por llegar, pero que podí­a haber puesto en peligro la recién conseguida independencia ya que, no olvidemos, los ejércitos eran de pago. También se puede decir que comenzó en 1634, con el inicio de la demanda francesa que subió el precio del bulbo, y terminó en 1637, pocos meses después de la instalación de un protomercado de futuros que amplió la puerta de entrada del mercado de tulipanes a inversores sin capacidad de responder a su inversión. En su libro sobre la locura de las masas de 1841, Charles Mackay señaló una obviedad, como algunos se habí­an hecho ricos, otros acudieron pensando que la pasión por los tulipanes iba a durar siempre.

La cosa, como la de ahora, también acabó con intervención y nueva legislación pero, lo que es más importante, con una profunda huella cultural basada en la austeridad y el recogimiento pero, sobre todo, en la creencia en el que ’el que la hace, la paga’ y en el ateí­smo del perdón, dos consignas que han quedado en evidencia por el plan de rescate. La refundación que pide Sarkozy o la lección que Pelosi quiere que los financieros saquen sólo se consigue recuperando esas dos consignas, claves para no jugar con fuego, que hací­a que los financieros saltarán por la ventana o acabaran en la cárcel. La moral pública y esas dos consignas claves han dejado paso al sentimiento de grupo donde todo lo malo no és que se perdone, sino que no se olvida. Es posible que ahí­ esté la clave de la aceptación del plan, en el cambio en la moralidad pública de EEUU, el cambio que va desde el protestantismo inicial del que hablaba Weber al evangelismo personalizado de las sectas de renacidos, como la que pertenece Bush jr., el perí­odo donde todo esto se ha producido. O no. O es sólo una paja mental. Ya nos lo explicarán los sociólogos.  

PD: Servidor comenzó a escribir esto el viernes y el domingo se encontró con que LV también habí­a pensado en lo mismo. Seguro que lo suyo es más interesante y, sobre todo, más sólido.

Profecí­as

jueves, 2 de octubre de 2008

En 1185, el  persa Anvari profetizó el fin del mundo. Como podemos ver, falló. Lo que llegó fue su propio fin ya que, después de ser flagelado, acabó sus dí­as en prisión.  No es por hacer sangre (o sí­) pero hace sólo tres meses, Lehman Brothers decí­a que la economí­a española estaba muy mal y que “lo peor estaba por venir”. Lehman quebró la semana pasada. Como Anvari, Lehman pensaba que miraba por una ventana cuando estaba frente a un espejo. Y no fue el único. Todos los bancos de inversión que están a punto de irse a pique si no los rescata el dinero público indicaron que la cosa estaba muy mala en todos los sitios, menos en su casa. A nadie se le ha ocurrido que esos ejecutivos sean flagelados y acaben sus dí­as en prisión (o sí­) pero no estarí­a mal algo más de responsabilidad a la hora de hacer predicciones y recogerlas. Lo de Lehman sobre España no estaba junto al horóscopo o a la previsión meteorológica, sino junto al resto de las noticias. Es decir, se colocaba la suposición junto a los datos, como si ambas cosas fueran reales. 

Desde que hace un año comenzó el dominó de la crisis, no paramos de ver análisis y predicciones que buscan explicar lo sucedido pero sólo crean más incertidumbre porque quedan desfasadas enseguida. El FMI o la Comisión Europea cambian sus apuestas sobre los datos de crecimiento de un mes a otro con más facilidad que Charles Russell, que indicó que el mundo se acabarí­a en 1874. Como no pasó nada, señaló 1914 y, al volver a fallar, apuntó a 2914, donde ninguno de nosotros, salvo Madonna, estaremos ya. La economí­a se basa en la confianza y muchas de estas predicciones fallidas son interferencias que perjudican el flujo normal de las cosas. Esperemos que no nos pase como los que hicieron caso del astrólogo Johannes Stoeffer que profetizó un diluvio universal para el 20 de febrero de 1524. Muchos construyeron barcas, se echaron a la mar y se ahogaron. ¿Y él? Pues no, claro. ¿Creen que leí­a sus informes? (Publicada el 25 de septiembre de 2008)

Polí­tica Koala

jueves, 2 de octubre de 2008

Hace un par de dí­as, veí­amos esta foto en ABC.

henriquez

El caballero de las gafas, que parece a punto de entonar un pasodoble, es Francisco Granados, consejero de Justicia e Interior de la Comunidad de Madrid, un cargo al que siempre he pensado que le sobra la conjunción; prueben: consejero de Justicia Interior, Walker Texas Ranger. El señor con, dirí­a mi mujer, cara de pitolón, es íñigo Henrí­quez de Luna, y es concejal del ayuntamiento de Madrid. El señor de la carpeta acude al juzgado a prestar declaración como imputado en una causa y el consejero que se encarga de los jueces acude con él. ¿Por qué?

  • Para que no esté solo e indicarle dónde está el baño
  • Para presionar al juez
  • Porque ambos consideran que, de todas las instituciones que hay en la foto, Comunidad, Ayuntamiento y Administración de justicia, la más importante es el partido en el que ambos militan

Es la polí­tica Koala.

Frontera totalmente hermética

jueves, 2 de octubre de 2008

Leemos en El Mundo:

El hijo menor de Sarkozy emprende una cruzada contra los medios

(…)

Por eso, Jean Sarkozy sentencia: “Existe, por lo tanto, una frontera que quiero conservar totalmente hermética entre mi vida pública y mi vida privada”.

Nada nos harí­a más felices

jeam