¿En qué quedamos, Tomás Moro?

Leemos en la página del Centro Jurí­dico Tomás Moro:

El Juzgado de lo Contencioso Administrativo nº 2 de Valladolid, parte de una concepción excesivamente reducida del valor cultural que el crucifijo tiene en la Europa actual. Efectivamente, los crucifijos situados fuera de los lugares de culto, en la sociedad europea tienen un significado civil, histórico y cultural, más allá de su simple valor religioso; de esta forma, el crucifijo queda configurado como algo más que un sí­mbolo religioso.

Y en ABC:

Para el profesor Carlos Corral, catedrático emérito de Derecho Internacional Público de la Complutense, los sí­mbolos religiosos en el espacio público no son un atentado contra la laicidad del Estado. «En España se justifica la presencia del crucifijo porque forma parte de nuestra historia y no puede ofender a nadie y más hoy en dí­a que ha pasado a ser también un sí­mbolo cultural».

Es decir, que los sí­mbolos religiosos en el espacio público “tienen un significado civil, histórico y cultural, más allá de su simple valor religioso”. y  ”En España se justifica la presencia del crucifijo porque forma parte de nuestra historia y no puede ofender a nadie y más hoy en dí­a que ha pasado a ser también un sí­mbolo cultural”. Entonces, ¿por qué los mismos protestan cuando a ese objeto cultural se le trata como objeto cultural?

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Leí­mos:

El diputado navarro Jaime Ignacio del Burgo ha denunciado ante el fiscal general del Estado la difusión por parte de Lo + Plus, emitido por Canal Plus, de una imágenes que constituyen «una ofensa a los sentimientos religiosos de las confesiones religiosas cristianas que comparten la mayor parte de los ciudadanos españoles».

Las imágenes objeto de la denuncia fueron emitidas en el magazine que presentan Ana Garcí­a-Siñeriz y Manu Carreño, y que se emite en abierto, el pasado 15 de diciembre durante una entrevista al cantante Javier Krahe. Mientras los presentadores charlaban con el cantante se emitió un cortometraje realizado por el propio Krahe y Enrique Seseña en 1978 en el que se «enseña a cocinar un Cristo para dos personas».

(…) Para el diputado de Unión del Pueblo Navarro (UPN) son, no obstante, «una agresión gratuita y desproporcionada contra Cristo, la figura principal de la religión católica».

Según la denuncia de Jaime del Burgo, esta emisión «atenta contra el artí­culo 525.1 del vigente Código Penal que tipifica como delito las ofensas a los sentimientos de los miembros de una confesión religiosa, realizadas públicamente, de palabra, por escrito o mediante cualquier tipo de documento, escarnio de sus dogmas, creencias, ritos o ceremonias, o vejen, también públicamente, a quienes los profesan o practican».

(…) Además, el Centro Jurí­dico Tomás Moro prepara una querella criminal contra Canal Plus «por escarnio a las creencias religiosas».

¿En qué quedamos, Tomás Moro? El cristo es la “figura principal de la religión católica” o tiene “un significado civil, histórico y cultural, más allá de su simple valor religioso” y “se justifica la presencia del crucifijo porque forma parte de nuestra historia y no puede ofender a nadie y más hoy en dí­a que ha pasado a ser también un sí­mbolo cultural”. Pasa algo o no pasa nada. Es o no es. Dios mí­o, dios mí­o, ¿por qué los has abandonado?

PD: Leí­mos otro ejemplo de mejor estarí­a callado.

El diputado popular Juan Manuel Albendoa, quien cuestionó si la decisión de la cadena pública de no emitir una corrida taurina en los últimos dos años se trataba de una “consigna polí­tica” relacionada con la ausencia del presidente del Gobierno a estos eventos. Asimismo, ante la justificación ofrecida por Fernández en su anterior comparecencia sobre la coincidencia con los horarios infantiles, Albendoa recordó que TVE cuenta con dos cadenas para ofrecer ambos contenidos y, a su entender, deberí­an ser “los padres” los encargados de decidir qué programa ven los hijos.

Es decir, que se puede poner cualquier cosa en la tele porque los padres son los encargados de decicir qué programa ven sus hijos. Si yo fuera Luis Fernández, prsidente de RTVE, me apuntarí­a esta frase y se la repetirí­a al interfecto cuando los actores del cristo, a través de ese diputado, me pregunten por un contenido que ellos consideren no adecuado para infantes.

 

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