El Gobierno y la lengua española
CUALQUIERA que lea las informaciones procedentes del Gobierno, leerá mucho de muchas cosas, pero menos de los problemas que a la lengua española crean ciertas Autonomías [joder, aquí sí procede coma. El sintagma ‘a la lengua española’ debería ir entre comas porque se ha variado el orden la oración que sería: los problemas que ciertan Autonomías crean a la lengua española]. Pero, inevitablemente, el nombre de España, que se prefería sustituir por eufemismos, se va filtrando en el público. «España» y no otra cosa gritan los futboleros, los del tenis y los demás [Estás dos últimas frases son incomprensibles; las comas no son estaciones de servicio. La segunda, en la que se usa los cánticos deportivos como base moral de un argumento, bochornosa. Los futboleros gritan de todo]. Y un Manifiesto que ha tenido merecido eco (le auguro más) habla sin complejos de «la lengua común de España». Esto empecé a decirlo yo hace tiempo, en vez de «lengua oficial»: es oficial porque es común [falso. Es común porque es oficial, como en el resto del mundo. Las lenguas, como las religiones o las etinias, tienen un mapa configurado por hechos violentos y sus consecuencias: guerras, tratados, asimilaciones, enigraciones, deportaciones y genocidios. No pasa nada. España no es diferente del resto; es más, ha tenido un nivel bélico ridículo si se compara con el resto de Europa. Uno de los pensamientos más absurdos es que las cosas son inmutables y la absurdidez roza la idiotez cuando alguien, sea quien sea, se pone a buscar en la historia las raíces de la inmutabilidad].
Toda gran nación tiene una lengua común, del origen que sea [hoy se informa en la prensa que, en pocos años, el español estará a la par de hablantes con el inglés en EEUU. ¿Pedirá FRA que la Administración correspondiente tome medidas para defender el inglés porque toda gran nación tiene una lengua común?]. He escrito un libro sobre esto [ahí está el problema. Ha escrito un libro y nadie se lo ha leído]. La nuestra es el español. Pero al Manifiesto los medios oficiales y políticos le han prestado el silencio [joder, si durante unas semanas no se hablaba de otra cosa]. El público, mucha atención [¿qué público ha prestado mucha antención?, ¿el mismo que va a ver las películas de Gutérrez Aragón?, ¿se presentará FRA a las elecciones?, ¿por UPD, por Ciudadanos?].
Los hechos son innegables. Cada día aparece en los medios más información [¿dónde? Lo digo porque trabajo en un gabinete de prensa] sobre los que se resisten a que sus hijos estudien en vasco y los envían a Francia [¿a aprender español?], sobre las nuevas leyes catalanas, sobre las multas por anunciar en español [¿cuántas ha recibido el local llamado Corte Inglés situado en la Plaza de Catalunya de Barcelona?], sobre el tener que chamullar [vaya, comenzamos a faltar] el catalán o el gallego para opositar aunque sea a lo más ínfimo. Y se publican cada día estadísticas sobre el rebaje del nivel de la enseñanza, sobre que más del 50 por ciento querrían que se centralizara [Pues que voten a un partido que lo proponga. Con más del 50% de los votos, no habrá ningún problema]. Sobre el increíble retraso del Tribunal Constitucional. Etc., etc [¿Etc?].
Esto ya lo sabíamos o imaginábamos, pero era como el rey que no tenía camisa, ahora se le hacen fotografías de todos modos [está frase tiene aluminosis]. Salen en ellas aspectos no solo míticos [todo grupo tiene mitos], también económicos y políticos del asunto. Doscientos millones para el eusquera, hablado por el 11 por ciento de la población. Concursos a plazas de médicos quedan desiertos, por ejemplo, en Cataluña: los profesionales de fuera no quieren ir [el problema de las plazas de médicos lo tienen en todas las comunidades y, precisamente, La Vanguardia ofrecía la semana pasada un reportaje sobre la contratación de médicos extranjeros]. La discriminación del español ha creado un problema para todos.
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Y hay las guerras entre las lenguas minoritarias. Por ejemplo, para los catalanistas [no, para los lingüistas] el valenciano es catalán. Sí, claro, en el origen, pero no hoy socialmente, lean nuestro Diccionario [lo leemos. Valenciano: variedad del catalán, que se usa en gran parte del antiguo reino de Valencia y se siente allí comúnmente como lengua propia. ¡Qué proceloso es el terreno del sentir común!]. Recuerdo que una vez fui a Palma al Congreso de la Sociedad Española de Lingüistas y llegué tarde por eso de los aviones: los catalanistas ya habían dado de comer [si es que los catalanes son unos embaucadores, como los judíos] a algunos colegas y les habían arrancado aquello [¿qué es aquéllo?, ¿lo del valenciano?, ¿los pronombres no llevan tilde?]. Yo lo anulé [¿el qué?] y puse un papelito [¿de fumar?, ¿alguien sabe, por merced, de qué está hablando?], que los que lo quisieran lo firmaran. Íbamos a un Congreso, no a hacerles propaganda.
Poco después -y olvido otras anécdotas-, yo daba una conferencia en Mahón, en español y de mis temas. ¡Tuve más público que Carod-Rovira, que hablaba al tiempo en catalán y de los suyos! [Pues muy bien y seguro que Amaral hubiera tenido aún más público] Peor aún, en un informe a la Academia de la Historia critiqué eso de quitarle a Mahón su -h- etimológica, pío pío de los catalanistas y sus seguidores socialistas. No volvieron a llamarme a las islas. [ahí está el problema. España ha pasado de ser un país con dos o tres polos políticos-sociales-económicos-culturales-académicos a tener, como mínimo, 17. Antes, un catedrático madrileño o barcelonés se iba de provincias pero el teléfono ya no suena porque todas las autonomías tienen sus catedráticos. Son infames, dice el hoy olvidado, es un escándalo].
Paro aquí, callo. Pero no termino. El pasado 12 de julio -y de ello habló ABC- hice una propuesta a la Academia Española: que se dirigiera al Gobierno pidiéndole que insistiera ante las Autonomías [¿las academias tienen que hacer tal cosa?, ¿no existe ya el legislativo?, ¿no hay sufragio universal?] en que «cualquier ciudadano español y en cualquier lugar de España y en cualquier circunstancia estuviera autorizado a usar la lengua común española y a ser contestado en la misma» [¿en cualquier circunstancia? Si tal cosa no se produce en la administración, se puede acudir a los tribunales pero, ¿qué quiere decir en cualquier circunstancia?, ¿quiere decir que habría que haber deportado a Beckham por no responder en español a un ciudadano que le preguntó en la lengua común?]. Tras tres jueves de intenso debate, mi propuesta no fue aprobada. Que había que hacer algo, decían algunos, pero quizá la Academia no era el órgano adecuado y aquello era peligroso, que la Academia había sido atacada hace no sé si 15 años [15 años es 1993. Él es académico desde 1990] por un escrito semejante.
Tampoco fue rechazada mi propuesta: sólo aplazada, quedó para octubre, ya oirán hablar de ello [espero que no. La convivencia lo agradecerá pero las ventas de El Mundo no lo resistirían]. No retrocedo. Fue lástima que el honor que yo ofrecía a la Academia, ser la primera, quedara entre dudas. Sí, todo es peligroso en la vida si se quiere hacer algo. También es peligroso no hacer nada. Veremos. El ambiente del español mejora a ojos vistas. Llegará el momento en el que el Gobierno o las Cortes o el Constitucional o el Defensor del Pueblo o las Academias o quien sea tendrá que hacer algo en una situación intolerable, única en el mundo [viaje un poco más]. Sería deshonroso lo contrario. Esperemos a octubre [joder, parece Lenin].
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[estoy leyendo la tercera parte de Verdes valles, colinas rojas de Ramiro Pinilla. En todo el libro, una novela catedral, se ridiculiza la adaptación que realizaba el protonacionalismo de todas las creencias para leer la historia como justificación del presente. Pinilla recuerda que un cura del siglo XIX en el que aseguraba que el paraíso terrenal estuvo en Bizkaia y que la lengua de Adán y Eva fue el euskera. En su libro, varios personajes sostienen que los fundadores de los 48 caseríos originales de Getxo descienden directamente de 48 ‘bichitos’ que dieron el salto del mar a la tierra en la playa de arrigunaga. Es un poco más ridículo que lo que sigue pero sólo un poco más. Y no por el mito de Hércules, sino por considerar España como algo casi previo a la vida humana]
España, la España de romanos y godos y cristianos y de la nación moderna se ve mejor cuando salimos fuera. Desde América, incomprensible sin España, como ésta lo es sin ella. Ahora mismo acabo de ver en ella nuestro lujoso románico, llevado desde Segovia y otros sitios, en The Cloisters. Y España se ve en Países Bajos. Y en Italia, Grecia, donde están nuestras raíces. Y en cualquier sitio a donde van nuestros futboleros, nuestros mejores embajadores hoy [es extraño que un sabio como FRA considere que nuestros mejores embajadores son unos tipos que, en su mayoría, tiene dificultades para expresarse].
Vengo de la isla de Samos, en el Egeo: los samios fueron, con Coleo, en el 638 a. C. si no recuerdo mal, los descubridores de España. Vinieron luego griegos, romanos, los demás: por todo Oriente están Trajano, Adriano [considerar españoles a Trajano y Adriano es bonito pero insostenible. Asterix tampoco era francés ni Julio César, italiano. No se pueden aplilcar conceptos de hoy a realidades de ayer]y tantos otros. Pues bien, un samio que se había movido por Tartesos dedicó a Hera, la diosa guerrera (tampoco estas son invento nuevo) un peto de caballo en bronce con Gerión, el monstruo de las tres cabezas, vencido por Hércules, se puede ver en el Museo. Por Hércules, el que levantó las Columnas y sostuvo el cielo, el que se llevó, golosamente, no sólo las vacas de Gerión, también las manzanas de oro del jardín de las Hespérides.
O sea: griegos y romanos, hicieron de nosotros una nación. Esa nación existe [trasladar un término del siglo XVIII a la edad antigua, la media o la moderna sin condensador de fluzo es peligroso. Consulten la historia del término nación. Como curiosidad: en Roma, el concepto natio se asemejaba a tribu en contraposición a la civis, ciudad].
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Los que tengan curiosidad por leerlo todo, que suban y pinchen en artículo pero advierto que se trata de un ejercicio de erudición mezclado con cuitas personales. Los godos y, posteriormente, diversos reyes cristianos se proclamaban reyes o emperadores de Hispania porque tal cosa les daba derechos dinásticos y de vasallaje (cobro de tributos) sobre el resto de territorios de la península, no porque creyeran en España como nación indivisible o unidad de destino. El termino mismo de Reconquista es tramposo y sostener que hubo una guerra entre cristianos españoles y musulmanes extranjeros no se sostiene. El libro de Cebrián es recomendable para ver algunos de los matices de esa época y, como todo lo suyo, está tan bien escrito que se lee en una tarde.
La cuestión es la ausencia de fronteras. La mezcla entre lo mítico, lo histórico y lo político, entre la erudición y la acción, entre el papel de un actor académico, un actor intelectual y un actor político. Al final, todo se enfanga.